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Padres ante-Nicenos, Vol. V: Padres del siglo III: Hipólito, Cipriano, Caio, Novaciano, Apéndice. texto completo
Parte 31
3. Vosotros, pues, hermanos, veis que también vosotros debéis hacer lo mismo, para que aun los que han caído puedan enmendar sus mentes por medio de vuestra exhortación; y si ellos son arrebatados una vez más, puedan confesar, y así puedan enmendar sus pecados anteriores. Y hay otros asuntos que están sobre vosotros, que también nosotros hemos añadido aquí, como si cualquiera que haya caído en esta tentación comenzara a ser tomado con enfermedad, y arrepentirse de lo que han hecho, y desear comunión, de alguna manera se les debe conceder. O si tenéis viudas o gente acostada9 que no pueden mantenerse a sí mismos, o que están en las cárceles o están excluidos de sus propias viviendas, en todos los casos deben tener algunos para ministrar a ellos. Además, catecúmenos cuando se aprehende de enfermedad no debe ser engañado,10 Pero la ayuda es que se les debe proporcionar. Y, como cuestión de la mayor importancia, si los cuerpos de los mártires y otros no se han enterrado, un riesgo considerable se lleva a cabo por aquellos cuyo deber es hacer este oficio. Por cualquiera de ustedes, entonces, y en cualquier ocasión que este deber se haya realizado, estamos seguros de que él es considerado como un buen siervo, -como uno que ha sido fiel en lo más mínimo, y será nombrado gobernante sobre diez ciudades. Sin embargo, Dios, que da todas las cosas a los que esperan en él, nos concede que todos podamos ser encontrados en estas obras. Los hermanos que están en los lazos te saludan, como lo hacen los ancianos, y toda la Iglesia, que también con la ansiedad más profunda guarda la vigilancia sobre todos los que invocan el nombre del Señor. Y también os rogamos que en vuestro turno nos tengan en memoria. Sabed, además, que Bassianus ha venido a nosotros; y pedimos a vosotros que tengáis celo por Dios, que envíe una copia de esta carta a quien, como ocasiones, podéis servir, o hacer un mensaje, que se mantenga firme y firmemente atentos a los hermanos.
Epístola III.
A los presbíteros y diáconos que asistían a Roma. 250.1
Argumento.-Esta es una epístola familiar y amistosa; de modo que no requiere ningún argumento formal, especialmente como puede ser suficientemente reunido del título mismo. La carta del clero romano, a la cual Cipriano está respondiendo, está faltando.
1. Cipriano a los ancianos y diáconos, hermanos que moran en Roma, envía, saludo. Cuando el informe de la partida del hombre excelente, mi colega,2 Y, en mi opinión, todavía no estaba claro entre nosotros, mis amados hermanos, y yo vacilaba en mi opinión sobre el asunto, recibí una carta que me envió Crementius, el subdiácono, en la que fui muy abundantemente informado de su glorioso fin; y me alegré mucho de que, en armonía con la integridad de su administración, también le asistiera una consumación honorable. En la cual, además, le felicito mucho, que honra su memoria con un testimonio tan público y tan ilustre, de modo que por sus medios se me hace conocer, no sólo lo que es glorioso para usted en relación con la memoria de su obispo, sino lo que debe darme también un ejemplo de fe y virtud. Porque en proporción como la caída de un obispo es un acontecimiento que tiende ruinosamente a la caída de sus seguidores, así que por otra parte es una cosa útil y útil cuando un obispo, por la firmeza de su fe, se pone a sus hermanos como objeto de imitación.
2. Además, he leído otra epístola,3 En la cual ni la persona que escribió ni las personas a quienes fue escrito fueron claramente declarados; y en la medida en que en la misma carta tanto la escritura como el asunto, e incluso el propio papel, me dio la idea de que algo había sido quitado, o había sido cambiado del original, yo le he enviado de vuelta la epístola como realmente vino a la mano, para que pueda examinar si es lo mismo que usted dio a Crementius el sub-diácono, llevar. Porque es una cosa muy grave si la verdad de una carta clerical es corrompida por cualquier falsedad o engaño. Entonces, para que sepamos esto, comprobar si la escritura y la suscripción son suyos, y escribirme de nuevo lo que es la verdad de la materia. Os deseo, queridos hermanos, siempre despide de corazón.
