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Sello de La Voz de Amonestación La Voz de AmonestaciónEstudia. Discierne. Prepárate. Sé una voz.
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Español · SUD

Santas Escrituras — Versión Inspirada

Parte 45

9 Entonces mandé, y limpiaron las cámaras; y allí hice volver los vasos de la casa de Dios, con la ofrenda y el incienso.

10 Y vi que las porciones de los levitas no les habían sido dadas; porque los levitas y los cantores que hacían la obra habían huido cada uno a su campo.

11 Entonces contendí con los príncipes, y dije: ¿Por qué ha quedado abandonada la casa de Dios? Y juntélos, y puselos en su lugar.

12 Entonces todo Judá trajo el diezmo del trigo, del vino nuevo y del aceite a los tesoros.

13 E hice tesoreros sobre los tesoros, á Selemías sacerdote, y á Sadoc escriba, y á Pedaías de los Levitas: y á los cuales junto á ellos fué Hanán hijo de Zacur, hijo de Matanías; porque eran contados fieles, y su oficio era repartir á sus hermanos.

14 Acuérdate de mí, oh Dios mío, de esto, y no borres mis buenas obras que he hecho por la casa de mi Dios, y por sus oficios.

15 En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban lagares en sábado, y traían gavillas y asnos de lad; como también vino, uvas e higos, y toda clase de cargas que traían a Jerusalén en sábado; y les testifiqué en el día en que vendían víveres.

16 Habitaban allí también hombres de Tiro, que traían pescado y toda clase de cosas, y vendían en sábado a los hijos de Judá y en Jerusalén

17 Entonces contendí con los nobles de Judá, y dije:

¿Qué cosa mala es esta que vosotros

¿y profanar el día de reposo?

18 ¿No trajeron así vuestros padres, y no trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? Y vosotros traéis más ira sobre Israel profanando el sábado.

19 Y aconteció que cuando las puertas de Jerusalén comenzaron a oscurecerse antes del sábado, mandé que las puertas se cerraran, y mandé que no se abriesen hasta después del sábado; y algunos de mis siervos me pusieron a las puertas, para que no se introdujese carga en el día de sábado.

20 Así que los comerciantes y vendedores de toda clase de artículos se alojaban sin Jerusalén una o dos veces.

21 Entonces les testifiqué, y les dije: ¿Por qué os posáis en la muralla? Si lo hacéis otra vez, yo os pondré las manos encima. Desde entonces ya no vinieron más en sábado.

22 Y mandé á los Levitas que se purificasen, y viniesen y guardasen las puertas, para santificar el día del sábado. Acuérdate de mí, oh Dios mío, acerca de esto también, y perdóname conforme á la grandeza de tu misericordia.

23 En aquellos días vi también yo a los judíos que habían tomado mujeres de Asdod, de Amón y de Moab

24 Y sus hijos hablaban la mitad en el habla de Asdod, y no podían hablar en la lengua de los Judíos, sino según la lengua de cada pueblo.

25 Y contendí con ellos, y los maldije, y los hirieron, y les quité los cabellos, y los hice jurar por Dios, diciendo: No daréis vuestras hijas á sus hijos, ni tomaréis sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros.

26 ¿No pecó Salomón rey de Israel por estas cosas? Y entre muchas naciones no había rey como él, el cual era amado de su Dios, y Dios lo hizo rey sobre todo Israel; mas aun él hizo pecar mujeres descabelladas.

27 ¿Te escucharemos, pues, para hacer todo este gran mal, para rebelarnos contra nuestro Dios al casarse con mujeres extrañas?

28 Y uno de los hijos de Joiada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat Horonita; por eso lo ahuyenté de mí.

29 Acuérdate pues, oh Dios mío, de que han contaminado el sacerdocio, y el pacto del sacerdocio, y de los Levitas.

30 Así los limpié de todos los extranjeros, y puse en orden las guardas de los sacerdotes y de los levitas, cada uno en su negocio;

31 y para la ofrenda de madera, a veces, y para los primeros

EL LIBRO DE ESTER

¡Acuérdate de mí, oh Dios mío!

Para siempre.

CAPÍTULO 1

Asuero fiestas - Vasti envió - El decreto de la soberanía de los hombres.

1 Y aconteció en los días de Asuero, que reinó Asuero desde la India hasta Etiopía, sobre ciento siete y veinte provincias.

2 Que en aquellos días, cuando el rey Asuero se sentó en el trono de su reino, que estaba en Susán, el palacio,

3 En el tercer año de su reinado, hizo fiesta a todos sus príncipes y siervos, siendo delante de él el poder de Persia y Media, los nobles y príncipes de las provincias

4 Cuando mostró las riquezas de su glorioso reino y el honor de su excelente majestad muchos días, incluso ciento ochenta días.

5 Y como fueron cumplidos estos días, el rey hizo fiesta á todo el pueblo que estaba presente en Susa el palacio, grande y pequeño, por siete días, en el patio del huerto del palacio del rey.

6 Donde estaban cortinas blancas, verdes y azules, atadas con cuerdas de lino fino y púrpura a anillos de plata y columnas de mármol; las camas eran de oro y plata, sobre

pavimento de rojo, y azul, y

mármol blanco y negro.

7 Y les dieron de beber en vasos de oro, (los vasos son diversos unos de otros), y vino real en abundancia, según el estado del rey.

