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Holy Scriptures - Inspired Version
Parte 34
24 El que muera de Acab en la ciudad, los perros comerán; y el que muera en el campo, las aves del cielo comerán.
CAPÍTULO 22
25 Mas ninguno como Acab, que se vendió á hacer maldad delante de Jehová, á quien despertó Jezabel su mujer.
26 E hizo muy abominables en seguir a los ídolos, conforme a todas las cosas como hicieron los amorreos, a quienes Jehovah echó fuera delante de los hijos de Israel.
27 Y aconteció que, oyendo Acab estas palabras, rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre su carne, y ayunaba, y se acostó en cilicio, y se fue en voz baja.
28 Y fué palabra de Jehová á Elías Tisbita, diciendo:
29 ¿Ves cómo Acab se humilla delante de mí? Porque él se humilla delante de mí, no traeré el mal en sus días; sino que en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.
Acab es asesinado, Ocozías triunfa
su reinado, el de Josafat
Joram le sucedió
El reinado de Ocozías.
1 Y pasaron tres años sin guerra entre Siria e Israel.
2 Y aconteció que al tercer año descendió Josafat rey de Judá al rey de Israel.
3 Y el rey de Israel dijo á sus siervos: ¿Sabéis que Ramoth en Galaad es nuestro, y nosotros nos quedamos quietos, y no lo quitamos de mano del rey de Siria?
4 Y él dijo á Josaphat: ¿Irás conmigo á la batalla á Ramoth de Galaad? Y Josaphat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos.
5 Y Josafat dijo al rey de Israel: Te ruego que preguntes hoy por la palabra de Jehová.
6 Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, y les dijo: ¿Iré yo a la batalla contra Ramot de Galaad, o lo dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová lo entregará en mano del rey.
7 Y Josafat dijo: ¿No hay aquí otro profeta de Jehová, para que le preguntemos?
8 Y el rey de Israel dijo á Josaphat: Aún hay un hombre, Michêas hijo de Imla, por el cual podemos consultar á Jehová; mas yo le aborrezco, porque no profetiza bien de mí, sino mal. Y Josaphat respondió: No diga el rey así.
9 Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y dijo: Apresúrate a Micaías hijo de Imla.
10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá se sentaron cada uno en su trono, vistiéndose sus ropas, en un lugar vacío a la entrada de la puerta de Samaria;
y todos los profetas profetizaron
antes que ellos.
11 Y Sedequías hijo de Quenaana le hizo cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos has de empujar á los Siros, hasta que los consumas.
12 Y todos los profetas profetizaron así, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y prospera; porque Jehová lo entregará en mano del rey.
13 Y el mensajero que había ido á llamar á Michêas, le habló, diciendo: He aquí ahora las palabras de los profetas anuncian bien al rey con una boca: sea ahora tu palabra como la palabra de uno de ellos, y habla lo que es bueno.
14 Y Michâas dijo: Vive Jehová, que lo que Jehová me dijere, eso hablaré.
15 Y vino al rey. Y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o lo dejaremos? Y él le respondió: Ve, y prospera; porque Jehová lo entregará en mano del rey.
16 Y el rey le dijo: ¿Cuántas veces te conjuraré que no me digas más que lo que es verdad en el nombre de Jehová?
17 Y él dijo: Vi a todo Israel esparcido sobre los collados, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor: vuélvanse cada uno en paz a su casa.
18 Y el rey de Israel dijo á Josaphat: ¿No he dicho yo que no profetizará para mí bien alguno, sino mal?
19 Y él dijo: Oye pues palabra de Jehová: Vi á Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos que estaba junto á él á su mano derecha y á su izquierda.
20 Y dijo Jehová: ¿Quién persuadirá á Acab, para que suba y caiga en Ramoth de Galaad? Y uno dijo así, y otro dijo así.
21 Y salió un espíritu, y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le persuadiré.
22 Y el Señor le dijo: --¿Con qué? Y él dijo: --Yo saldré, y seré espíritu mentiroso en la boca de todos sus profetas. Y él dijo: --Tú le persuadirás y prevalecerás también. Salid y haced esto
23 Ahora pues, he aquí que Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, y Jehová ha hablado mal de ti.
24 Entonces Sedequías hijo de Quenaana se acercó, e hirió a Micaías en la mejilla, y dijo: ¿Por qué camino se me ha apartado el Espíritu de Jehová para hablarte?
25 Y Micaías dijo: He aquí, verás en aquel día, cuando
entrará en una cámara interior para
Escóndete.
26 Y el rey de Israel dijo: Toma á Michêas, y llévalo á Amón gobernador de la ciudad, y á Joas hijo del rey;
27 Y di: Así dice el rey: Pon a este preso en la cárcel, y apacientalo con pan de aflicción y con agua de aflicción, hasta que yo venga en paz.
28 Y Micaías dijo: Si en paz te volvieres, Jehová no ha hablado por mí. Y él dijo: Oíd, pueblo, cada uno de vosotros.
29 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá subieron a Ramot de Galaad.
30 Y el rey de Israel dijo á Josaphat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; mas tú vístete tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla.
31 Mas el rey de Siria mandó á sus treinta y dos capitanes que tenían cargo de sus carros, diciendo: No peleéis con niños ni con grandes, sino solamente con el rey de Israel.
