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Sello de La Voz de Amonestación La Voz de AmonestaciónEstudia. Discierne. Prepárate. Sé una voz.
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ES · LDS/SUD

Holy Scriptures - Inspired Version

Parte 64

25 Así ha dicho el Señor: Si mi pacto no es con día y noche,

CAPÍTULO 34

y si no he nombrado el

ordenanzas del cielo y de la tierra;

26 Entonces desecharé la simiente de Jacob y de mi siervo David, para que no tome de su simiente para que sea gobernador sobre la simiente de Abraham, Isaac y Jacob; porque haré volver su cautiverio, y tendré misericordia de ellos.

Jeremías profetiza el cautiverio

de Sedequías y de la ciudad.

1 La palabra que vino a Jeremías de parte de Jehovah, cuando Nabucodonosor rey de Babilonia, todo su ejército, todos los reinos de la tierra de su señorío y todo el pueblo, combatieron contra Jerusalén y contra todas sus ciudades, diciendo

2 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Ve, y habla á Sedechîas rey de Judá, y dile: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego esta ciudad en mano del rey de Babilonia, y la quemará á fuego:

3 Y no escaparás de su mano, sino que serás tomado, y entregado en su mano; y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y hablará contigo boca a boca, y tú irás á Babilonia.

4 Pero oye palabra de Jehová, Sedequías rey de Judá: Así ha dicho Jehová de ti: No morirás á cuchillo.

5 Pero morirás en paz, y con las quemaduras de tus padres, los reyes anteriores que fueron antes de ti, así te quemarán olores, y te lamentarán, diciendo: ¡Ah, señor! porque he hablado la palabra, dice Jehová.

6 Entonces el profeta Jeremías habló todas estas palabras a Sedequías rey de Judá en Jerusalén

7 Cuando el ejército del rey de Babilonia combatió contra Jerusalén y contra todas las ciudades de Judá que habían quedado, contra Laquis y contra Azeca, porque estas ciudades de las ciudades de Judá que quedaron fueron las que quedaron defendidas

8 Esta es la palabra que vino a Jeremías de parte de Jehová, después que el rey Sedequías hizo pacto con todo el pueblo que estaba en Jerusalén, para anunciarles libertad;

9 Que cada uno deje libre a su siervo, y cada uno a su sierva, siendo hebreo o hebrea; que ninguno se sirva de ellos, es decir, de un judío su hermano.

10 Y oyendo todos los príncipes y todo el pueblo que habían entrado en el pacto, que cada uno dejase ir libre a su siervo, y a cada uno a su sierva, para que ninguno se sirviese más de ellos; y obedecieron, y los dejaron ir.

11 Pero después se volvieron, y hicieron volver a los siervos y a las criadas, a quienes habían dejado libres, y los sometieron a servidumbre por siervos y por siervas.

12 Por eso vino palabra de Jehovah a Jeremías, de parte de Jehovah, diciendo

13 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Hice pacto con vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, de la casa de los siervos, diciendo:

14 Al cabo de siete años, cada uno de vosotros dejará ir a su hermano un hebreo, que te ha sido vendido; y cuando te haya servido seis años, le dejarás ir libre de ti; pero vuestros padres no me escucharon, ni inclinaron su oído.

15 Pero ahora os habíais vuelto, y habíais hecho lo recto ante mis ojos, proclamando libertad cada uno a su prójimo; y habíais hecho pacto delante de mí en la casa que es llamada por mi nombre.

16 Pero vosotros os volvéis y contaminasteis mi nombre, e hicisteis volver a cada uno su siervo, y a cada uno su sierva, a quien había puesto en libertad a su voluntad, y los introdujesteis en sujeción, para que fueran a vosotros por siervos y por siervas.

17 Por tanto, así ha dicho el Señor: No me habéis oído, proclamando libertad cada uno a su hermano, y cada uno a su prójimo; he aquí, yo os anuncio libertad, dice el Señor, a espada, a pestilencia y a hambre; y os haré ser trasladados a todos los reinos de la tierra.

18 Y daré á los hombres que transgredieron mi pacto, que no cumplieron las palabras del pacto que habían hecho antes de mí, cuando cortaron el becerro en dos, y pasaron entre sus partes,

19 Los príncipes de Judá, los príncipes de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes y todo el pueblo de la tierra, que pasaban entre las partes del becerro

20 Los entregaré en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su vida; y sus cuerpos muertos serán para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.

21 Y Sedequías rey de Judá y sus príncipes entregaré en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, y en mano del ejército del rey de Babilonia, que se han ido de ti.

22 He aquí, yo mandaré, dice Jehová, y haré que se vuelvan a esta ciudad; y pelearán contra ella, y la tomarán, y la quemarán con fuego; y haré de las ciudades de Judá una asolación sin morador.

CAPÍTULO 35

Dios bendice a los recabitas por

Su obediencia.

1 La palabra que vino a Jeremías de parte de Jehovah en los días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, dijo

2 Ve a la casa de los Rechabitas, y habla con ellos, y tráelos a la casa de Jehová, a una de las cámaras, y dales de beber vino.