Epístola IV.
Por los Presbíteros y los Diáconos.1
Argumento.-Cyprian exhorta a su clero de su lugar de retiro, que en su ausencia deben estar unidos; que nada debe ser queriendo a los prisioneros o al resto de los pobres; y además, que deben mantener a la gente en silencio, no sea que, si se apresuran en multitudes para visitar a los mártires en la cárcel, este privilegio debe al largo ser prohibido ellos a.d. 250.
1. Cipriano a los presbíteros y diáconos, sus amados hermanos, saludo. Estando por la gracia de Dios en seguridad, queridos hermanos, os saludo, regocijándome de que estoy informado de la prosperidad de todas las cosas en cuanto a vuestra seguridad también; y como condición del lugar2 No me permite estar con ustedes ahora, les ruego, por su fe y su religión, que cumplan allí tanto su propio cargo como el mío, para que no haya nada que desee disciplinar o diligencia. En cuanto a los medios, además, para cubrir los gastos, ya sea para aquellos que, habiendo confesado a su Señor con voz gloriosa, han sido puestos en prisión, o para aquellos que están trabajando en la pobreza y la necesidad, y todavía permanecen firmes en el Señor, ruego que nada falta, ya que la totalidad de la pequeña suma que se recaudó allí se distribuyó entre el clero para casos de ese tipo, que muchos podrían tener medios de donde podrían ayudar a las necesidades y burdeles de los individuos.
2. Ruego también que no falte, por vuestra parte, sabiduría y cuidado para preservar la paz. Porque aunque por su afecto los hermanos están ansiosos de acercarse y visitar a esos buenos confesores, en quienes por sus gloriosos comienzos la consideración divina ya ha derramado un resplandor, sin embargo creo que este anhelo debe ser con cautela consentido, y no en multitudes, -no en números reunidos de una vez', no sea que de esta misma cosa se despierte mal-se nieguen los medios de acceso, y así, mientras deseamos insaciablemente para todos, perdemos todos. Tomen consejo, por lo tanto, y vean que esto puede ser manejado con mayor seguridad con moderación, de modo que también los presbíteros, que allí ofrecen3 Con los confesores, que uno por uno se turbe con los diáconos individualmente; porque, cambiando así las personas y variando la gente que se une, la sospecha se reduce. Porque, mansos y humildes en todo, como corresponde a los siervos de Dios, debemos acomodarnos a los tiempos, y para proveer de tranquilidad, y tener cuidado con el pueblo. Os pido, hermanos, amados y queridos-por, siempre despide cordialmente; y me tengo en memoria. Saludad a toda la hermandad. Victor el diácono, y a los que están conmigo, os saluda.
Epístola V.1
Por los Presbíteros y los Diáconos.
Argumento.-El Argumento de esta Carta es casi el mismo que el de la Precedida, excepto que el escritor dirige a los Confesores también ser admonido por el clero de su deber, para prestar atención a la humildad, y obedecer a los Presbíteros y Diáconos. Su propia jubilación por cierto se sirve de una ocasión para esto.