32 Y aconteció que cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: --¡De cierto es el rey de Israel! Y se apartaron para pelear contra él. Y Josafat clamó
33 Y aconteció que cuando los capitanes de los carros se dieron cuenta de que no era el rey de Israel, se volvieron para no perseguirlo
34 Y un hombre hizo arco en una ventura, é hirió al rey de Israel entre las junturas de la lanza; por lo cual dijo al conductor de su carro: Voltea tu mano, y sácame del ejército, porque estoy herido.
35 Y la batalla se multiplicó aquel día; y el rey se detuvo en su carro contra los sirios, y murió a la tarde; y la sangre salió de la herida en medio del carro.
36 Y fué por todo el ejército una proclamación sobre la puesta del sol, diciendo: Cada uno á su ciudad, y cada uno á su tierra.
37 Y murió el rey, y fue llevado á Samaria; y sepultaron al rey en Samaria.
38 Y lavaron el carro en el estanque de Samaria, y los perros lamieron su sangre, y lavaron sus armas, conforme a la palabra de Jehová que él había dicho.
39 Los demás hechos de Acab, y todas las cosas que hizo, y la casa de marfil que hizo, y todas las ciudades que edificó, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
40 Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su hijo.
SEGUNDO LIBRO DE LOS REYES
CAPÍTULO 1
41 Y comenzó á reinar Josaphat hijo de Asa sobre Judá en el cuarto año de Acab rey de Israel.
42 Josafat tenía treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre era Azuba hija de Silhi
43 Y anduvo en todos los caminos de Asa su padre; no se apartó de él, haciendo lo recto a los ojos de Jehová; mas no fueron quitados los altos; porque el pueblo ofrecía y quemaba incienso en los altos.
44 Y Josafat hizo paz con el rey de Israel.
45 Los demás hechos de Josafat, y su poder que mostró, y cómo combatió, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
46 Y el resto de los sodomitas que quedaron en los días de su padre Asa, tomó de la tierra.
47 No había entonces rey en Edom; un diputado era rey.
48 Josafat hizo naves de Tharsis para ir a Ofir por oro; pero no fueron, porque las naves fueron quebradas en Ezión-geber.
49 Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: --Deja que mis siervos vayan con tus siervos en las naves. Pero Josafat no quiso
50 Y durmió Josafat con sus padres, y fué sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre; y reinó en su lugar Joram su hijo.
51 Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel.
52 E hizo lo malo en ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, el cual hizo pecar á Israel.
53 Porque él sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira al Señor Dios de Israel, conforme a todo lo que su padre había hecho.
Moab se rebela, Elías trae
fuego del cielo sobre los capitanes
Él le dice al rey su muerte.
1 Entonces Moab se rebeló contra Israel después de la muerte de Acab.
2 Y Ocozías cayó por una celosía en su cámara superior que estaba en Samaria, y estaba enfermo; y envió mensajeros, y les dijo: Id, preguntad a Baalzebub, dios de Ecrón, si yo me recuperaré de esta enfermedad.
3 Pero el ángel del Señor dijo a Elías el tisbita: --Levántate, sube a recibir a los mensajeros del rey de Samaria y diles: --¿No es porque no hay Dios en Israel que vais a consultar a Baal-zebub, dios de Ecrón
4 Ahora, por tanto, así ha dicho Jehová: No descenderás de la cama en que has subido, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue.
5 Y vueltos los mensajeros á él, les dijo: ¿Por qué ahora sois vueltos?
6 Y ellos le dijeron: Vino un hombre a recibirnos, y nos dijo: Ve, y vuelve al rey que te envió, y dile: Así ha dicho Jehová: ¿No es porque no hay Dios en Israel que envíes a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? por tanto, no descenderás de la cama en que has subido, sino que ciertamente morirás.
7 Y él les dijo: ¿Qué clase de hombre era el que subió a recibiros, y os dijo estas palabras?
8 Y ellos le respondieron: El era un hombre peludo, y ceñido de un cinto de cuero alrededor de sus lomos. Y él dijo: Es Elías el Tisbita.
9 Entonces el rey envió a él un capitán de cincuenta con sus cincuenta. Y subió a él, y he aquí que él estaba sentado en la cumbre de un monte. Y él le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho: Desciende.
10 Y Elías respondió, y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y te consuma á ti y á tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, y consumiólo á él y á sus cincuenta.
11 Y volvió a enviarle otro capitán de cincuenta con sus cincuenta. Y respondiendo, le dijo: Varón de Dios, así ha dicho el rey: Desciende presto.
12 Y Elías respondió y les dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y te consuma a ti y a tus cincuenta. Y descendió fuego de Dios del cielo, y consumió a él y a sus cincuenta.
13 Y volvió á enviar un capitán de los cincuenta del tercero con sus cincuenta. Y subió el tercer capitán de cincuenta, y vino, y postrándose de rodillas delante de Elías, le rogó, y díjole: Varón de Dios, te ruego que mi vida y la vida de estos cincuenta tus siervos sean preciosas delante de tus ojos.
14 He aquí que descendía fuego del cielo, y quemaba con sus cincuenta a los dos capitanes de los primeros, y mi vida ahora era preciosa delante de tus ojos.
15 Y el ángel del Señor dijo a Elías: --Desciende con él, no tengas miedo de él. Y él se levantó
CAPÍTULO 2
y descendió con él a la
Rey.