3 Entonces tomé á Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habazinías, y á sus hermanos, y á todos sus hijos, y á toda la casa de Rechabitas;

4 Y los llevé a la casa de Jehová, a la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, varón de Dios, que estaba junto a la cámara de los príncipes, que estaba sobre la cámara de Maasías hijo de Callum, guarda de la puerta;

5 Y puse delante de los hijos de la casa de los Rechabitas ollas llenas de vino y copas, y les dije: Bebed vino.

6 Y ellos dijeron: No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos mandó, diciendo: No beberéis vino, ni vosotros, ni vuestros hijos para siempre;

7 Ni edificaréis casa, ni sembraréis simiente, ni plantaréis viña, ni la tendréis; mas habitaréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días en la tierra donde vosotros sois extranjeros.

8 Así hemos obedecido a la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en todo lo que nos ha mandado, de no beber vino en todos nuestros días, nosotros, nuestras mujeres, nuestros hijos, ni nuestras hijas;

9 Ni edificar casas para que habitemos; ni viña, ni campo, ni simiente tenemos.

10 Mas nosotros habitamos en tiendas, y obedecimos, y hicimos conforme á todo lo que Jonadab nuestro padre nos mandó.

11 Y aconteció que cuando Nabucodonosor rey de Babilonia subió a la tierra, dijimos: Ven, y vayamos a Jerusalén por temor del ejército de los Caldeos, y por temor del ejército de los Siros. Así habitamos en Jerusalén.

12 Entonces vino palabra de Jehová á Jeremías, diciendo:

13 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve, y di á los varones de Judá y á los moradores de Jerusalem: ¿No recibiréis instrucción para obedecer mis palabras? dice Jehová.

14 Las palabras de Jonadab hijo de Recab, que mandó a sus hijos que no bebieran vino, se cumplen; porque hasta hoy no beben, sino que obedecen el mandamiento de su padre; no obstante os he hablado, ordenandoos que os madrugaseis y os habléis, pero no me habéis escuchado.

CAPÍTULO 36

15 Yo también os he enviado a todos mis siervos los profetas, ordenándoles que se levanten de mañana, y enviándoles, diciendo: Volved ahora cada uno de su mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y habitaréis en la tierra que os he dado a vosotros y a vuestros padres; pero no habéis inclinado vuestro oído, ni me habéis escuchado.

16 Porque los hijos de Jonadab hijo de Recab cumplieron el mandamiento que les mandó su padre, pero este pueblo no me escuchó

17 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalén todo el mal que he hablado contra ellos; porque les he hablado, pero no han oído; y les he llamado, pero no han respondido.

18 Y dijo Jeremías á la casa de los Rechabitas: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto obedecisteis el mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, é hicisteis conforme á todas las cosas que os mandó:

19 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Jonadab hijo de Recab no querrá que un hombre esté delante de mí para siempre.

La profecía de Jeremías se lee

públicamente, es quemado por el rey - El castigo de Joacim.

1 Y aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías rey de Judá, que vino palabra de Jehová á Jeremías, diciendo:

2 Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel, contra Judá y contra todas las naciones, desde el día que te hablé, desde los días de Josías hasta hoy.

3 Puede que la casa de Judá oiga todo el mal que yo me propongo hacer con ellos, para que cada uno se vuelva de su mal camino, para que yo perdone su iniquidad y su pecado.

4 Entonces Jeremías llamó a Baruc hijo de Nerías; y Baruc escribió de boca de Jeremías todas las palabras de Jehová que le había hablado, en un rollo de libro.

5 Y mandó Jeremías á Baruch, diciendo: Estoy preso; no puedo entrar en la casa de Jehová.

6 Por tanto, ve y lee en el rollo que escribiste de mi boca, las palabras del Señor en oídos del pueblo en la casa del Señor en el día de ayuno; y también las leerás en oídos de los demás

de todos los Judá que salen de sus

ciudades.

7 Puede que ellos presenten su súplica ante el Señor, y todos regresen de su mal camino; porque grande es la ira y la furia que el Señor ha pronunciado contra este pueblo.

8 Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todo lo que le mandó el profeta Jeremías, leyendo en el libro las palabras del Señor en la casa del Señor.

9 Y aconteció que en el año quinto de Joacim hijo de Josías rey de Judá, en el mes noveno, proclamaron ayuno delante de Jehová á todo el pueblo de Jerusalem, y á todo el pueblo que venía de las ciudades de Judá á Jerusalem.

10 Entonces lea Baruc en el libro las palabras de Jeremías en la casa del Señor, en la cámara de Gemarías hijo de Safán el escriba, en el atrio superior, a la entrada de la nueva puerta de la casa del Señor, en oídos de todo el pueblo.

11 Y Michâías hijo de Gemarías, hijo de Saphán, oyó del libro todas las palabras de Jehová,

12 Entonces descendió a la casa del rey, a la cámara del escriba, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, el escriba Elisama, y Delaías hijo de Semaías, y Elnatán hijo de Acbor, y Gemarías hijo de Safán, y Sedequías hijo de Hananías, y todos los príncipes.

13 Entonces Micaías les contó todas las palabras que había oído, cuando Baruc leyó el libro en oídos del pueblo.

14 Y enviaron todos los príncipes á Jehudí hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, á Baruch, diciendo: Toma en tu mano el rollo en que has leído á oídos del pueblo, y ven. Y Baruch hijo de Nerías tomó el rollo en su mano, y vino á ellos.