1. Cipriano a los presbíteros y diáconos, a sus hermanos, saludo. Yo había deseado ciertamente, amados hermanos, con esta carta mi saludar a todo mi clero en salud y seguridad. Pero puesto que el tiempo tormentoso que en gran medida ha abrumado a mi pueblo, ha añadido esta mejora a mis penas, que ha tocado con su desolación incluso una parte del clero, ruego al Señor que, por la misericordia divina, pueda saludaros en adelante en todos los acontecimientos tan seguros, que, como he aprendido, están firmes tanto en la fe como en la virtud. Y aunque algunas razones puedan parecerme que me instan a la obligación de mí mismo apresurarse a venir a vosotros, en primer lugar, por ejemplo, debido a mi afán y deseo por vosotros, que es la principal consideración en mis oraciones, y luego, que podríamos ser capaces de consultar juntos sobre los asuntos que requieren la ventaja general, en relación con el gobierno de la Iglesia, por ejemplo, y habiendo examinado cuidadosamente con cuidado abundante, por el cual yo tenía la ventaja de que sedé a nuestro cuidado y por el cual también, por lo que más valemos, por el consejo de la confianza, por el cual él, por el consejo, por
2. Por tanto, confiando en vuestro amor y piedad, que he conocido abundantemente en esta carta, os exhorto y ordeno que los que hay entre vosotros, cuya presencia es menos sospechosa y menos peligrosa, cumplan en mi lugar mi deber, en cuanto a hacer las cosas que se requieren para la administración religiosa. Mientras tanto, que los pobres sean atendidos tanto como sea posible; pero especialmente los que han permanecido con fe inquebrantable y no han abandonado el rebaño de Cristo, que, con vuestra diligencia, se les suministren medios para que puedan soportar su pobreza, de modo que lo que el tiempo angustioso no ha tenido lugar en cuanto a su fe, no se pueda lograr por falta de paciencia en cuanto a sus aflicciones. Además, se dé un cuidado más serio a los gloriosos confesores. Y aunque sé que muchos de ellos han sido mantenidos por el voto,2 Y por el amor de los hermanos, sin embargo, si hay alguno que está en falta ya sea de ropa o de mantenimiento, que se les suministre, con todo lo que sea necesario, como antes te escribí, mientras estaban todavía en prisión, -sólo que sepan de ti y se les instruye, y aprender lo que, según la autoridad de la Escritura, la disciplina de la Iglesia requiere de ellos, que deben ser humildes y modestos y pacíficos, para que mantengan el honor de su nombre, para que los que han alcanzado gloria por lo que han testificado, puedan alcanzar gloria también por sus caracteres, y en todas las cosas que buscan la aprobación del Señor, puedan mostrarse dignos, en consumación de su alabanza, para alcanzar una corona celestial. Porque queda más de lo que se ve todavía que se ha cumplido, ya que está escrito "Alabado no cualquier hombre antes de su muerte, "3 y de nuevo, "Sé fiel hasta la muerte, y te daré una corona de vida."4 Y el Señor también dice, "El que permaneciere hasta el fin, éste será salvo."5 Imitan al Señor, que en el mismo tiempo de su pasión no era más orgulloso, sino más humilde. Porque entonces Él lavó los pies de sus discípulos, diciendo: "Si yo, vuestro Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros; porque os he dado ejemplo, para que hagáis como yo os he hecho."6 Que sigan también el ejemplo del apóstol Pablo, que después de haber repetido con frecuencia la cárcel, después de azotar, después de exponer a las bestias salvajes, en todo continuó manso y humilde; y aun después de su rapto al tercer cielo y al paraíso, no se arrogaba orgullosamente nada cuando dijo: "Ni comíamos pan de nadie de balde, sino que hacíamos trabajo y trabajo noche y día, para que no fuéramos responsables a ninguno de vosotros."7
3. Os ruego que os sugeráis a nuestros hermanos estos diversos asuntos, y como "el que se humilla será exaltado"8 Ahora es el momento en que más bien deben temer al adversario que atrapa, que ataca con más entusiasmo al hombre que es más fuerte, y se vuelve más virulento, por la misma razón que él es conquistado, se esfuerza por vencer a su conquistador. El Señor concede que pronto pueda verlos de nuevo, y por exhortación saludable puede establecer sus mentes para preservar su gloria. Porque me siento triste cuando oigo que algunos de ellos corren por los maliciosos y orgullosos, y se entregan a las locuras o a las discordias; que los miembros de Cristo, e incluso los miembros que han confesado a Cristo, son contaminados por concubinato ilegal, y no pueden ser gobernados ni por diáconos ni por presbíteros, sino causar que, por los caracteres malvados y malvados de unos pocos,9 las glorias de muchos y buenos confesores se empañan;10 a quien deben temer, para que, siendo condenados por su testimonio y juicio, sean excluidos de su comunión. Ese, finalmente, es el ilustre y verdadero confesor, de quien después la Iglesia no se ruboriza, sino que se jacta.