8 Y la bebida era conforme a la ley; nadie la obligaba; porque así había puesto el rey a todos los oficiales de su casa, para que hiciesen conforme á la voluntad de cada uno.

9 También la reina Vasti hizo banquete para las mujeres en la casa real que pertenecía al rey Asuero.

10 El séptimo día, cuando el corazón del rey se alegró con el vino, mandó a Mehuman, Bizta, Harbona, Bigtha, Abagtha, Zetar y Carcas, los siete eunucos que sirvieron en presencia del rey Asuero,

11 Para que la reina Vasti, con la corona real, la presentara al rey, para que el pueblo y los príncipes mostraran su hermosura, porque era hermosa de mirar.

12 Pero la reina Vasti se negó a venir por orden del rey por medio de sus eunucos; por lo cual el rey se enojó mucho, y su ira se encendió en él.

13 Entonces el rey dijo á los sabios que conocían los tiempos: porque así era la costumbre del rey para con todos los que conocían la ley y el juicio:

14 Y el siguiente de él fue Carsena, Setar, Admatha,

Tarsis, Meres, Marsena, y

Memucán, los siete príncipes de

Persia y los medios de comunicación, que vieron la

rostro del rey, y que sentó el primero

en el reino,)

15 ¿Qué haremos a la reina V asnti conforme a la ley, porque no ha cumplido el mandamiento del rey Asuero por los eunucos?

16 Y Memucán respondió delante del rey y de los príncipes: La reina Vasti no ha hecho mal solamente al rey, sino también a todos los príncipes, y a todo el pueblo que está en todas las provincias del rey Asuero.

17 Porque esta obra de la reina vendrá fuera a todas las mujeres, de modo que desprecien a sus maridos delante de sus ojos, cuando se les informe. El rey Asuero mandó que la reina V ashti fuera llevada delante de él, pero ella no vino.

18 Así también dirán las damas de Persia y de Media hoy á todos los príncipes del rey, que oyeron de la obra de la reina: y así se levantarán demasiado desprecio e ira.

19 Si al rey le place, que se le dé un mandamiento real, y que se escriba entre las leyes de los persas y de los medos, que no se altere: Que Vasti no venga más delante del rey Asuero; y que el rey le dé su rey

CAPÍTULO 2

a otro que es mejor

que ella.

20 Y cuando el decreto del rey, que él hará, será publicado en todo su imperio, (porque es grande,) todas las mujeres darán honor a sus maridos, tanto a grandes como a pequeños.

21 Y la palabra agradó al rey y a los príncipes, y el rey hizo conforme a la palabra de Memucán

22 Porque envió cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua, para que cada uno mantuviese en su casa, y se publicase según la lengua de cada pueblo.

Una reina ha de ser elegida -- Esther es

Mardoqueo descubre una traición que se registra en el

Crónicas.

1 Después de estas cosas, cuando la ira del rey Asuero se apaciguaba, se acordó de Vasti, y de lo que ella había hecho, y de lo que se había decretado contra ella.

2 Entonces los siervos del rey que le servían dijeron: Que haya hermosas vírgenes buscando al rey;

3 Y el rey ponga gobernadores en todas las provincias de su reino, para que reúnan a todas las vírgenes hermosas en Susán

el palacio, a la casa de la

mujeres, a la custodia de Hegai

el eunuco del rey, guardián de

las mujeres; y dejad sus cosas para

se les dé purificación;

4 Y la doncella que agrada al rey sea reina en lugar de Vasti. Y la cosa agradó al rey, y él lo hizo así.

5 En Susa, el palacio, había un judío llamado Mardoqueo, hijo de Jair, hijo de Simei, hijo de Cis, hijo de Benjamín

6 Los cuales habían sido llevados de Jerusalén con la cautividad que había sido llevada con Jeconías rey de Judá, a quien Nabucodonosor rey de Babilonia había llevado.

7 Y él crió a Hadassa, es decir, a Ester, hija de su tío, porque ella no tenía padre ni madre, y la criada era hermosa y hermosa; a quien Mardoqueo, cuando su padre y su madre murieron, tomó para su propia hija.

8 Y aconteció que, oyendo el mandamiento del rey y su decreto, y juntándose muchas doncellas en Susa, el palacio, bajo la custodia de Hegai, Ester fue llevada también a la casa del rey, a la custodia de Hegai, guarda de las mujeres.

9 Y la doncella le agradó, y ella obtuvo misericordia de él; y él le dio presto sus cosas por

purificación, con cosas como

le pertenecía, y siete

doncellas, que se reunían para ser

le dieron, fuera de la casa del rey;

y él la prefirió a ella y a sus criadas

al mejor lugar de la casa de

las mujeres.

10 Ester no había mostrado a su pueblo ni a su parentela; porque Mardoqueo le había mandado que no lo mostrara.

11 Y Mardoqueo andaba todos los días delante del atrio de la casa de las mujeres, para saber cómo lo hizo Ester, y qué había de ser de ella.

12 Y como cada sierva se había vuelto para entrar al rey Asuero, después que había estado doce meses, conforme á la costumbre de las mujeres, (porque así fueron cumplidos los días de sus purificaciones, seis meses con aceite de mirra, y seis meses con olores dulces, y con otras cosas para la purificación de las mujeres,)

13 Entonces todas las doncellas vinieron al rey; todo lo que ella quería le fue dado para que fuera con ella de la casa de las mujeres a la casa del rey.