15 Y ellos le dijeron: Siéntate ahora, y léelo en nuestros oídos. Y Baruc lo leyó en sus oídos.

16 Y aconteció que, oyendo todas las palabras, tuvieron temor uno de otro, y dijeron á Baruch: De todas estas palabras diremos al rey.

17 Y preguntaron á Baruch, diciendo: Dinos ahora: ¿Cómo escribiste todas estas palabras de su boca?

18 Entonces Baruc les respondió: --Me ha hablado todas estas palabras con su boca, y yo las escribí con tinta en el libro

19 Entonces los príncipes dijeron a Baruc: --Ve, escóndete tú y Jeremías, y nadie sepa dónde estás

20 Y entraron al rey en el atrio, y pusieron el rollo en la cámara del escriba Elisama, y contaron todas las palabras en oídos del rey.

21 Y envió el rey a Jehudí a recoger el rollo, y él lo sacó de la cámara del escriba Elisama. Y Jehudí lo leyó en oídos del rey, y en oídos de todos los príncipes que estaban junto al rey.

22 Y el rey se sentó en la casa de invierno en el mes noveno, y hubo fuego en el fuego delante de él.

23 Y aconteció que, como Jehudí leyó tres o cuatro hojas, la cortó con la navaja, y la echó en el fuego que estaba sobre el fuego, hasta que todo el rollo se consumió en el fuego que estaba sobre el fuego.

24 Mas no tuvieron miedo, ni rasgaron sus vestidos, ni el rey, ni ninguno de sus siervos que oyó todas estas palabras.

25 Pero Elnatán, Delaías y Gemarías habían intercedido al rey para que no quemara el rollo, pero no los oyó.

26 Y mandó el rey á Jerameel hijo de Hammelech, y á Seraías hijo de Azriel, y á Selemías hijo de Abdeel, que tomaran á Baruch escriba y á Jeremías profeta: mas Jehová los escondió.

27 Entonces vino palabra de Jehová á Jeremías, después que el rey quemó el rollo, y las palabras que Baruch escribió á boca de Jeremías, diciendo:

28 Toma otra vez otro rollo, y escribe en él todas las palabras anteriores que estaban en el primer rollo, que quemó Joacim rey de Judá.

29 Y dirás á Joacim rey de Judá: Así ha dicho Jehová: Quemaste este rollo, diciendo: ¿Por qué has escrito en él, diciendo: De cierto vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará cesar de allí hombres y bestias?

30 Por tanto, así ha dicho Jehová á Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente en el trono de David; y su cuerpo muerto será echado fuera en el día al calor, y en la noche á la helada.

31 Y castigaré á él y á su simiente y á sus siervos por su iniquidad; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalem, y sobre los varones de Judá todo el mal que he hablado contra ellos; mas no oyeron.

32 Entonces tomó Jeremías otro rollo, y lo dio a Baruc, el escriba hijo de Nerías, el cual escribió en él de boca de Jeremías todas las palabras del libro que Joacim rey de Judá había quemado en el fuego; y además se añadieron muchas palabras semejantes a ellas.

CAPÍTULO 37

Jeremías profetiza el

Victoria de los caldeos - Él es derrotado

y meter en prisión.

1 Y reinó el rey Sedequías hijo de Josías en lugar de Conías hijo de Joacim, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia hizo rey en la tierra de Judá.

2 Mas ni él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra, oyeron las palabras de Jehová, que había hablado por el profeta Jeremías.

3 Y envió el rey Sedequías á Jehucal hijo de Selemías, y á Sofonías hijo de Maasías sacerdote, á decir al profeta Jeremías: Orad ahora por nosotros á Jehová nuestro Dios.

4 Y entró Jeremías y salió entre el pueblo, porque no le habían puesto en la cárcel.

5 Entonces el ejército de Faraón salió de Egipto; y cuando los caldeos que sitiaron a Jerusalén oyeron de ellos las nuevas, se fueron de Jerusalén.

6 Entonces vino la palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo:

7 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Así diréis al rey de Judá, que os envió á mí á consultarme: He aquí el ejército de Faraón, que ha salido para ayudaros, se volverá á Egipto á su tierra.

8 Y volverán los Caldeos, y pelearán contra esta ciudad, y la tomarán, y la quemarán con fuego.

9 Así ha dicho Jehová: No os engañéis, diciendo: Los Caldeos se apartarán de nosotros, porque no se irán.

10 Porque aunque hubieron herido a todo el ejército de los caldeos que peleaban contra vosotros, y quedaron entre ellos hombres heridos, cada uno se levantaría en su tienda, y quemarían esta ciudad con fuego.

11 Y aconteció que cuando el ejército de los Caldeos fue deshecho de Jerusalén por temor del ejército de Faraón,

12 Entonces salió Jeremías de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín, para separarse de allí en medio del pueblo.

13 Y estando él á la puerta de Benjamín, estaba allí un capitán de la guardia, que se llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de Hananías; y tomó á Jeremías profeta, diciendo: Tú te postras á los Caldeos.

14 Entonces Jeremías dijo: --No me despojo de los caldeos. Pero él no le escuchó. Entonces Irías tomó a Jeremías y lo llevó a los príncipes

15 Por lo cual los príncipes se enojaron contra Jeremías, y le hirieron, y le pusieron en la cárcel en casa de Jonathán escriba; porque habían hecho la cárcel.