4. En cuanto a lo que nuestros compañeros presbíteros, Donatus y Fortunatus, Novatus y Gordius, me han escrito, no he podido responder por mí mismo, ya que, desde el primer comienzo de mi episcopado, me decidí a no hacer nada por mi propia opinión privada, sin su consejo y sin el consentimiento de la gente.11 Pero tan pronto como, por la gracia de Dios, haya venido a ustedes, entonces discutiremos en común, como nuestra dignidad respectiva requiere, las cosas que o han sido o han de ser hechas. Les pido, hermanos amados y queridos-por, siempre despide cordialmente, y sean conscientes de mí. Saluden la hermandad que está con ustedes seriamente de parte de mí, y dígales que me recuerden. Adiós.
Epístola VI.1
A Rogatianus el Presbítero, y a los otros Confesores. d.C. 250.
Argumento.-Él exhorta a Rogatianus y a los demás Confesores a mantener la disciplina, que nadie que había confesado a Cristo en la Palabra debe parecer negarlo en la acción; Casualmente reprendendo a algunos de ellos, que, siendo exiliados por causa de la fe, no tenían miedo de regresar impídido a su país.
1. Cipriano al presbítero Rogatianus, y a los demás confesores, hermanos suyos, saludo. Hasta ahora os he enviado una carta, amados y valientes hermanos, en la que felicí vuestra virtud con palabras alborozadas, y ahora mi voz no tiene otro objeto, ante todo, que con la mente gozosa, anunciar repetidamente y siempre la gloria de vuestro nombre. Porque ¿qué deseo más o mejor en mis oraciones que ver el rebaño de Cristo iluminado por el honor de vuestra confesión? Porque aunque todos los hermanos deben regocijarse en esto, sin embargo, en la alegría común, la parte del obispo es la más grande. Porque la gloria de la Iglesia es la gloria del obispo.2 En proporción a la que nos afligimos por aquellos a quienes una persecución hostil ha arrojado abajo, en la misma proporción nos regocijamos por vosotros a quienes el diablo no ha podido sobre-conic.
2Sin embargo, os exhorto por nuestra fe común, por el amor verdadero y sencillo de mi corazón hacia vosotros, que, habiendo vencido al adversario en este primer encuentro, mantengáis vuestra gloria con una virtud valiente y perseverante. Estamos todavía en el mundo; todavía estamos en el campo de batalla; luchamos diariamente por nuestras vidas. Hay que tener cuidado de que después de tales comienzos también vengan un aumento, y que lo que habéis comenzado con tal bendito comienzo se consuma en vosotros. Es algo leve haber podido alcanzar cualquier cosa; es más capaz de guardar lo que habéis alcanzado; así como la fe misma y el nacimiento salvador hace que viva, no por ser recibido, sino por ser preservado. Ni es realmente el logro, sino el perfeccionamiento, lo que mantiene un hombre para Dios. El Señor enseñó esto en Su instrucción cuando dijo: "He aquí, tú eres sano; no peques más, para que no venga a ti una cosa peor."3 Concebir de Él como diciendo esto también a Su confesor, "He aquí que has sido hecho confesor; no peques más, para que no te venga algo peor." Salomón también, y Saúl, y muchos otros, mientras anduvieran en los caminos del Señor, pudieron guardar la gracia que les había sido dada. Cuando la disciplina del Señor fue abandonada por ellos, la gracia también los abandonó.