16 Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Porque has enviado mensajeros para que pregunten á Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no es porque no hay Dios en Israel que pregunte su palabra? por tanto, no descenderás de la cama en que has subido, sino que ciertamente morirás.
17 Y murió conforme á la palabra de Jehová que había hablado Elías. Y reinó en su lugar Joram en el año segundo de Joram hijo de Josaphat rey de Judá, porque no tenía hijo.
18 Los demás hechos de Ocozías que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel
Elías divide el Jordán, y es tomado
al cielo, el manto de Elías, los jóvenes profetas, Eliseo
sana las aguas -- Los osos destruyen
los niños que se burlaban de Eliseo.
1 Y aconteció que cuando Jehová tomó á Elías al cielo en torbellino, Elías se fué con Eliseo de Gilgal.
2 Y Elías dijo a Eliseo: --Te ruego que te quedes aquí, porque el Señor me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo le dijo: --Vive el Señor, y vive tu alma, que no te dejaré. Y ellos descendieron a Bet-el
3 Y los hijos de los profetas que estaban en Bet-el salieron a Eliseo, y le dijeron: ¿Sabes que hoy Jehová quitará de tu cabeza a tu señor? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.
4 Y Elías le dijo: Eliseo, quédate aquí, te ruego, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Y vinieron á Jericó.
5 Y los hijos de los profetas que estaban en Jericó vinieron a Eliseo, y le dijeron: ¿Sabes que hoy Jehová quitará de tu cabeza a tu señor? Y él respondió: Sí, yo lo sé; callad.
6 Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Y los dos siguieron adelante.
7 Y fueron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y paráronse para mirar lejos; y los dos se pararon junto al Jordán.
8 Y tomando Elías su manto, envolviólo, é hirió las aguas, y fueron repartidas allá y allá, y pasaron los dos por tierra seca.
9 Y aconteció que cuando pasaron, Elías dijo a Eliseo: Pregunta lo que haré por ti, antes que sea quitado de tu casa.
Y Eliseo dijo: Te ruego que
Que una porción doble de tu espíritu sea
sobre mí.
10 Y él dijo: Has pedido algo difícil; pero si me ves cuando me quites de ti, así te será; pero si no, no será así.
11 Y aconteció que, como ellos aún seguían, y hablaban, he aquí que se apareció un carro de fuego, y caballos de fuego, y los dos se separaron; y subió Elías al cielo en un torbellino.
12 Y viólo Eliseo, y clamó: Padre mío, padre mío, carro de Israel, y su gente de á caballo. Y no le vió más: y tomó sus vestidos, y rasgólos en dos pedazos.
13 Tomó también el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se puso junto al Jordán
14 Y tomando el manto de Elías que se le había caído, hirió las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová Dios de Elías? Y como también hirió las aguas, se partieron allá y allá; y pasó Eliseo.
15 Y viéndole los hijos de los profetas que habían de mirar á Jericó, dijeron: El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo. Y vinieron á recibirle, é inclinándose delante de él en tierra.
16 Y ellos le dijeron: He aquí ahora hay con tus siervos cincuenta hombres fuertes; que vayan, te rogamos, y busquen a tu señor; no sea que el Espíritu de Jehová le haya tomado, y le haya echado sobre un monte, ó sobre algún valle. Y él dijo: No enviaréis.
17 Y cuando le rogaron hasta que se avergonzó, dijo: Envía. Enviaron pues cincuenta hombres, los cuales buscaron tres días, mas no lo hallaron.
18 Y cuando volvieron a él, (porque él se quedó en Jericó), les dijo: ¿No os dije yo: No os vayáis?
19 Y los hombres de la ciudad dijeron á Eliseo: He aquí, yo te ruego que la situación de esta ciudad sea agradable, como ve mi señor: mas las aguas son nada, y la tierra estéril.
20 Y él dijo: Tráeme una nueva prenda, y pon en ella sal. Y se la trajeron.
21 Y saliendo al manantial de las aguas, echó la sal allí, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas; de allí no habrá más muerte ni tierra estéril.
22 Y las aguas fueron sanadas hasta hoy, conforme á la palabra de Eliseo que él había hablado.
23 Y subió de allí á Beth-el; y subiendo por el camino, salió
CAPÍTULO 3
niños pequeños fuera de la ciudad, y
y le dijo: --Ve
¡Arriba, calvo! ¡Sube, calvo!
cabeza.
24 Y él se volvió atrás, y los miró, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos de la leña, y despojaron de ellos cuarenta y dos hijos.
25 Y de allí se fue al monte del Carmelo, y de allí volvió a Samaria.
El reinado de Joram -- Mesá se rebela
-- Eliseo obtiene agua --
Moabitas vencieron, el rey de
Moab levanta el asedio.
1 Y comenzó á reinar Joram hijo de Achâb sobre Israel en Samaria, en el año dieciocho de Josaphat rey de Judá, y reinó doce años.
2 Y hizo lo malo en ojos de Jehová, mas no como su padre, y como su madre; porque quitó la imagen de Baal que su padre había hecho.
3 Sin embargo, se apegó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; no se apartó de ellos
4 Y Mesa rey de Moab era amo de ovejas, y daba al rey de Israel cien mil corderos, y cien mil carneros, con lana.
5 Y aconteció que cuando Acab murió, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.
6 Y salió el rey Joram de Samaria en aquel tiempo, y contó todo Israel.
7 Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: --El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Irás conmigo a la batalla contra Moab? Y él dijo: --Yo subiré. Yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos
8 Y él dijo: ¿Por qué camino subiremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Edom.
9 Y el rey de Israel fue, y el rey de Judá, y el rey de Edom; y tomaron la brújula de siete días de camino; y no hubo agua para el ejército, ni para las bestias que los seguían.