14 A la tarde se fue, y al día siguiente volvió a la segunda casa de las mujeres, a la custodia de Saasgaz, eunuco del rey, que guardaba a las concubinas; no entró más al rey, sino que el rey se alegró en

y que la llamaron

nombre.

15 Y como vino el turno de Ester, hija de Abihail tío de Mardoqueo, que la había tomado por hija, para entrar al rey, ella no pidió sino lo que había puesto Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres. Y Ester obtuvo gracia delante de todos los que la miraban.

16 Ester fue llevado al rey Asuero en su casa real en el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el año séptimo de su reinado.

17 Y el rey amó a Ester sobre todas las mujeres, y ella obtuvo gracia y gracia en sus ojos más que todas las vírgenes; de modo que él puso la corona real sobre su cabeza, y la hizo reina en lugar de V ashti.

18 Entonces el rey hizo una gran fiesta a todos sus príncipes y siervos, la fiesta de Ester; y él hizo una liberación a las provincias, y dio dones, según el estado del rey.

19 Y cuando las vírgenes se juntaron por segunda vez, entonces Mardoqueo se sentó a la puerta del rey.

20 Ester aún no había mostrado a su parentela ni a su pueblo, como Mardoqueo la había mandado; porque Ester hizo el mandamiento de Mardoqueo, como cuando fue criada con él.

CAPÍTULO 3

21 En aquellos días, mientras Mardoqueo estaba sentado a la puerta del rey, dos eunucos del rey, Bigtán y Teres, de los que guardaban la puerta, se enojaron y trataron de poner la mano sobre el rey Asuero.

22 Y Mardochêo lo supo, el cual lo contó á la reina Ester; y Ester lo anotó al rey en nombre de Mardochêo.

23 Y cuando se hizo la inquisición del asunto, se descubrió; por lo tanto, ambos fueron colgados de un árbol; y estaba escrito en el libro de las crónicas delante del rey.

Amán busca venganza sobre todos

los judíos.

1 Después de estas cosas, el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagita, y lo engrandeció, y puso su trono sobre todos los príncipes que estaban con él.

2 Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey, se inclinaron y reverenciaron a Amán, porque el rey lo había mandado así. Pero Mardoqueo no se inclinó, ni él se inclinó.

3 Entonces los siervos del rey que estaban a la puerta del rey, dijeron a Mardoqueo: --¿Por qué transgredes el mandamiento del rey

4 Y aconteció que, cuando le hablaban cada día, y no les escuchaba,

le dijo a Amán, para ver si

Los asuntos de Mardoqueo permanecerían;

porque les había dicho que era un

Judío.

5 Y viendo Amán que Mardoqueo no se inclinó, ni se inclinó, entonces Amán se llenó de ira.

6 Y él pensó escarnio para poner las manos sobre Mardoqueo solamente, porque ellos le habían mostrado el pueblo de Mardoqueo; por lo cual Amán trató de destruir a todos los judíos que estaban en todo el reino de Asuero, incluso el pueblo de Mardoqueo.

7 En el mes primero, es decir, el mes de Nisán, en el año duodécimo del rey Asuero, echaron Pur, es decir, la suerte, delante de Amán de día en día, y de mes en mes, hasta el mes duodécimo, es decir, el mes de Adar.

8 Y Amán dijo al rey Asuero: Hay un pueblo disperso y disperso entre el pueblo en todas las provincias de tu reino; y sus leyes son diferentes de todas las naciones; y no guardan las leyes del rey; por tanto, no es de provecho del rey que las padezca.

9 Si al rey le agrada, que se escriba que se les puede destruir; y yo pagaré diez mil talentos de plata a manos de los que tienen la responsabilidad de la obra, para que la lleven a los tesoros del rey.

10 Y el rey tomó su anillo de su mano, y diólo á Amán hijo de Amadatha Agageo, enemigo de los Judíos.

11 Y el rey dijo á Amán: La plata te es dada, y también el pueblo, para que hagas con ellos como te parece bien.

12 Entonces fueron llamados los escribas del rey el día trece del mes primero, y fue escrito conforme a todo lo que Amán había mandado a los jefes del rey, y a los gobernadores que estaban sobre cada provincia, y a los gobernantes de cada pueblo de cada provincia, conforme a su escritura, y a cada pueblo según su lengua; en nombre del rey Asuero fue escrito, y sellado con el anillo del rey.

13 Y las cartas fueron enviadas por correos a todas las provincias del rey, para destruir, matar y hacer perecer a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres, en un día, a los trece días del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y para tomar el botín de ellos como presa.

14 La copia de la escritura para un mandamiento que se daría en cada provincia fue publicada a todo el pueblo, para que estuvieran listos para aquel día.

15 Los postes salieron, y fueron apresurados por el mandamiento del rey, y el decreto fue dado en Susán el palacio.

el rey y Amán se sentaron a

beber; pero la ciudad Susán era

perplejo.

CAPÍTULO 4

El duelo de Mardoqueo y el

Judíos -- Ester nombra un ayuno.

1 Y viendo Mardochêo todo lo que había acontecido, rasgó Mardochêo sus vestidos, y vistióse de cilicio de ceniza, y salió á en medio de la ciudad, y clamó con grande y amargo clamor.