3. Debemos perseverar en el camino recto y estrecho de alabanza y gloria; y puesto que la paz, la humildad y la tranquilidad de una buena vida es apropiada para todos los cristianos, según la palabra del Señor, que no mira a otro que "al pobre y de espíritu contrito, y que tiembla ante"4 Su palabra, es más os corresponde a vosotros, confesores, que habéis sido hechos ejemplo para los demás hermanos, observar y cumplir esto, como aquellos cuyo carácter debe provocar a imitar la vida y la conducta de todos. Porque como los judíos fueron alejados de Dios, como aquellos por cuya causa "el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles,"5 Así que por otra parte, aquellos son queridos a Dios por cuya conformidad para disciplinar el nombre de Dios es declarado con un testimonio de alabanza, como está escrito, el Señor mismo preaviso y diciendo: "De tal manera que resplandezca tu luz delante de los hombres, para que vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en los cielos."6 Y Pablo el apóstol dice, "Llueve como luces en el mundo."7 Y de igual manera Pedro exhorta: "Como extranjeros, y peregrinos, absténganse de los deseos carnales, que pelean contra el alma, teniendo vuestra conversación honesta entre los gentiles; para que, hablando contra vosotros como malhechores, glorifiquen al Señor por vuestras buenas obras, las cuales verán."8 Esto, de hecho, la mayor parte de ustedes, me alegro de decir, son cuidadosos; y, mejorados por el honor de su confesión misma, guardar y preservar su gloria por la vida tranquila y virtuosa.
4. Pero oigo que algunos infectan vuestro número, y destruyen la alabanza de un nombre distinguido por su conversación corrupta; a quien vosotros mismos, como amantes y guardianes de vuestra propia alabanza, reprender y comprobar y corregir. Porque qué desgracia es sufrido por tu nombre, cuando uno pasa sus días en embriaguez y libertinaje,9 ¡Otro regresa a ese país de donde fue desterrado, para perecer cuando fue arrestado, no ahora como cristiano, sino como criminal!10 He oído que algunos se hinchan y se altiven, aunque está escrito: "No seas altivo, sino teme; porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, mira para que no te perdone a ti."11 Nuestro Señor "fue llevado como una oveja al matadero; y como un cordero delante de sus esquiladores es mudo, así que no abrió Su boca."12 "No soy rebelde -dice-, ni yo ni yo lo digo. Yo di mi espalda a los heridos, y mis mejillas a las palmas de sus manos. No escondí mi rostro de la inmundicia de escupir."13 Y se atreve a alguien ahora, que vive por y en este mismo, se levanta y ser altivo, olvidadizo, así como de las obras que hizo, como de los mandamientos que nos dejó a nosotros, ya sea por sí mismo o por sus apóstoles? Pero si "el siervo no es mayor que su Señor".14 que los que siguen al Señor humilde y pacíficamente y en silencio pisan sus pasos, ya que el más bajo es, el más exaltado puede llegar a ser; como dice el Señor, "El que es más pequeño entre vosotros, el mismo será grande."15
5. ¿Qué, pues, es eso-cómo execrable si se le parece-que he aprendido con angustia extrema y dolor de mente, a saber, que no hay que querer a los que contaminan los templos de Dios, y los miembros santificados después de la confesión y hecho glorioso,16 ¡Con un concubinato vergonzoso e infame, que asocian promiscuo sus camas con las de las mujeres! En el cual, aunque no haya contaminación de su conciencia, hay una gran culpa en esta misma cosa, que por su ofensa originan ejemplos para la ruina de los demás.17 Tampoco deben haber disputas y emulaciones entre vosotros, ya que el Señor nos dejó su paz, y está escrito: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo."18 "Pero si mordéis y os encontráis culpables unos de otros, mirad que no seáis consumidos los unos de los otros."19 De los abusos y de los insultos también os ruego que os abstengáis, porque "los que denigran no alcanzan el reino de Dios";20 Y la lengua que ha confesado a Cristo debe ser conservada sana y pura con su honor. Porque aquel que, según el precepto de Cristo, habla cosas pacíficas y buenas y justas, cada día confiesa a Cristo. Nosotros habíamos renunciado al mundo cuando fuimos bautizados; pero nosotros hemos renunciado al mundo cuando Dios lo probó y aprobó, nosotros dejamos todo lo que tenemos, y hemos seguido al Señor, y estamos de pie y vivimos en su fe y temor.
6. Confirmémonos unos a otros por exhortaciones mutuas, y sigamos adelante en el Señor; para que cuando de su misericordia haya hecho la paz que promete dar, volvamos a la Iglesia hombres nuevos y casi transformados, y seamos recibidos, ya sea por nuestros hermanos o por los paganos, en todas las cosas corregidas y renovadas para mejor; y los que antes admiraban nuestra gloria en nuestro coraje puedan ahora admirar la disciplina en nuestras vidas.21 Os despedo, hermanos amados, de corazón; y tened memoria de mí.