10 Y el rey de Israel dijo: ¡Ay! que Jehová ha reunido a estos tres reyes para entregarlos en mano de Moab.
11 Y Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que nosotros preguntemos por él á Jehová? Y respondiendo uno de los siervos del rey de Israel, dijo: He aquí Eliseo hijo de Saphat, que echó agua sobre las manos de Elías.
12 Y Josafat dijo: La palabra de Jehová es con él. Y el rey
de Israel, Josafat y la
El rey de Edom descendió a él.
13 Y Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? llévate á los profetas de tu padre, y á los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le dijo: No; porque Jehová ha reunido á estos tres reyes para entregarlos en mano de Moab.
14 Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, delante de quien estoy, que si no mirare la presencia de Josafat rey de Judá, no miraré á ti, ni te veré.
15 Y ahora tráeme un juglar, y cuando el juglar tocaba, la mano de Jehová vino sobre él.
16 Y él dijo: Así ha dicho Jehová: Llena este valle de acequias.
17 Porque así ha dicho Jehová: No veréis viento, ni veréis lluvia; y el valle será lleno de agua, para que bebáis vosotros, y vuestros ganados, y vuestras bestias.
18 Y esto es cosa ligera delante de Jehová: Y entregará también á los Moabitas en tus manos.
19 Y heriréis toda ciudad fortificada, y toda ciudad escogida, y derribaréis todo buen árbol, y detendrán todas las fuentes de agua, y devastarán con piedras toda buena parte de tierra.
20 Y aconteció que por la mañana, cuando se ofreció la ofrenda, he aquí que venían aguas por el camino de Edom, y la tierra estaba llena de agua.
21 Y oyendo todos los moabitas que los reyes habían subido á pelear contra ellos, juntaron todos los que podían vestirse de armas arriba, y pararonse en el término.
22 Y levantándose de mañana, brilló el sol sobre las aguas, y los moabitas vieron el agua del otro lado tan roja como sangre.
23 Y ellos dijeron: Esta es la sangre: los reyes ciertamente son muertos, y se han herido unos á otros; ahora pues, Moab, al despojo.
24 Y cuando llegaron al campamento de Israel, los israelitas se levantaron e hirieron a los moabitas, y huyeron delante de ellos; pero ellos fueron adelante hiriendo a los moabitas en sus tierras.
25 Y derribaron las ciudades, y en todo buen pedazo de tierra echó cada uno su piedra, y la llenaron; y detuvieron todos los pozos de agua, y derribaron todos los buenos árboles; solamente en Kir-haraset dejaron sus piedras; y los que se asaltaban la ciudad la rodearon, y la golpearon.
26 Y viendo el rey de Moab que la batalla era demasiado dura para él, tomó consigo setecientos hombres que sacaban espadas para que rompiesen
CAPÍTULO 4
hasta el rey de la tierra
Edom, pero no pudieron.
27 Entonces tomó a su hijo mayor, que había de reinar en su lugar, y lo ofreció como holocausto sobre el muro. Y hubo gran indignación contra Israel; y se apartaron de él, y se volvieron a su tierra.
El aceite de la viuda - El bueno
Shunammite -- El potaje mortal --
- Los veinte panes.
1 Y clamó una mujer de las mujeres de los hijos de los profetas á Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y sabes que tu siervo temió á Jehová: y vino el acreedor á tomarle mis dos hijos para siervos.
2 Y Eliseo le dijo: --¿Qué te haré? Dime, ¿qué tienes en casa? Y ella respondió: --Tu sierva no tiene nada en casa, sino una olla de aceite
3 Y él dijo: Ve, y pide prestadas vasijas de todos tus vecinos, vasos vacíos; no pocos.
4 Y cuando entrares, cerrarás la puerta sobre ti y sobre tus hijos, y derramarás en todos esos vasos, y pondrás aparte lo que está lleno.
5 Y ella se apartó de él, y cerró la puerta sobre ella y sobre sus hijos, los cuales le trajeron los vasos; y ella derramó.
6 Y aconteció que cuando los vasos estaban llenos, dijo á su hijo: Tráeme aún un vaso. Y él le dijo: No hay vaso más. Y el aceite se detuvo.
7 Entonces ella vino y lo dijo al hombre de Dios. Y él dijo: Ve, vende el aceite, y paga tu dep., y vive tú y tus hijos del resto.
8 Y aconteció que un día Eliseo pasó a Sunem, donde había una gran mujer, y ella le obligó a comer pan. Y así fue, que como él pasaba, él se volvió allí para comer pan.
9 Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste es un hombre santo de Dios, que pasa por nosotros continuamente.
10 Hagamos ahora una pequeña cámara en la pared; y pongamos allí para él una cama, una mesa, un taburete y un candelero; y será que cuando venga a nosotros, se volverá allá.
11 Y aconteció que un día vino allá, y se volvió a la cámara, y se acostó allí.
12 Y él dijo á su siervo Gehazi: Llama á esta Sunamita. Y él la llamó, y ella se paró delante de él.
13 Y él le dijo: Di ahora a ella: He aquí, tú has cuidado de nosotros con todo este cuidado; ¿qué se ha de hacer por ti? ¿Quieres que te hablen
rey, o el capitán del ejército?