2 Y vino aun delante de la puerta del rey, porque nadie podía entrar en la puerta del rey vestido de cilicio.

3 Y en cada provincia, dondequiera que el mandamiento del rey y su decreto vinieron, hubo gran duelo entre los judíos, y ayuno, y llanto, y lamentos; y muchos estaban acostados en saco y ceniza.

4 Y vinieron las criadas de Ester y sus eunucos, y se lo dijeron. Entonces la reina se entristeció en extremo, y envió vestidos para vestir a Mardoqueo, y para quitarle su cilicio; mas él no lo recibió.

5 Entonces llamó a Ester por Hatac, uno de los eunucos del rey, a quien había puesto para que la atendiera, y le dio un mandamiento a Mardoqueo, para que supiera qué era y por qué era.

6 Y salió Hatac á Mardochêo á la plaza de la ciudad, que estaba delante de la puerta del rey.

7 Y Mardoqueo le contó todo lo que le había sucedido, y la suma del dinero que Amán había prometido pagar a los tesoros del rey por los judíos, para destruirlos.

8 Y le dio una copia de la escritura del decreto que se había dado en Susán para destruirlos, para mostrarlo a Ester, y para contárselo, y para mandarle que entrara al rey, para rogarle y pedirle delante de él que hiciese lo que le fuera por su pueblo.

9 Y Hatac vino y contó a Ester las palabras de Mardoqueo.

10 Y volvió Ester á hablar á Hatac, y le dio mandamiento á Mardochêo.

11 Todos los siervos del rey y el pueblo de las provincias del rey saben que todo aquel que, hombre o mujer, venga al rey en el atrio interior, que no es llamado, hay una ley suya para darle muerte, excepto aquellos a quienes el rey le den el cetro de oro, para que viva; pero no he sido llamado para que entre al rey en estos treinta días.

12 Y le contaron a Mardoqueo las palabras de Ester.

13 Entonces Mardoqueo mandó que respondiese a Ester: No pienses contigo que escaparás en la casa del rey, más que todos los judíos.

14 Porque si en este tiempo callas completamente, entonces se levantará la ampliación y la liberación a los judíos de otro lugar; pero tú y la casa de tu padre serán destruidos; ¿y quién sabe si has venido al reino por un tiempo como éste?

15 Entonces Ester les dijo que devolvieran a Mardoqueo esta respuesta,

16 Ve, junta a todos los judíos que están presentes en Susa, y ayunad por mí, y no coman ni beban tres días, noche o día. Yo también y mis doncellas ayunaré igualmente, y así entraré al rey, que no es conforme a la ley; y si perezco, perezco.

17 Mardoqueo se fue, e hizo conforme a todo lo que Ester le había mandado

CAPÍTULO 5

Ester invita al rey y a Amán

a un banquete -- Ella los invita a

otro al día siguiente -- Amán, por

el consejo de Zeres, edifica un

Horca.

1 Al tercer día, Ester se vistió de su ropa real, y se puso en el patio interior de la casa del rey, enfrente de la casa del rey; y el rey se sentó sobre su trono real en la casa real, frente a la puerta de la casa.

2 Y fue así, cuando el rey vio a Esther la reina de pie en el

que obtuvo favor en su juicio

y el rey se aferró a

Ester el cetro de oro que era

Así que Ester se acercó,

y tocó la parte superior del cetro.

3 Entonces el rey le dijo: --¿Qué quieres, reina Ester? ¿Y cuál es tu petición? Hasta te será dada a la mitad del reino

4 Y Ester respondió: Si al rey le parece bien, venga hoy el rey y Amán al banquete que le he preparado.

5 Entonces el rey dijo: Dad prisa á Amán, para que haga como Ester ha dicho. Y vinieron el rey y Amán al banquete que Ester había preparado.

6 Y el rey dijo á Ester en el banquete del vino: ¿Cuál es tu petición, y te será concedida? ¿Y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se hará.

7 Entonces respondió Ester, y dijo: Mi petición y mi petición es:

8 Si he hallado gracia en los ojos del rey, y si el rey quiere conceder mi petición y cumplir mi petición, venga el rey y Amán al banquete que yo prepararé para ellos, y haré mañana como el rey ha dicho.

9 Y salió aquel día Amán gozoso y alegre de corazón; mas viendo Amán á Mardochêo á la puerta del rey, no se levantó,

CAPÍTULO 6

ni se movió por él, estaba lleno de

indignación contra Mardoqueo.

10 Pero Amán se retuvo, y cuando llegó a casa, envió a llamar a sus amigos, y a Zeres su mujer

11 Y les contó Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas en que el rey lo había engrandecido, y cómo lo había engrandecido sobre los príncipes y siervos del rey.

12 Y dijo Amán: Y la reina Ester no dejó entrar á nadie con el rey al banquete que ella había preparado, sino á mí mismo: y mañana también yo le seré convidado con el rey.

13 Sin embargo, todo esto no me sirve de nada, mientras vea a Mardoqueo el judío sentado a la puerta del rey.

14 Entonces dijo Zeres su mujer y todos sus amigos a él: --Que se haga una horca de cincuenta codos de alto, y mañana hablarás al rey que Mardoqueo sea colgado sobre ella. Luego, entra alegremente con el rey al banquete. Y la cosa agradó a Amán, e hizo que se hiciera la horca

Asuero recompensa a Mardoqueo

Amán no sabe dar consejo

para que le honre, Suyo

Los amigos le dicen su destino.