CAPÍTULO 38

16 Y entró Jeremías en la mazmorra, y en las cabañas, y se quedó allí muchos días.

17 Entonces el rey Sedequías envió y lo sacó; y el rey le preguntó en secreto en su casa, y dijo: ¿Hay alguna palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay, porque dijo él, serás entregado en mano del rey de Babilonia.

18 Y dijo Jeremías al rey Sedequías: ¿Qué he hecho contra ti, o contra tus siervos, o contra este pueblo, que me metiste en la cárcel?

19 ¿Dónde están ahora vuestros profetas que os profetizaron, diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra?

20 Por tanto, ahora, oh mi señor el rey, oigas: sea aceptado mi ruego delante de ti, para que no me hagas volver a la casa de Jonatán escriba, porque no muera allí.

21 Entonces el rey Sedequías mandó que enviaran a Jeremías al patio de la cárcel, y que le dieran cada día un pedazo de pan de la calle de los panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastara. Así Jeremías permaneció en el patio de la cárcel

Jeremías es puesto en el calabozo.

1 Entonces Sefatías hijo de Matan, y Gedalías hijo de Pashur, y Jucal hijo de Selemías, y Pashur hijo de Malquías, oyeron las palabras que Jeremías había hablado á todo el pueblo, diciendo:

2 Así ha dicho Jehová: El que quedare en esta ciudad, morirá á cuchillo, y á hambre, y á pestilencia: mas el que saliere á los Caldeos vivirá; porque su vida será presa, y vivirá.

3 Así ha dicho Jehová: Esta ciudad ciertamente será entregada en mano del ejército del rey de Babilonia, el cual la tomará.

4 Por tanto, los príncipes dijeron al rey: --Te rogamos que este hombre sea muerto, porque así debilita las manos de los hombres de guerra que permanecen en esta ciudad y las manos de todo el pueblo, al hablarles tales palabras. Porque este hombre no busca el bienestar de este pueblo, sino el mal

5 Entonces el rey Sedequías dijo: --He aquí que está en tu mano, porque el rey no es el que puede hacer nada contra ti

6 Entonces tomaron a Jeremías y lo echaron en la mazmorra de Malquías hijo de Hammelec, que estaba en el patio de la cárcel, y descolgaron a Jeremías con cuerdas. Y en la mazmorra

no era agua, sino fango; así que Jeremías

hundido en el lodo.

7 Y oyendo Ebed-melec etíope, uno de los eunucos que estaba en la casa del rey, que habían puesto á Jeremías en la cárcel, el rey entonces sentado á la puerta de Benjamín,

8 Ebed-melec salió de la casa del rey, y habló al rey, diciendo:

9 Estos hombres, mi señor el rey, han hecho lo malo en todo lo que han hecho al profeta Jeremías, al cual han echado en la cárcel; y él es semejante a morir de hambre en el lugar donde está; porque no hay más pan en la ciudad.

10 Entonces el rey mandó á Ebed-melec etíope, diciendo: Toma contigo de aquí treinta hombres, y toma á Jeremías profeta de la mazmorra, antes que muera.

11 Y Ebed-melec tomó consigo a los hombres, y entró en la casa del rey debajo del tesoro, y tomó de allí viejos garras de fundición y viejos trapos podridos, y los dejó caer por cuerdas en la mazmorra a Jeremías.

12 Y Ebed-melec el etíope dijo a Jeremías: Pon ahora estos viejos tirantes y trapos podridos debajo de tus brazos bajo las cuerdas. Y Jeremías lo hizo así.

13 Y sacaron á Jeremías con cuerdas, y le sacaron de la cárcel; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.

14 Entonces envió el rey Sedequías, y le llevó al profeta Jeremías a la tercera entrada que estaba en la casa de Jehová. Y el rey dijo a Jeremías: Te pediré una cosa; no me escondas nada.

15 Entonces Jeremías dijo a Sedequías: --Si te lo digo, ¿no me matarás? Y si te doy consejo, ¿no me escucharás

16 Y el rey Sedequías juró en secreto á Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos hombres que buscan tu vida.

17 Entonces Jeremías dijo a Sedequías: --Así ha dicho Jehová, Dios de los ejércitos, Dios de Israel: "Si de cierto sales al rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será quemada al fuego, y vivirás, y tu casa

18 Pero si no sales a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en manos de los caldeos, y la quemarán con fuego, y no escaparás de sus manos.

19 Y el rey Sedequías dijo á Jeremías: Temo de los Judíos que cayeron á los Caldeos, que no me entreguen en sus manos, y me escarnezcan.

20 Pero Jeremías dijo: No te librarán. Obedeced, por favor.

CAPÍTULO 39

tú, la voz del Señor, que yo

hablate, así te irá bien

para ti, y tu alma vivirá.

21 Pero si no quieres salir, esta es la palabra que el Señor me ha mostrado

22 Y he aquí, todas las mujeres que quedan en la casa del rey de Judá serán llevadas a los príncipes del rey de Babilonia, y esas mujeres dirán: Tus amigos te han puesto, y han vencido contra ti; tus pies se hundieron en el lodo, y se volvieron atrás.

23 Y sacarán todas tus mujeres y tus hijos á los Caldeos; y no escaparás de sus manos, sino que serás tomado por mano del rey de Babilonia; y harás que esta ciudad sea quemada al fuego.