Y ella respondió: Yo he habitado en medio de
Mi propia gente.
14 Y él dijo: ¿Qué pues se hará por ella? Y respondió Gehazi: No tiene hijos, y su marido es viejo.
15 Y él dijo: Llámala. Y cuando él la llamó, ella se paró á la puerta.
16 Y él dijo: A este tiempo, conforme al tiempo de la vida, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no mientas á tu sierva.
17 Y concibió la mujer, y parió un hijo en aquel tiempo que Eliseo le había dicho, conforme al tiempo de la vida.
18 Y cuando el niño creció, cayó un día, y salió a su padre a los segadores.
19 Y dijo á su padre: Mi cabeza, mi cabeza. Y dijo á un muchacho: Llevadlo á su madre.
20 Y tomándole, lo trajo á su madre, y se sentó de rodillas hasta el mediodía, y murió.
21 Y ella subió, y púsolo sobre la cama del varón de Dios, y cerró la puerta sobre él, y salió.
22 Y llamando a su marido, dijo: Te ruego que me envíes uno de los mancebos y uno de los asnos, para que corra al varón de Dios, y vuelva.
23 Y él dijo: ¿Por qué vas hoy a él? No es luna nueva, ni sábado. Y ella respondió: Bien.
24 Entonces ensillaba un asno, y dijo a su siervo: Anda, y ve; no me detengas el andar, si no te lo digo.
25 Y ella fue y vino al varón de Dios al monte Carmelo. Y aconteció que cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su siervo Gehazi: He aquí allá está la sunamita.
26 Ahora, te ruego que corras a recibirla y le digas: ¿Te va bien? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien al niño? Y ella respondió: Está bien.
27 Y cuando llegó al varón de Dios, al monte, le tomó de los pies; mas Gehazi se acercó para echarla. Y el varón de Dios dijo: Déjala, porque su alma está entristecida dentro de ella; y Jehová me la ha escondido, y no me lo ha dicho.
28 Y ella respondió: ¿Acaso he deseado un hijo de mi señor? ¿No he dicho yo: No me engañes?
29 Entonces dijo a Geezi: Cíñete los lomos, y toma mi vara en tu mano, y vete; si alguno te encuentra, no le saludes; y si alguno te saluda, no le respondas otra vez; y pon mi vara sobre el rostro del niño.
30 Y la madre del niño dijo: Vive Jehová, y como tu
El alma vive, no te dejaré.
Y él se levantó, y la siguió.
31 Y pasando Geezi delante de ellos, puso el bastón sobre el rostro del niño; mas no hubo voz ni oído. Y volvió á recibirle, y díjole, diciendo: El niño no se despertó.
32 Y entrando Eliseo en casa, he aquí que el niño estaba muerto, y puesto sobre su cama.
33 Entró, pues, y cerró la puerta sobre ellos dos, y oró á Jehová.
34 Y subió, y echóse sobre el niño, y puso su boca sobre su boca, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre sus manos; y se extendió sobre el niño; y la carne del niño se encendió.
35 Y volviendo él, anduvo en casa de un lado a otro, y subió, y tendióse sobre él; y el niño estornudó siete veces, y el niño abrió sus ojos.
36 Y llamando a Geezi, dijo: Llama a esta Sunamita. Y él la llamó. Y cuando ella entró a él, él dijo: Toma a tu hijo.
37 Entonces ella entró, y cayó a sus pies, y se inclinó a tierra, y tomó a su hijo, y salió.
38 Y Eliseo volvió á Gilgal, y hubo escasez en la tierra; y los hijos de los profetas estaban sentados delante de él; y dijo á su siervo: Poned la olla grande, y ved el potaje para los hijos de los profetas.
39 Y salió uno al campo á recoger hierbas, y halló una vid silvestre, y recogía de ella calabazas silvestres llenas su regazo, y vino, y las despedazó en la olla de potaje; porque no las conocían.
40 Y derramaron para que comiesen los hombres. Y aconteció que comiendo ellos del alfarero, clamaron, y dijeron: Varón de Dios, hay muerte en la olla. Y no pudieron comer de ella.
41 Y él dijo: Trae pues harina. Y él la echó en la olla, y dijo: Derrama para el pueblo, para que coman. Y no hubo mal en la olla.
42 Y vino un hombre de Baal-salisha, y trajo al varón de Dios pan de primicias, veinte panes de cebada, y espigas llenas de trigo en su cáscara. Y él dijo: Da al pueblo para que coman.
43 Y su siervo dijo: --¿Qué? ¿Haré esto delante de cien hombres? Y él respondió: --Da al pueblo para que coma, porque así ha dicho el Señor: "Comed y despididlo
44 Y él lo puso delante de ellos, y comieron, y dejaron de él, conforme a la palabra de Jehová.
CAPÍTULO 5
Naamán curó de su lepra...
Gehazi golpeó con lepra.
1 Naamán, capitán del ejército del rey de Siria, era un hombre grande y honorable con su señor, porque por él el Señor había dado liberación a Siria; también era un hombre poderoso y valiente, pero leproso.
2 Y los Siros habían salido por compañías, y habían sacado cautiva de la tierra de Israel una sierva; y ella estaba esperando en la mujer de Naamán.