1 Aquella noche el rey no pudo dormir, y mandó que trajeran el libro de las crónicas, y fueron leídos delante del rey.

2 Y se halló escrito que Mardoqueo había contado de Bigtana y de Teres, dos eunucos del rey, los guardianes de la puerta, que procuraban poner la mano sobre el rey Asuero.

3 Y el rey dijo: ¿Qué honra y dignidad se ha hecho a Mardoqueo por esto? Y los siervos del rey que le servían, dijeron: No se le ha hecho nada.

4 Y el rey dijo: ¿Quién está en el atrio? Y Amán había venido al patio de afuera de la casa del rey, para hablar al rey para colgar a Mardoqueo en la horca que le había preparado.

5 Y los siervos del rey le dijeron: He aquí Amán está en el atrio. Y el rey dijo: Entre.

6 Y entró Amán. Y el rey le dijo: ¿Qué ha de hacerse al varón al cual el rey desea honrar? Y Amán pensó en su corazón: ¿A quién se agradaría el rey hacer honra más que a mí mismo?

7 Y Amán respondió al rey: Porque el varón al cual el rey desea honrar,

8 Que se traigan las vestiduras reales que el rey usa para vestirse, el caballo sobre el que el rey monta, y la corona real que está puesta sobre su cabeza

9 Y que este vestido y caballo sea entregado a mano de uno de los príncipes más nobles del rey, para que vistan al hombre con quien el rey se complace en honrar, y lo lleven a caballo por la calle de la ciudad, y proclamen delante de él: Así se hará al hombre con quien el rey se complace en honrar.

10 Entonces el rey dijo a Amán: Date prisa, toma el vestido y el caballo, como has dicho, y haz así al judío Mardoqueo, que está sentado a la puerta del rey; que nada falte de todo lo que has dicho.

11 Entonces tomó Amán el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo llevó a caballo por la calle de la ciudad, y proclamó delante de él: Así se hará al hombre que el rey desea honrar.

12 Y Mardochêo volvió á la puerta del rey: mas Amán se apresuró á su casa, y cubrióse la cabeza.

13 Y Amán contó a Zeres su mujer y a todos sus amigos todo lo que le había acontecido. Entonces sus sabios y Zeres su mujer le dijeron: Si Mardoqueo es de la simiente de los judíos, delante de los cuales has tenido

CAPÍTULO 7

comienza a caer, no prevalecerás

contra él, pero seguramente caerá

antes que él.

14 Y estando aún hablando con él, vinieron los eunucos del rey, y se apresuraron a traer a Amán al banquete que Ester había preparado.

Esther hace traje para su propia vida

y de su pueblo -- El rey

Hace que Amán sea ahorcado.

1 Y vinieron el rey y Amán al banquete con la reina Ester.

2 Y el rey dijo otra vez á Ester el segundo día en el banquete del vino: ¿Cuál es tu petición, reina Ester? y te será concedida; ¿y cuál es tu petición? y se hará hasta la mitad del reino.

3 Entonces respondió la reina Ester, y dijo: Si he hallado gracia delante de tus ojos, oh rey, y si al rey le agrada, dadme mi vida á mi petición, y á mi pueblo á mi petición;

4 Porque somos vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y perecer; pero si hubiéramos sido vendidos por siervos y siervas, yo había guardado mi lengua, aunque el enemigo no podía contraatacar el daño del rey.

5 Entonces el rey Asuero respondió y dijo a la reina Ester: --¿Quién es él y dónde está

CAPÍTULO 8

que se atreva a hacer en su corazón

¿Y?

6 Y Ester dijo: El adversario y enemigo es este malvado Amán. Entonces Amán tuvo miedo delante del rey y de la reina.

7 Y el rey, levantándose del banquete del vino en su furor, entró en el huerto del palacio; y Amán se levantó para pedir su vida a la reina Ester, porque vio que el rey había determinado mal contra él.

8 Entonces el rey volvió del huerto del palacio al lugar del banquete del vino, y Amán cayó sobre la cama en que estaba Ester. Entonces dijo el rey: ¿También forzará a la reina delante de mí en la casa? Y saliendo la palabra de la boca del rey, cubrieron el rostro de Amán.

9 Y Harbona, uno de los eunucos, dijo delante del rey: He aquí también la horca de cincuenta codos de alto que Amán había hecho á Mardochêo, que había hablado bien por el rey, está en casa de Amán. Y el rey dijo: Colgadle en ella.

10 Así que colgaron a Amán en la horca que él había preparado para Mardoqueo. Entonces fue pacificada la ira del rey.

Mardoqueo avanzado -- Asuero

concede a los judíos para defender

ellos mismos... Alegría de los judíos.

1 Aquel día el rey Asuero dio la casa de Amán, enemigo de los judíos, a la reina Ester. Y Mardoqueo vino delante del rey, porque Ester le había dicho lo que era de ella

2 Y el rey quitó su anillo que había tomado de Amán, y lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán.

3 Y volvió Ester á hablar delante del rey, y postrándose á sus pies, le rogó con lágrimas que quitara la maldad de Amán Agageo, y su designio que había tramado contra los Judíos.