24 Entonces Sedequías dijo a Jeremías: --Nadie sepa estas palabras, y no morirás

25 Pero si los príncipes oyen que he hablado contigo, y vienen a ti, y te dicen: Danos ahora la palabra de lo que has dicho al rey, no nos la escondas, y no te mataremos; y también lo que el rey te dijo:

26 Entonces les dirás: Yo he hecho mi ruego delante del rey, que no me haga volver a casa de Jonatán, para que allí muera.

27 Entonces todos los príncipes vinieron a Jeremías, y le preguntaron; y él les dijo conforme a todas estas palabras que el rey había mandado. Y dejaron de hablar con él, porque el asunto no se había entendido.

28 Y estuvo Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que Jerusalem fué tomada; y estuvo allí cuando Jerusalem fué tomada.

Jerusalén es tomada, Sedequías es

y envió a Babilonia - El buen uso de Jeremías.

1 En el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia y todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron.

2 Y en el año undécimo de Sedequías, en el mes cuarto, a los nueve días del mes, la ciudad fué deshecho.

3 Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y se sentaron á la puerta del medio, Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim, Rabsaris, Nergal-sarezer, Rab-mag, y todo lo que quedaba de los príncipes del rey de Babilonia.

4 Y aconteció que, como los vio Sedequías rey de Judá, y todos los hombres de guerra, huyeron, y salieron de noche de la ciudad, por el camino del huerto del rey, junto á la puerta entre dos

las dos paredes; y salió

camino de la llanura.

5 Mas el ejército de los Caldeos los siguió, y alcanzó á Sedechîas en los llanos de Jericó: y tomándole, le llevaron á Nabucodonosor rey de Babilonia, á Ribla, en tierra de Hamat, donde él había juzgado.

6 Entonces el rey de Babilonia mató a los hijos de Sedequías en Ribla, y el rey de Babilonia mató a todos los nobles de Judá

7 Además, sacó los ojos de Sedequías, y lo ató con cadenas, para llevarlo a Babilonia.

8 Y los caldeos quemaron la casa del rey y las casas del pueblo con fuego, y derribaron los muros de Jerusalén.

9 Entonces Nabucodonosor, capitán de la guardia, llevó cautivos a Babilonia al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y a los que habían caído, que habían caído a él, y al resto del pueblo que había quedado.

10 Mas Nabuzaradán, capitán de la guardia, dejó de los pobres del pueblo, que no tenían nada en la tierra de Judá, y les dio viñas y campos en aquel tiempo.

11 Entonces Nabucodonosor rey de Babilonia mandó a Nabuzaradán, capitán de la guardia, que le dijese:

12 Tómalo, y míralo bien, y no le hagas daño; sino haz con él lo que te diga

13 Entonces Nabuzaradán, capitán de la guardia, envió a Nebusesban, a Rabsaris, a Nergal-sarezer, a Rabmag y a todos los príncipes del rey de Babilonia

14 Y enviaron, y tomaron á Jeremías fuera del patio de la cárcel, y mandáronlo á Gedalías hijo de Ahicam hijo de Saphán, para que lo llevase á casa: y habitó en medio del pueblo.

15 Y vino palabra de Jehová á Jeremías, estando él preso en el patio de la cárcel, diciendo:

16 Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y serán cumplidas en aquel día delante de ti.

17 Pero yo te libraré en aquel día, dice Jehovah, y no serás entregado en manos de los hombres de quienes tengas miedo

18 Porque yo ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por presa; porque has confiado en mí, dice Jehová.

CAPÍTULO 40

Jeremías es liberado -- el

los judíos dispersados reparar a él -

La conspiración de Ismael.

1 La palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, después de que Nabucodonosor, capitán de la guardia, lo había dejado ir de Ramá, cuando lo había tomado atado en cadenas entre todos los que habían sido llevados cautivos de Jerusalén y Judá, que habían sido llevados cautivos a Babilonia.

2 Entonces el capitán de la guardia tomó a Jeremías, y le dijo: Jehová tu Dios ha hablado este mal sobre este lugar.

3 Y Jehová lo trajo, é hizo como él lo dijo: porque habéis pecado contra Jehová, y no habéis obedecido á su voz, esto ha venido sobre vosotros.

4 Y ahora, he aquí yo te suelto hoy de las cadenas que estaban en tu mano. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, ven; y te miraré bien; pero si te parece mal venir conmigo a Babilonia, no lo hagas; he aquí toda la tierra está delante de ti; adonde te parece bueno y conveniente ir, allá vas.

5 Y como aún no había vuelto, dijo: Vuelve también á Gedalías hijo de Ahicam hijo de Saphán, al cual el rey de Babilonia puso por gobernador de las ciudades de Judá, y habitó con él en medio del pueblo; o ve á donde te pareciere conveniente ir. Y el capitán de la guardia le dió vitualla y recompensa, y dejó que se fuera.