Epístola VII.1
Al clero, con respecto a la oración a Dios.
Argumento.-El Argumento de la Epístola actual es casi el mismo que el de los dos precedentes, excepto que Él exhorta en esto a la oración diligente.
1. Cipriano a los presbíteros y diáconos, a sus hermanos, saludo. Aunque sé, hermanos amados, que por el temor que todos nosotros debemos a Dios, también ustedes son instantáneamente urgentes en peticiones continuas contra las oraciones fervientes a Él, aún yo mismo recuerdo su ansiedad religiosa, que para apaciguar y rogar al Señor, debemos lamentarnos no sólo en palabras, sino también con ayunos y lágrimas, y con toda urgencia; porque debemos percibir y confesar que la ruina tan desordenada que se ha producido de esa aflicción, que en gran medida ha sido deshecho, y aun está deshecho, nuestro rebaño, nos ha visitado según nuestros pecados, en que no guardamos el camino del Señor, ni observamos los mandamientos celestiales que se nos han dado para nuestra salvación. Nuestro Señor hizo la voluntad de su Padre, y no hacemos la voluntad de nuestro Señor; deseosos de nuestro patrimonio y de nuestra ganancia, procurando satisfacer nuestro orgullo, rindiendonos totalmente a emulación y a contienda, sin cuidado de la sencillez y la fe, viviéndonos en palabras solamente, y no en hechos, cada uno de nosotros mismo, agradando a todos, y agrademos a todos los demás, a2 -por lo tanto, somos heridos como nos merecemos, ya que está escrito: "Y el siervo, que conoce la voluntad de su señor, y no ha obedecido su voluntad, será azotado con muchos azotes."3 Pero ¿qué azotes, qué golpes, no merecemos, cuando incluso los confesores, que deben ser un ejemplo de vida virtuosa a otros, no mantienen la disciplina? Por lo tanto, mientras una jactancia inflada e inmodesta sobre su propia confesión exagera a algunos, las torturas vienen sobre ellos, y las torturas sin ningún cese del torturador, sin ningún fin de condenación, sin ningún consuelo de muerte, -torturas que no fácilmente les dejan pasar a la corona, sino que los desgarran en la estante hasta que los hacen abandonar su fe, a menos que alguien tomado por la compasión divina debe partir en medio de los tormentos, ganando gloria no por el cese de su tortura, sino por la rapidez de su muerte:
2. Estas cosas sufrimos por nuestra propia culpa y por nuestra propia merecida, como nos lo advirtió el juicio divino, diciendo: "Si dejan mi ley y no andan en mis juicios, si profanan mis estatutos y no guardan mis mandamientos, entonces visitaré sus transgresiones con vara, y sus iniquidades con azotes."4 Es por esta razón que sentimos las varas y las rayas, porque no agradamos a Dios con buenas obras ni expiamos5 Por nuestros pecados. Pidamos la misericordia de Dios desde nuestro corazón y de toda nuestra mente, porque Él mismo añade, diciendo: "Sin embargo, mi bondad no se esparcirá de ellos."6 Pidamos, y recibiremos; y si hay demora y tardanza en recibir, ya que hemos ofendido gravemente, llamemos, porque "al que llama también, se le abrirá,"7 si sólo nuestras oraciones, nuestros gemidos y nuestras lágrimas tocan a la puerta; y con estas debemos ser urgentes y perseverantes, aunque la oración sea ofrecida con una sola mente.8
3Porque, -que más me indujo y me obligó a escribir esta carta a usted, -usted debe saber (ya que el Señor ha condescendiente para mostrar y revelar) que se dijo en una visión, "Pedir, y obtendrá." Entonces, después, que el pueblo que atiende se le pidió orar por ciertas personas les señaló, pero que en sus peticiones había voces disonantes, y voluntades discrepantes, y que esto excesivamente disgustaba al que había dicho, "Pedir, y obtendrás", porque el desacuerdo del pueblo estaba fuera de armonía, y no había un consentimiento de los hermanos uno y simple, y una concordia unida, ya que está escrito, "Dios que hace que los hombres para ser de una sola mente en una casa, ";9 y leemos en los Hechos de los Apóstoles: "Y la multitud de los que creían eran de un corazón y de una alma."10 Y el Señor nos ha dicho con su propia voz, diciendo: "Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros."11 Y de nuevo, "Os digo que si dos de vosotros convinieren en la tierra en cuanto a cualquier cosa que pidiereis, se os hará de mi Padre que está en los cielos."12 Pero si dos de una mente pueden hacer tanto, ¿qué podría hacerse si la unanimidad prevaleciera entre todos? Pero si, según la paz que nuestro Señor nos dio, hubo acuerdo entre todos los hermanos, antes de esto habríamos obtenido de la misericordia divina lo que buscamos; ni deberíamos estar vacilando tanto tiempo en este peligro de nuestra salvación y nuestra fe. Sí, verdaderamente, y estos males no habrían venido sobre los hermanos, si la hermandad se hubiera animado con un espíritu.