4 Entonces el rey extendió el cetro de oro a Ester. Ester se levantó y se puso de pie delante del rey

5 Y dijo: Si al rey le agrada, y si he hallado gracia delante de él, y el negocio parece justo delante del rey, y yo le complazco, escribase para revocar las cartas que Amán hijo de Hamedata Agageo, escribió para destruir a los judíos que están en todas las provincias del rey;

6 Porque ¿cómo podré yo soportar ver el mal que vendrá a mi pueblo? ¿O cómo podré soportar ver la destrucción de mi parentela?

7 Entonces el rey Asuero dijo a la reina Ester y a Mardoqueo el judío: He aquí, yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la horca, porque él puso sus manos sobre los judíos.

8 Escribed también vosotros a los judíos, como os apetezca, en el nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque la escritura que está escrita en el nombre del rey, y sellada con el anillo del rey, no puede ser revocada por nadie.

9 Entonces fueron llamados los escribas del rey en aquel tiempo en el mes tercero, es decir, el mes de Siván, a los tres y veinte días de él; y fue escrito conforme a todo lo que Mardoqueo mandó a los judíos, a los lugartenientes, y a los gobernadores y gobernadores de las provincias que son desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua, y a los judíos según su escritura y según su lengua.

10 Y escribió en nombre del rey Asuero, y sellólo con el anillo del rey, y envió cartas por postes a caballo, y jinetes en mulos, camellos, y dromedarios jóvenes;

11 En la cual el rey concedió a los judíos que estaban en cada ciudad que se reunieran, y que representaran su vida, para destruir,

matar, y hacer perecer, todos los

poder del pueblo y la provincia

que los atacaría, ambos poco

y mujeres, y tomar el

despojo de ellos como presa.

12 En un día en todas las provincias del rey Asuero, a saber, el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar.

13 La copia de la escritura para un mandamiento que se daría en cada provincia fue publicada a todo el pueblo, y que los judíos estarían listos para ese día para vengarse de sus enemigos.

14 Y salieron los postes que cabalgaban sobre mulos y camellos, y fueron apresurados y apretujados por el mandamiento del rey. Y el decreto fue dado en Susa el palacio.

15 Y salió Mardochêo de delante del rey, vestido de ropas reales de azul y blanco, y de gran corona de oro, y de lino fino y púrpura; y la ciudad de Susán se alegró y se alegró.

16 Los judíos tenían luz, alegría, gozo y honra.

17 Y en cada provincia y en cada ciudad, dondequiera que viniera el mandamiento del rey y su decreto, los judíos tenían gozo y alegría, fiesta y buen día. Y muchos del pueblo de la tierra se convirtieron en judíos, porque el temor de los judíos cayó sobre ellos.

CAPÍTULO 9

Los judíos matan a sus enemigos...

Asuero concede otro día de

matanza... los dos días de Purim.

1 En el mes duodécimo, es decir, el mes de Adar, a los trece días de aquel, cuando se acercaron el mandamiento del rey y su decreto para ser ejecutados, el día que los enemigos de los judíos esperaban tener poder sobre ellos (aunque se volvió al contrario, que los judíos tenían dominio sobre los que los aborrecían),

2 Los judíos se reunieron en sus ciudades por todas las provincias del rey Asuero, para poner mano sobre los que buscaban su mal; y nadie podía resistirlos, porque el temor de ellos cayó sobre todo el pueblo.

3 Y todos los príncipes de las provincias, y los príncipes, y los gobernadores, y los gobernadores del rey, ayudaron á los Judíos; porque el temor de Mardochêo cayó sobre ellos.

4 Porque Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama se había extendido por todas las provincias; porque este hombre Mardoqueo se hacía cada vez mayor.

5 Así los judíos hirieron a todos sus enemigos con el golpe de espada, y la matanza, y la destrucción, e hicieron lo que quisieron a los que los aborrecían.

6 Y en Susa el palacio los judíos mataron y destruyeron a quinientos hombres.

7 Parshandatha, Dalfón, Aspata

8 Y porata, y Adalia, y Aridatha,

9 Parmasta, Arisai, Aridai y V ajezata

10 Los diez hijos de Amán hijo de Hamedata, enemigo de los judíos, los mataron; pero sobre el botín no pusieron su mano.

11 Ese día, el número de los muertos en Susa fue presentado ante el rey.

12 Y el rey dijo á la reina Ester: Los Judíos han matado y destruido quinientos hombres en Susa el palacio, y los diez hijos de Amán: ¿qué han hecho en las otras provincias del rey? ¿cuál es ahora tu petición, y te será concedida, ó cuál es tu petición más? y se hará.

13 Entonces Ester dijo: Si al rey le agrada, que se conceda a los judíos que están en Susa hacer mañana también conforme al decreto de este día, y que los diez hijos de Amán sean colgados en la horca.

14 Y mandó el rey que se hiciera así; y fué dada la orden en Susán, y colgaron á los diez hijos de Amán.

15 Porque los judíos que estaban en Susa se juntaron también el día catorce del mes de Adar, y mataron en Susa a trescientos hombres; mas no pusieron su mano sobre la presa.