3 Y ella dijo á su señora: ¿Que Dios mi señor esté con el profeta que está en Samaria? porque él le sanaría de su lepra.
4 Y entró uno, y dio aviso á su señor, diciendo: Así y así ha dicho la criada que es de la tierra de Israel.
5 Y el rey de Siria dijo: Ve, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel. Y él se fue, y tomó consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos.
6 Y trajo la carta al rey de Israel, diciendo: Cuando esta carta te viniere, he aquí que yo he enviado a Naamán mi siervo á ti, para que le cure de su lepra.
7 Y como el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, para matar y para dar vida, que este hombre me envíe á que me cure un varón de su lepra? ¿por qué, pues, os ruego que consideréis, y ved cómo busca pleito contra mí.
8 Y como Eliseo varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió á decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? hágase ahora á mí, y sabrá que hay profeta en Israel.
9 Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y paróse á la puerta de la casa de Eliseo.
10 Y Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne volverá a ti, y serás limpio.
11 Mas Naamán se enojó, y se fue, y dijo: He aquí yo pensaba: Ciertamente saldrá á mí, y estará, é invocará el nombre de Jehová su Dios, y herirá su mano sobre el lugar, y recobrará al leproso.
12 ¿No son Abana y Farpar, ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No puedo yo lavarme en ellas y ser limpio? Y él se volvió y se fue en ira.
13 Y acercándose sus siervos, le hablaron, y dijeron: Padre mío, si el profeta te hubiera mandado hacer alguna cosa grande, ¿no la habrías hecho? ¿cuánto más, pues?
cuando te dice: Lávate, y sé
¿Limpio?
14 Entonces descendió, y se sumergió siete veces en el Jordán, como dijo el varón de Dios; y su carne volvió como la carne de un niño, y fue limpio.
15 Y volvióse al varón de Dios, él y toda su compañía, y vino, y se puso delante de él; y dijo: He aquí, ahora sé que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel; por tanto, ahora, te ruego que tomes bendición de tu siervo.
16 Y él dijo: Vive Jehová, delante de quien estoy, que no recibiré ninguno. Y él le instó á tomarlo, mas él no quiso.
17 Y Naamán dijo: ¿No te ruego que no se te den a tu siervo dos mulos de tierra? Porque tu siervo no ofrecerá ahora holocausto ni sacrificio a dioses ajenos, sino a Jehová.
18 En esto perdona Jehová á tu siervo, que cuando mi señor entra en la casa de Rimmon para adorar allí, y se apoya en mi mano, y yo me inclino en la casa de Rimmon; cuando me postro en la casa de Rimmon, Jehová perdone á tu siervo en esto.
19 Y él le dijo: Ve en paz. Y se apartó de él un poco.
20 Mas Geezi, siervo de Eliseo varón de Dios, dijo: He aquí que mi señor ha perdonado á Naamán este Siro, no tomando de sus manos lo que trajo: antes yo, como vive Jehová, correré tras él, y tomaré de él un poco.
21 Y siguió Geezi á Naamán. Y como Naamán lo vió correr tras él, bajóse del carro á recibirle, y dijo: ¿Está todo bien?
22 Y él dijo: Bien. Mi señor me ha enviado, diciendo: He aquí que ahora vienen a mí del monte de Ephraim dos jóvenes de los hijos de los profetas; ruégote que les des un talento de plata, y dos mudas de vestidos.
23 Y Naamán dijo: Congrézate, toma dos talentos. Y él le aprisionó, y ató dos talentos de plata en dos bolsas, con dos mudas de vestidos, y los puso sobre dos de sus siervos, y los llevaron delante de ellos.
24 Y cuando llegó á la torre, tomólos de sus manos, y los puso en casa: y soltó á los hombres, y se fueron.
25 Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Gehazi? Y él respondió: Tu siervo no fue á ninguna parte.
26 Y él le dijo: No fue mi corazón contigo, cuando el hombre
CAPÍTULO 6
se volvió de nuevo de su carro a
¿Es hora de recibirte?
dinero, y para recibir ropa,
y olivares, viñedos,
ovejas, bueyes y siervos,
¿Y las criadas?
27 Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará, y a tu simiente para siempre. Y salió de su presencia un leproso blanco como la nieve.
Eliseo hace que el hierro nade...
revela el rey de Siria’s
abogado -- El ejército herido con
ceguera -- Las mujeres se comen la suya
niños.
1 Y los hijos de los profetas dijeron á Eliseo: He aquí ahora, el lugar donde moramos contigo, es demasiado estrecho para nosotros.
2 Vamos, te rogamos, al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámosnos allí un lugar donde habremos de habitar. Y él respondió: Id.
3 Y uno dijo: Te ruego que te conformes, y vayas con tus siervos. Y él respondió: Yo iré.
4 Y él fue con ellos, y cuando llegaron al Jordán, cortaron leña.
5 Pero cuando uno estaba talando una viga, la cabeza del hacha cayó al agua; y él clamó y dijo: ¡Ay, señor! porque estaba prestada.
6 Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde lo cayó? Y él le mostró el lugar. Y cortó un palo, y echólo allí; y el hierro nadaba.
7 Por tanto, dijo: --Tómalo. Y él extendió su mano y la tomó
8 Entonces el rey de Siria peleó contra Israel, y tomó consejo con sus siervos, diciendo: En tal y tal lugar será mi campamento.