6 Y fué Jeremías á Gedalías hijo de Ahicam á Mizpa, y habitó con él entre el pueblo que había quedado en la tierra.

7 Y oyendo todos los capitanes de las tropas que estaban en el campo, ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había puesto por gobernador en la tierra á Gedalías hijo de Ahicam, y le había puesto hombres, y mujeres, y niños, y de los pobres de la tierra, de los que no habían sido llevados cautivos á Babilonia,

8 Y vinieron á Gedalías en Mizpa, Ismael hijo de Netanías, y Johanán, y Jonathán, hijos de Carea, y Seraías hijo de Tanhumet, y los hijos de Ephai Netofatita, y Jezanías hijo de Maachâtita, ellos y sus hombres.

9 Y Gedalías hijo de Ahicam hijo de Safán les juró á ellos y á sus hombres, diciendo: No temas servir á los Caldeos: habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.

10 En cuanto a mí, he aquí que yo habitaré en Mizpa, para servir a los caldeos que vendrán a nosotros; pero vosotros

CAPÍTULO 41

Recojan vino y frutas de verano,

y aceite, y ponlos en tu

y habitad en vuestras ciudades

que habéis tomado.

11 Y todos los Judíos que estaban en Moab, y entre los Ammonitas, y en Edom, y en todas las tierras, oyendo que el rey de Babilonia había dejado un resto de Judá, y que había puesto sobre ellos á Gedalías hijo de Ahicam hijo de Saphán;

12 Y todos los Judíos volvieron de todos los lugares adonde fueron echados, y vinieron á tierra de Judá, á Gedalías, á Mizpa, y recogieron mucho vino y frutos de verano.

13 Y vino Johanán hijo de Carea, y todos los capitanes de las tropas que estaban en el campo, á Gedalías en Mizpa.

14 Y díjole: ¿Sabes tú que Baalis rey de los Ammonitas ha enviado á Ismael hijo de Netanías para matarte? Mas Gedalías hijo de Ahicam no los creyó.

15 Entonces Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en Mizpa en secreto diciendo: --¡Déjame ir, te ruego, y mataré a Ismael hijo de Netanías, y nadie lo sabrá! ¿Por qué te matará, para que todos los judíos que se han reunido contigo sean esparcidos, y el resto de Judá perecerá

16 Mas Gedalías hijo de Ahicam dijo á Johanán hijo de Carea: No harás esto, porque de Ismael hablas falsamente.

La conspiración de Ismael.

1 Y aconteció que en el mes séptimo Ismael hijo de Netanías hijo de Elisama, de la simiente real, y los príncipes del rey, diez hombres con él, vinieron á Gedalías hijo de Ahicam en Mizpa; y comieron allí pan juntamente en Mizpa.

2 Entonces se levantó Ismael hijo de Netanías, y los diez hombres que con él estaban, é hirió á cuchillo á Gedalías hijo de Ahicam hijo de Saphán, é hiriólo, al cual el rey de Babilonia había puesto por gobernador sobre la tierra.

3 Ismael también mató a todos los judíos que estaban con él, a Gedalías, en Mizpa, a los caldeos que allí se hallaron, y a los hombres de guerra

4 Y aconteció al segundo día después que mató á Gedalías, y nadie lo supo,

5 Que vinieron algunos de Siquem, de Silo y de Samaria, ochenta hombres, que tenían la barba rapada, y sus vestidos rasgados, y que se cortaban, con ofrendas, y con

incienso en sus manos, para traerlos

a la casa del Señor.

6 Y salió Ismael hijo de Netanías de Mizpa á recibirlos, llorando todo el tiempo que andaba; y como él los salió al encuentro, les dijo: Venid á Gedalías hijo de Ahicam.

7 Y aconteció que cuando entraron en medio de la ciudad, Ismael hijo de Netanías los mató, y los echó en medio de la fosa, él y los hombres que con él estaban.

8 Pero diez hombres fueron hallados entre los que dijeron a Ismael: --No nos mates, porque tenemos tesoros en el campo, de trigo, de cebada, de aceite y de miel. Así que dejó de matarlos entre sus hermanos

9 Y el hoyo en que Ismael había echado todos los cadáveres de los hombres, a los cuales había matado por causa de Gedalías, fue el que el rey Asa había hecho por temor de Baasa rey de Israel; y Ismael hijo de Netanías lo llenó de los muertos.

10 Entonces Ismael llevó cautivos a todo el resto del pueblo que estaba en Mizpa, a las hijas del rey, y a todo el pueblo que había quedado en Mizpa, que Nabuzaradán, capitán de la guardia, había puesto en manos de Gedalías hijo de Ahicam; e Ismael hijo de Netanías los llevó cautivos, y se fue para pasar a los amonitas.

11 Y oyó Johanán hijo de Carea, y todos los capitanes de las tropas que con él estaban, todo el mal que había hecho Ismael hijo de Netanías;

12 Entonces tomaron a todos los hombres, y fueron a pelear con Ismael hijo de Netanías, y lo hallaron junto a las grandes aguas que están en Gabaón.

13 Y aconteció que cuando todo el pueblo que estaba con Ismael vio a Johanán hijo de Carea, y a todos los jefes de las tropas que estaban con él, se alegraron.

14 Y todo el pueblo que Ismael había llevado cautivo de Mizpa, echóse de allí, y volvió, y se fue á Johanán hijo de Carea.