4Se demostró también que había un padre de familia, un joven sentado a su derecha, que, ansioso y algo triste con una especie de indignación, sosteniendo su barbilla en su mano derecha, ocupaba su lugar con una mirada triste. Pero otro, de pie en la mano izquierda, llevaba una red, que él amenazó con lanzar, para atrapar a la gente que estaba de pie alrededor.13 Y cuando el que vio maravillado lo que esto podía ser, le fue dicho que el joven que estaba así sentado a la derecha estaba triste y afligido porque sus mandamientos no se habían observado; pero que él a la izquierda se alborotó porque se le dio la oportunidad de recibir del padre de la familia el poder de destruir. Esto se mostró mucho antes de que se levantara la tempestad de esta devastación. Y hemos visto lo que se había demostrado cumplido; que mientras despreciamos los mandamientos del Señor, mientras no guardamos las ordenanzas saludables de la ley que Él ha dado, el enemigo estaba recibiendo un poder de hacer daño, y era abrumador, por la fundición de su red, los que estaban imperfectamente armados y demasiado descuidados para resistir.
5Oremos con urgencia y gimimos con peticiones continuas. Porque sepan, amados hermanos, que no hace mucho tiempo fui reprochado con esto también en una visión, que estábamos dormidos en nuestras oraciones, y no orabamos con vigilancia; y sin duda Dios, que "reprende a quien Él ama,14 Cuando él reprende, reprende que Él puede enmendar, enmienda que Él puede preservar. Por lo tanto, golpee y romper de las cadenas del sueño, y ore con urgencia y vigilancia, como el apóstol Pablo nos manda, diciendo, "Continuemos en oración, y velen en lo mismo."15 Porque los apóstoles también dejaron de orar día y noche; y el Señor mismo, el maestro de nuestra disciplina, y el camino de nuestro ejemplo, oró con frecuencia y con atención, como leemos en el Evangelio: "Salió a un monte para orar, y continuó toda la noche en oración a Dios."16 Y ciertamente por lo que oró, oró por nosotros, ya que no era pecador, sino que llevaba los pecados de otros. Pero así oró por nosotros, para que en otro lugar leemos: "Y dijo el Señor a Pedro: He aquí Satanás ha querido zarandearte como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no falte."17 Pero si por nosotros y por nuestros pecados Él tanto trabajó y observó y oró, ¡cuánto más debemos estar instantáneos en oraciones; y, ante todo, orar y rogar al Señor mismo, y luego por Él, para hacer satisfacción a Dios el Padre! Tenemos un abogado e intercesor por nuestros pecados, Jesucristo el Señor y nuestro Dios, si sólo nos arrepentimos de nuestros pecados pasados, y confesamos y reconocemos nuestros pecados, por los cuales ahora ofendemos al Señor, y por el tiempo que viene para andar en sus caminos, y temer a Sus mandamientos. El Padre nos corrige y nos protege, si todavía permanecemos firmes en la fe tanto en aflicciones y perplejidades, es decir, aferrarnos estrechamente a Su Cristo; como está escrito: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Triplicación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?18 Ninguna de estas cosas puede separar a los creyentes, nada puede arrancar a aquellos que se aferran a Su cuerpo y sangre. La persecución de ese tipo es un examen y una búsqueda fuera del corazón. Dios quiere que seamos cernidos y probados, como Él siempre ha probado a Su pueblo; y sin embargo en Sus pruebas la ayuda nunca ha estado queriendo a los creyentes.