16 Mas los otros judíos que estaban en las provincias del rey se juntaron, y se pusieron en pie por sus vidas, y tuvieron reposo de sus enemigos, y mataron de sus enemigos setenta y cinco mil, mas no pusieron sus manos sobre la presa;

17 A los trece días del mes de Adar, y á los catorce días de aquel día reposaron, é hicieron de él día de banquete y de alegría.

18 Mas los Judíos que estaban en Susán se juntaron á su decimotercer día, y á su decimocuarto día; y á los quince días de aquel día descansaron, é hicieron de él día de banquete y de alegría.

19 Por eso los judíos de las aldeas que habitaban en las ciudades sin muro hicieron de Adar un día de alegría y de banquetes, y de buen día, y de enviar porciones unos a otros.

20 Mardoqueo escribió estas cosas, y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cerca y lejos,

21 Para que esto lo conste entre ellos, para que guarden cada año el día catorce del mes de Adar, y el día quince del mismo.

22 Como los días en que los judíos reposaron de sus enemigos, y el mes que se les había vuelto de tristeza en gozo, y de luto en buen día,

deben hacer que sean días de banquete

y alegría, y de enviar porciones

el uno al otro, y regalos a los pobres.

23 Y los Judíos se comprometieron a hacer como habían comenzado, y como Mardoqueo les había escrito:

24 Porque Amán hijo de Hamedata, el Agageo, enemigo de todos los judíos, había ideado contra los judíos para destruirlos, y había echado Pur, es decir, la suerte, para consumirlos y destruirlos

25 Pero cuando Ester vino delante del rey, mandó por cartas que su mala intención, que había ideado contra los judíos, volviera sobre su propia cabeza, y que él y sus hijos fueran colgados en la horca.

26 Por tanto llamaron estos días Purim al nombre de Pur. Por tanto, por todas las palabras de esta carta, y por las que habían visto acerca de este asunto, y que habían venido a ellos,

27 Los judíos ordenaron, y tomaron sobre ellos, y sobre su simiente, y sobre todos los que se juntaban á ellos, para que no faltase, guardasen estos dos días conforme á su escritura, y conforme á su tiempo cada año;

28 Y que estos días sean recordados y guardados en todas las generaciones, en todas las familias, en todas las provincias y en todas las ciudades; y que estos días de Purim no

EL LIBRO DE JOB

de entre los judíos, ni de los

memorial de ellos perecen de su

semillas.

29 Entonces la reina Ester, hija de Abihail, y Mardoqueo el judío, escribieron con toda autoridad, para confirmar esta segunda carta de Purim.

30 Y envió las cartas á todos los Judíos, á las ciento veintisiete provincias del reino de Assuero, con palabras de paz y de verdad;

31 Para confirmar estos días de Purim en sus tiempos señalados, según Mardoqueo el judío y la reina Ester les habían ordenado, y como habían decretado para sí mismos y para su descendencia, los asuntos de los ayunos y su clamor.

32 Y el decreto de Ester confirmó estos asuntos de Purim, y estaba escrito en el libro.

CAPÍTULO 10

La grandeza de Asuero, la de Mardoqueo

avance.

1 Y el rey Asuero impuso tributo sobre la tierra y sobre las islas del mar.

2 Y todos los hechos de su poder y de su poder, y la declaración de la grandeza de Mardoqueo, a lo cual el rey le encargó, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Media y Persia?

3 Porque Mardoqueo el judío era el siguiente al rey Asuero, y grande entre los judíos, y aceptado de

la multitud de sus hermanos,

buscando la riqueza de su pueblo,

y hablar paz a toda su descendencia.

CAPÍTULO 1

El cuidado de Job para sus hijos - Satanás obtiene permiso para tentar a Job

-- La integridad de Job.

1 Había un hombre en la tierra de Uz, que se llamaba Job; y aquel hombre era perfecto y recto, y temeroso de Dios, y evitaba el mal.

2 Y le nacieron siete hijos y tres hijas.

3 Su hacienda era también siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientos yuntas de bueyes, y quinientos asnos, y una muy grande casa; de modo que este hombre era el mayor de todos los hombres del oriente.

4 Y fueron sus hijos, y se dieron un banquete en sus casas, cada uno en su día; y enviaron, y llamaron á sus tres hermanas á comer y á beber con ellas.

5 Y aconteció que, cuando pasaron los días de su banquete, Job los envió y los santificó, y se levantó de mañana, y ofreció holocaustos conforme al número de todos ellos; porque Job dijo: Quizás mis hijos pecaron y maldijeron a Dios en sus corazones. Así hizo Job continuamente.

6 Y hubo un día cuando los hijos de Dios vinieron para presentarse delante del Señor, y Satanás vino también entre ellos.

7 Y Jehová dijo á Satanás: ¿De dónde vienes? Entonces Satanás respondió á Jehová, y dijo: De ir y venir por la tierra, y de andar en ella.

8 Y Jehová dijo á Satanás: ¿Has considerado á mi siervo Job que no hay hombre perfecto y recto como él en la tierra, que tema á Dios, y que se aparte del mal?

9 Entonces Satanás respondió al Señor, y dijo: --¿No teme Job a Dios de nada

10 ¿No le has cercado, y á su casa, y á todo lo que tiene de todas partes? Bendijiste la obra de sus manos, y su hacienda se ha multiplicado en la tierra.