15 Mas Ismael hijo de Netanías escapó de Johanán con ocho hombres, y fuése á los Ammonitas.

16 Entonces tomó Johanán hijo de Carea, y todos los capitanes de las tropas que estaban con él, todo el resto del pueblo que había recuperado de Ismael hijo de Netanías, de Mizpa, después que mató a Gedalías hijo de Ahicam, hombres valientes de guerra, y mujeres, y niños, y eunucos, que había traído de Gabaón.

17 Y partidos, habitaron en la habitación de Chimham, que

CAPÍTULO 42

es en Belén, para ir a entrar en

Egipto,

18 Por causa de los caldeos, porque tenían miedo de ellos, porque Ismael hijo de Netanías había matado a Gedalías hijo de Ahicam, a quien el rey de Babilonia había puesto por gobernador en la tierra.

Jeremías asegura la seguridad de Johanán

en Judea, y destrucción en Egipto.

1 Entonces se acercaron todos los jefes de las tropas, Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías y todo el pueblo, desde el más pequeño hasta el más grande

2 Y dijo al profeta Jeremías: Te rogamos que nuestra súplica sea aceptada delante de ti, y ora por nosotros a Jehová tu Dios, por todo este remanente; porque hemos quedado pocos de muchos, como nos ven tus ojos.

3 Para que el Señor tu Dios nos muestre el camino en que anduvomos, y lo que hagamos.

4 Entonces el profeta Jeremías les dijo: --Os he oído; he aquí que yo rogaré a Jehovah vuestro Dios conforme a vuestras palabras, y sucederá que todo lo que Jehovah os responda, os lo declararé; no os guardaré nada

5 Y dijeron á Jeremías: Jehová sea testigo fiel y fiel entre nosotros, si no hiciere conforme á todas las cosas que Jehová tu Dios te ha de enviar á nosotros.

6 Sea bueno, o sea malo, obedeceremos la voz de Jehová nuestro Dios, a quien te enviamos, para que nos vaya bien cuando oigamos la voz de Jehová nuestro Dios.

7 Y aconteció que después de diez días vino palabra de Jehová á Jeremías.

8 Entonces llamó a Johanán hijo de Carea, y a todos los jefes de las tropas que estaban con él, y a todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor

9 Y díjoles: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, á quien me enviasteis para que hiciese vuestra súplica delante de él:

10 Si aún permaneciereis en esta tierra, entonces yo os edificaré, y no os derribaré; os plantaré, y no os arrancaré; y apartaré el mal que os he hecho.

11 No temas al rey de Babilonia, del cual teméis; no temas a él, dice Jehová; porque yo estoy con vosotros para salvaros y libraros de su mano.

12 Y yo os mostraré misericordia, para que tenga misericordia de vosotros, y os haga volver a vuestra tierra.

13 Pero si decís: No habitaremos en esta tierra, ni obedeceremos la voz de Jehová vuestro Dios,

CAPÍTULO 43

14 Diciendo: No; sino que entraremos en la tierra de Egipto, donde no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni tendremos hambre de pan; y allí moraremos;

15 Y ahora, pues, oíd palabra de Jehová, los que quedan de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si pusiéreis vuestros rostros para entrar en Egipto, y para ir allí á morar,

16 Y será que la espada que teméis os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que teméis, os seguirá cerca allí en Egipto, y allí moriréis.

17 Así será con todos los hombres que pusieron sus rostros para ir a Egipto para morar allí; morirán a espada, por el hambre y por la pestilencia; y ninguno de ellos permanecerá ni escapará del mal que traeré sobre ellos.

18 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Como mi furor y mi furor se han derramado sobre los moradores de Jerusalén, así será derramada mi ira sobre vosotros cuando entrareis en Egipto; y seréis execración, y espanto, y maldición, y oprobio, y no veréis más este lugar.

19 Jehovah ha dicho de vosotros: "Oh remanente de Judá: No entren en Egipto. Sabed que os he amonestado hoy

20 Porque vosotros os desmembrasteis en vuestros corazones, cuando me enviasteis á Jehová vuestro Dios, diciendo: Orad por nosotros á Jehová nuestro Dios; y conforme á todas las cosas que Jehová nuestro Dios dijere, así nos lo declares, y lo haremos.

21 Y ahora os lo he declarado hoy, que no habéis obedecido la voz de Jehová vuestro Dios, ni nada por lo que él me ha enviado a vosotros.

22 Ahora pues, sabed que moriréis a espada, a hambre y a pestilencia, en el lugar adonde queréis ir y morar.

Johanan desacredita la

profecía -- Jeremías profetiza

la conquista de Egipto por el

Babilonios.

1 Y aconteció que como acabó Jeremías de hablar á todo el pueblo todas las palabras de Jehová su Dios, á las cuales Jehová su Dios le había enviado á ellos, todas estas palabras,

2 Entonces habló Azarías hijo de Osaías, y Johanán hijo de Carea, y todos los soberbios, diciendo á Jeremías: Falsamente hablas; Jehová nuestro Dios no te ha enviado á decir: No vayas á Egipto para morar allí.

CAPÍTULO 44

3 Mas Baruc hijo de Nerías te puso contra nosotros, para entregarnos en mano de los Caldeos, para que nos mataran, y nos llevaran cautivos á Babilonia.

4 Johanán hijo de Carea, y todos los jefes de las tropas, y todo el pueblo, no obedecieron a la voz de Jehovah, para morar en la tierra de Judá.