9 Y el varón de Dios envió á decir al rey de Israel: Guardaos de que no pases por tal lugar; porque allí han descendido los Siros.
10 Y el rey de Israel envió al lugar que el varón de Dios le había dicho, y le advirtió, y se salvó allí, no una ni dos veces.
11 Por tanto, el corazón del rey de Siria se turbó en gran manera por esto, y llamó a sus siervos, y les dijo: ¿No me mostraréis cuál de nosotros es para el rey de Israel?
12 Y uno de sus siervos dijo: No, rey señor mío; sino Eliseo profeta que está en Israel, dice al rey de Israel las palabras que hablas en tu cámara.
13 Y él dijo: Ve, y mira donde está, y yo enviaré á traerle. Y fué dado aviso, diciendo: He aquí está en Dothán.
14 Y envió allá caballos, carros y un gran ejército; y vinieron de noche, y rodearon la ciudad.
15 Y cuando el siervo del hombre de Dios resucitó de mañana, y
y salió, he aquí, un ejército
rodeado de la ciudad con
caballos y carros.
le dijo: ¡Ay, mi siervo!
¿Cómo vamos a hacerlo?
16 Y él respondió: No temas; porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos.
17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Y Jehová abrió los ojos del joven, y vio; y he aquí el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo.
18 Y cuando descendieron á él, Eliseo oró á Jehová, y dijo: Te ruego que hieras á este pueblo con ceguera. Y él los hirió con ceguera, conforme á la palabra de Eliseo.
19 Y Eliseo les dijo: No es este el camino, ni esta la ciudad: sígueme, y yo os llevaré al hombre que buscáis. Y él los llevó a Samaria.
20 Y aconteció que cuando entraron en Samaria, Eliseo dijo: --¡Señor, abre los ojos de estos hombres para que vean! Y Jehovah abrió los ojos, y ellos vieron, y he aquí que estaban en medio de Samaria
21 Y el rey de Israel dijo á Eliseo: ¿Cuando los vió, padre mío, los heriré? ¿los heriré?
22 Y él respondió: No los herirás: ¿Quieres herir á los que has tomado cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y vayan á su señor.
23 Y les preparó grandes provisiones; y comiendo y bebiendo, los despidió, y se fueron a su señor. Y las tropas de Siria no volvieron a entrar en la tierra de Israel.
24 Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió, y sitió á Samaria.
25 Y hubo gran hambre en Samaria; y he aquí que la cercaron, hasta que la cabeza de un asno fue vendida por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de una cabaña de estiércol de paloma por cinco piezas de plata.
26 Y pasando el rey de Israel sobre el muro, le clamó una mujer, diciendo: Ayúdame, señor mío, rey.
27 Y él dijo: Si Jehová no te ayudare, ¿de dónde te ayudaré? ¿de la espesura del granero, o del lagar?
28 Y el rey le dijo: ¿Qué te pasa? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Da a tu hijo, para que lo comamos hoy, y mañana comeremos a mi hijo.
29 Y hervimos a mi hijo, y le comimos; y le dije que
CAPÍTULO 7
al día siguiente, Da a tu hijo, para que podamos
Cómetelo, y escondió a su hijo.
30 Y aconteció que, oyendo el rey las palabras de la mujer, rasgó sus vestidos, y pasó sobre el muro, y miró el pueblo, y he aquí que tenía cilicio dentro sobre su carne.
31 Y él dijo: Así me haga Dios, y así me haga más, si la cabeza de Eliseo hijo de Saphat se le pare hoy.
32 Pero Eliseo se sentó en su casa, y los ancianos se sentaron con él; y el rey envió un hombre de delante de él; pero antes que el mensajero se acercara a él, dijo a los ancianos: ¿Ves cómo este hijo de asesino ha enviado a quitarme la cabeza? Mira, cuando el mensajero viene, cierra la puerta y lo sostiene a la puerta; ¿no es el sonido de los pies de su señor detrás de él?
33 Y mientras él aún hablaba con ellos, he aquí el mensajero descendió a él, y dijo: He aquí este mal es de Jehová; ¿qué esperaré más á Jehová?
Eliseo profetiza en abundancia
rey despojó las tiendas de la
Sirios.
1 Entonces Eliseo dijo: Oíd palabra de Jehová: Así ha dicho Jehová: Mañana, como a esta hora, se venderá por siclo una medida de flor de harina, y dos medidas de cebada por siclo, a la puerta de Samaria.
2 Entonces un señor sobre cuya mano se apoyaba el rey respondió al varón de Dios, y dijo: He aquí, si Jehová quiere hacer ventanas en el cielo, ¿será esto? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de él.
3 Y había cuatro hombres leprosos a la entrada de la puerta, los cuales decían el uno al otro: ¿Por qué nos sentamos aquí hasta que morimos?
4 Si decimos: Entraremos en la ciudad, entonces el hambre está en la ciudad, y allí moriremos; y si nos quedamos aquí sentados, también moriremos. Ahora pues, venid, y cayámonos al ejército de los sirios; si nos salvan vivos, viviremos; y si nos matan, moriremos.
5 Y se levantaron al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando al extremo del campamento de Siria, he aquí que no había allí nadie.