6Finalmente, al más pequeño de Sus siervos, aunque se encuentra entre muchos pecados, e indigno de Su condescendencia, sin embargo, Él ha condescendiente de Su bondad hacia nosotros para ordenar:19 "Dile -dijo- que esté seguro, porque la paz viene; pero que, mientras tanto, hay un poco de retraso, para que algunos de los que aún quedan puedan ser probados." Pero somos amonestados por estas condescendencias divinas tanto en cuanto a una dieta de repuesto y un uso templado de la bebida; es decir, no sea que la tentación mundana enervece el pecho ahora elevado con vigor celestial, o no sea que la mente, agobiada por un banquete demasiado abundante, sea menos vigilante a las oraciones y súplicas.
7. Era mi deber no ocultar estos asuntos especiales, ni esconderlos solo en mi propia conciencia, asuntos por los cuales cada uno de nosotros puede ser instruido y guiado. Y no guarden ustedes por su parte esta carta entre ustedes, sino que los hermanos la tengan para enloquecer. Porque es la parte de uno que desea que su hermano no sea advertido e instruido, interceptar aquellas palabras con las que el Señor condescendiente a amonestarnos e instruirnos. Háganles saber que somos probados por nuestro Señor, y que nunca falten de esa fe por la cual una vez hemos creído en Él, bajo el conflicto de esta aflicción presente. Cada uno, reconociendo sus propios pecados, incluso ahora despoje de la conversación del viejo hombre. "Porque ningún hombre que mira atrás como él pone su mano al arado es apropiado para el reino de Dios."20 Y, finalmente, la esposa de Lot, quien, cuando fue dada a luz, miró hacia atrás desafiando el mandamiento, perdió el beneficio de su escape.21 No miremos a las cosas que están detrás, adonde el diablo nos llama de vuelta, sino a las que están antes, a donde Cristo nos llama. Alcemos nuestros ojos al cielo, para que la tierra con sus deleites y seducciones no nos engañe. Cada uno de nosotros ore a Dios no sólo por sí mismo, sino por todos los hermanos, como el Señor nos ha enseñado a orar, cuando Él pide a cada uno, no la oración privada, sino que les ordenó, cuando ellos oran, orar por todos en oración común y súplica concordante.22 Si el Señor nos mira humilde y pacífico; si nos ve unidos unos a otros; si nos ve temerosos de su ira; si corregido y enmendado por la presente tribulación, nos mantendrá a salvo de las perturbaciones del enemigo. La disciplina ha precedido; el perdón también seguirá.
8. Sólo nosotros, sin cesar a pedir, y con plena fe que recibiremos, en la sencillez y la unanimidad suplicamos al Señor, suplicando no sólo con gemidos, sino con lágrimas, como corresponde a los que suplican que se encuentran entre las ruinas de los que lloran, y los restos de los que temen; entre la matanza múltiple de los que rinden, y la poca firmeza de los que todavía están en pie. Pidamos que pronto se restaure la paz; que podamos ser ayudados rápidamente en nuestros ocultamientos y nuestros peligros; que se cumplan esas cosas que el Señor se digna a mostrar a sus siervos, la restauración de la Iglesia, la seguridad de nuestra salvación; después de las lluvias, la serenidad; después de las tinieblas, la luz; después de las tormentas y los torbellinos, una calma pacífica; las ayudas afectuosas del amor paterno, las grandezas acostumbradas de la majestad divina, por las cuales ambos la blasfemia de los perseguidores pueden ser restringidos, el arrepentimiento de los difuntos, renovados, y la firme fe de la gloria.
Epístola VIII.1
A los mártires y a los confesores.
Argumento.-Cíprio, Encomiando maravillosamente a los mártires africanos por su constancia, los insta a perseverar por el ejemplo de su colega Mappalicus.