5 Y Johanán hijo de Carea, y todos los capitanes de las tropas, tomaron todo el resto de Judá, que había vuelto de todas las gentes adonde habían sido echados, para habitar en la tierra de Judá;

6 Y aun hombres, y mujeres, y niños, y las hijas del rey, y todo aquel que Nabuzaradán capitán de la guardia había dejado con Gedalías hijo de Ahicam hijo de Safán, y con Jeremías profeta, y con Baruch hijo de Nerías.

7 Y vinieron á la tierra de Egipto, porque no obedecieron á la voz de Jehová: así llegaron hasta Taphnes.

8 Entonces vino palabra de Jehová á Jeremías en Taphnes, diciendo:

9 Toma en tu mano piedras grandes, y escóndelas en el barro en el albañil, que está a la entrada de la casa de Faraón en Tafnes, delante de los hombres de Judá;

10 Y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo envío y tomo a Nabucodonosor rey de Babilonia, siervo mío, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá sobre ellas su pabellón real.

11 Y cuando viniere, herirá la tierra de Egipto, y entregará á muerte á los que son para muerte; y á los que son para cautiverio para cautiverio; y á cuchillo los que son para espada.

12 Y encenderé fuego en las casas de los dioses de Egipto, y los quemará, y los llevará cautivos; y se vestirá con la tierra de Egipto, como pastor se viste sobre su vestido, y saldrá de allí en paz.

13 También quebrantará las imágenes de Bet-semes, que está en la tierra de Egipto; y las casas de los dioses de los egipcios quemará al fuego.

La desolación de Judá por su

idolatría - La obstinación de la

Judíos.

1 La palabra que vino a Jeremías acerca de todos los judíos que moraban en la tierra de Egipto, que habitaban en Migdol, en Tafnes, en Nof y en la tierra de Patros, diciendo:

2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que he traído sobre

Jerusalén y sobre todas las ciudades de

Judá, y he aquí que hoy

son desolación, y nadie

habita en ella;

3 Por la maldad de ellos que me han hecho provocar a ira, por haber ido a quemar incienso y a servir a dioses ajenos, a los cuales no conocían, ni ellos, ni vosotros, ni vuestros padres.

4 Pero yo os envié a todos mis siervos los profetas, ordenándoles que se levantaran de mañana, y enviándoles, diciendo: Oh, no hagáis esta cosa abominable que aborrezco.

5 Pero no escucharon, ni inclinaron su oído para apartarse de su maldad, para no quemar incienso a dioses ajenos.

6 Por lo cual mi furor y mi furor se derramaron, y se encendieron en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén; y fueron desolados y asolados, como en este día.

7 Por tanto, ahora así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Por tanto, haced este gran mal contra vuestras almas, para que seáis talados de Judá, hombres y mujeres, niños y lactantes, para que no os quede ninguno.

8 ¿Con el fin de provocarme a ira con las obras de vuestras manos, quemando incienso a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis ido a morar, para que os cortáis, y seáis maldición y oprobio entre todas las naciones de la tierra?

9 ¿Os habéis olvidado de la maldad de vuestros padres, de la maldad de los reyes de Judá, de la maldad de sus mujeres, de vuestra maldad, y de la maldad de vuestras mujeres, que han cometido en la tierra de Judá, y en las calles de Jerusalén?

10 No se humillaron hasta hoy, ni tuvieron temor, ni anduvieron en mi ley, ni en mis estatutos, que puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.

11 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo pongo mi rostro contra vosotros para mal, y para destruir á todo Judá.

12 Y tomaré el resto de Judá, que puso sus rostros para ir a la tierra de Egipto para morar allí, y todos serán consumidos, y caerán en la tierra de Egipto; serán consumidos aun por la espada y por el hambre, y morirán, desde el menor hasta el mayor, por la espada y por el hambre; y serán execraciones, y espanto, y maldición y oprobio.

13 Porque castigaré a los que moran en la tierra de Egipto, como he castigado a Jerusalén con espada, con hambre y con pestilencia

14 Y ninguno de los que quedaron de Judá, que se fueron a la tierra de Egipto para morar allí, escapará ni permanecerá, para volver a la tierra de Judá, a la cual quieren volver para habitar allí; porque nadie volverá sino los que escaparán.

15 Entonces todos los hombres que sabían que sus mujeres habían quemado incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran multitud, todo el pueblo que habitaba en la tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo:

16 En cuanto a la palabra que nos has hablado en el nombre de Jehová, no te escucharemos.

17 Pero ciertamente haremos todo lo que salga de nuestra boca, para quemar incienso a la reina del cielo, y derramar libaciones a ella, como hemos hecho nosotros, y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén; porque entonces tuvimos abundancia de víveres, y estábamos bien, y no vimos mal alguno.

18 Pero desde que dejamos de quemar incienso a la reina del cielo, y de derramar libaciones a ella, hemos deseado todas las cosas, y hemos sido consumidos por la espada y por el hambre.

19 Y cuando quemamos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿hemos hecho sus tortas para adorarla, y derramamos libaciones a ella, sin nuestros hombres?

20 Entonces Jeremías dijo a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, y a todo el pueblo que le había respondido:

21 ¿No se acordó Jehová de ellos, y no lo acordó, ni vino á su mente el incienso que quemasteis en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes, y vuestros príncipes, y el pueblo de la tierra?

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