6 Porque Jehová había hecho oir al ejército de los Siros ruido de carros, y estruendo de caballos, estruendo de gran ejército; y decían los unos á los otros: He aquí el rey de Israel ha contratado contra nosotros á los reyes de los Hetheos, y á los reyes de los Egipcios, para que vengan sobre nosotros.
7 Y levantándose, huyeron al anochecer, y dejaron sus tiendas, y sus caballos, y sus asnos,
el campamento como era, y huyó a
su vida.
8 Y como estos leprosos llegaron hasta el extremo del campamento, entraron en una tienda, y comieron y bebieron, y de allí llevaron plata, oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y volviendo, entraron en otra tienda, y también de allí llevaron, y fueron y lo escondieron.
9 Y dijeron el uno al otro: No bien; este día es día de buenas nuevas; y callamos; si nos quedamos hasta la mañana, vendrá sobre nosotros alguna malicia; por tanto, ahora venid, para que vayamos y lo diremos á la casa del rey.
10 Entonces vinieron y llamaron al portero de la ciudad, y les dieron aviso, diciendo: Nosotros llegamos al campamento de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, y asnos atados, y tiendas como estaban.
11 Y llamó á los porteros, y dijéronlo á la casa del rey por dentro.
12 Y levantándose el rey de noche, dijo á sus siervos: Yo ahora os mostraré lo que los Siros nos han hecho. Ellos saben que tenemos hambre; por tanto, han salido del campo para esconderse en el campo, diciendo: Cuando salieren de la ciudad, los cogeremos vivos, y entraremos en la ciudad.
13 Y respondiendo uno de sus siervos, dijo: Te ruego que tomes cinco de los caballos que quedan en la ciudad, (he aquí que son como toda la multitud de Israel que queda en ella; he aquí que son como toda la multitud de los hijos de Israel que se consume;) y enviemos a ver.
14 Tomaron, pues, dos caballos de carro; y el rey envió tras el ejército de los sirios, diciendo: Id y ved.
15 Y fueron tras ellos hasta el Jordán; y he aquí, todo el camino estaba lleno de vestidos y vasos, que los sirios habían echado a su prisa. Y los mensajeros volvieron, y dieron aviso al rey.
16 Y salió el pueblo, y despojó las tiendas de los sirios. Y se vendió una medida de flor de harina por un siclo, y dos medidas de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová.
17 Y el rey puso al señor sobre cuya mano se apoyaba para que tuviese la guarda de la puerta; y el pueblo lo atropelló a la puerta, y murió, como había dicho el varón de Dios, que hablaba cuando el rey descendió a él.
18 Y aconteció que como el varón de Dios había hablado al rey, diciendo: Dos medidas de cebada por un siclo, y una medida de flor de harina por un siclo, serán
CAPÍTULO 8
mañana sobre esta hora en el
la puerta de Samaria;
19 Y respondiendo aquel señor al varón de Dios, dijo: He aquí, si Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿sería tal cosa? Y él respondió: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de él.
20 Y así le salió: porque el pueblo le atravesó por la puerta, y murió.
La mujer shuamita - Hazael
mata a su señor, y triunfa
su malvado reinado
Ocozías sucedió a Joram.
1 Entonces habló Eliseo a la mujer cuyo hijo había resucitado, diciendo: Levántate, y vete tú y tu casa, y habita donde tu puedas habitar; porque Jehová ha llamado al hambre, y también vendrá sobre la tierra siete años.
2 Y la mujer se levantó, é hizo conforme á la palabra del varón de Dios: y fuése con su casa, y peregrinaba en tierra de los Filisteos siete años.
3 Y aconteció que al cabo de siete años la mujer volvió de la tierra de los Filisteos; y salió á clamar al rey por su casa y por su tierra.
4 Y habló el rey con Geezi siervo del varón de Dios, diciendo: Te ruego que me digas todas las grandes cosas que Eliseo ha hecho.
5 Y aconteció que, cuando él le contaba al rey cómo había restituido un cadáver a la vida, he aquí la mujer, cuyo hijo había restituido a la vida, clamó al rey por su casa y por su tierra. Y dijo Geezi: Rey señor mío, ésta es la mujer, y éste es su hijo, a quien Eliseo volvió a la vida.
6 Y preguntando el rey á la mujer, ella se lo dijo: Y el rey le puso un oficial, diciendo: Restituir todo lo que era suyo, y todo el fruto del campo desde el día que dejó la tierra, hasta ahora.
7 Y vino Eliseo á Damasco, y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo; y fué dado aviso á él, diciendo: El varón de Dios ha venido acá.
8 Y el rey dijo a Hazael: Toma un presente en tu mano, y ve, y encuentra al varón de Dios, y consulta por él al Señor, diciendo: ¿He de sanar de esta enfermedad?
9 Y fuése Hazael á recibirle, y tomó con él un presente de todo lo bueno de Damasco, cuarenta camellos, y vino, y paróse delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad, rey de Siria, me envió á ti, diciendo: ¿He de sanar de esta enfermedad?
10 Y Eliseo le dijo: Tú irás, y le dirás: De cierto podrás sanar; mas,
el Señor me ha mostrado que él
seguramente morirá.
11 Y se mantuvo firme hasta que se avergonzó, y lloró el hombre de Dios.
12 Y dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque yo sé el mal que harás á los hijos de Israel; sus fortalezas encenderás fuego, y sus mancebos matarás á cuchillo, y quebrantarás á sus hijos, y quebrantarás á sus mujeres encintas.