11 Pero extiende ahora tu mano, y toca todo lo que tiene, y te maldecirá en tu rostro.

12 Y Jehová dijo á Satanás: He aquí todo lo que tiene está en tu poder; solamente sobre sí no extendiere tu mano. Y salió Satanás de delante de Jehová.

13 Y hubo un día cuando sus hijos y sus hijas comían y bebían vino en casa de su hermano mayor;

14 Y vino un mensajero á Job, y dijo: Los bueyes eran

arar, y los asnos alimentando

junto a ellos;

15 Y los Sabeos cayeron sobre ellos, y se los llevaron; y aun mataron a filo de espada a los siervos; y yo sólo he escapado para darte la noticia.

16 Y estando él hablando, vino otro, y dijo: El fuego de Dios ha caído del cielo, y ha quemado las ovejas y los siervos, y las ha consumido; y yo sólo he escapado para decirte.

17 Y estando él hablando, vino otro, y dijo: Los Caldeos hicieron tres cuadrillas, y cayeron sobre los camellos, y los llevaron, y mataron á cuchillo á los siervos; y yo sólo escapé para decirtelo.

18 Y estando él hablando, vino otro, y dijo: Tus hijos y tus hijas comían y bebían vino en casa de allí el hermano mayor;

19 Y he aquí un gran viento que venía del desierto, é hirieron los cuatro ángulos de la casa, y cayó sobre los criados, y murieron; y yo sólo he escapado para darte la noticia.

20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto, y rasgó su cabeza, y se postró en tierra y adoró,

21 Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo

Volveré allá; el Señor dio,

y el Señor se lo ha quitado;

bendito sea el nombre del Señor.

22 En todo esto Job no pecó, ni acusó a Dios tontamente.

CAPÍTULO 2

Satanás obtiene más permiso para

tenta a Job, con quien le golpea

Duele mucho, Job reprende a su mujer

- Sus amigos se condolen con él.

1 Hubo otra vez un día en que los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor, y Satanás vino también entre ellos para presentarse delante del Señor.

2 Y Jehová dijo á Satanás: ¿De dónde vienes? Y Satanás respondió á Jehová, y dijo: De ir y venir por la tierra, y de andar en ella.

3 Y Jehová dijo á Satanás: ¿Has considerado á mi siervo Job que no hay otro semejante á él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal? Y aun él retiene su integridad, aunque tú me conmoviste contra él, para destruirlo sin causa.

4 Y Satanás respondió al Señor, y dijo: Piel por piel, y todo lo que tiene, dará por su vida.

5 Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y él te maldecirá en tu rostro.

6 Y Jehová dijo á Satanás: He aquí está en tu mano, mas salva su vida.

7 Y salió Satanás de delante de Jehová, é hirió á Job con llagas desde la planta de su pie hasta su corona.

8 Y tomóle un tiesto para rasparse con él, y se sentó entre las cenizas.

9 Entonces su mujer le dijo: --¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muere

10 Y él le dijo: Como habla una de las mujeres necias, ¿qué? ¿recibiremos bien de la mano de Dios, y no recibiremos mal? En todo esto no pecó Job con sus labios.

11 Cuando los tres amigos de Job oyeron de todo este mal que había venido sobre él, cada uno vino de su propio lugar: Elifaz el Temanita, y Bildad el Suhita, y Zofar el Naamatita; porque habían hecho una cita juntos para venir a llorar con él, y para consolarlo.

12 Y alzando sus ojos de lejos, y no le conocieron, alzaron su voz y lloraron; y rasgaron cada uno su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.

13 Y se sentaron con él en tierra siete días y siete noches, y nadie le habló palabra; porque vieron que su aflicción era muy grande.

CAPÍTULO 3

Job maldice el día de su nacimiento - La facilidad de la muerte - Él

Quejarse de la vida.

1 Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.

2 Y habló Job, y dijo:

3 Que perezca el día en que nací, y la noche en que se dijo: Un varón es concebido.

4 Que ese día sea oscuridad; que Dios no lo considere desde lo alto, ni que la luz brille sobre él.

5 Que tiñen las tinieblas y la sombra de la muerte; que la nube more sobre ella; que la oscuridad del día la atemorice.

6 En cuanto a esa noche, que las tinieblas se apoderen de ella; que no se unan a los días del año, que no entre en el número de los meses.

7 ¡Que la noche sea solitaria! ¡Que no se oiga en ella una voz alegre!

8 Que maldigan el día que maldice, que están dispuestos a levantar su duelo.

9 Que las estrellas del crepúsculo de ella sean oscuras; que busque luz, pero no la tenga; que no vea el amanecer del día

10 Porque no cerraba las puertas del vientre de mi madre, ni escondía de mis ojos el dolor.

11 ¿Por qué no morí yo desde el vientre? ¿Por qué no di el fantasma cuando salí del vientre?

12 ¿Por qué las rodillas me impidieron? ¿O por qué los pechos que debería chupar?

13 Porque ahora, si me hubiera quedado quieto y callado, habría dormido; entonces, si hubiera descansado,

14 Con reyes y consejeros de la tierra, que edificaron para sí lugares desolados;

15 O con príncipes que tenían oro, que llenaban sus casas de plata;

16 O como un nacimiento oculto y prematuro que no había sido; como bebés que nunca vieron la luz.

17 Allí los impíos dejan de preocuparse, y allí descansan los cansados

18 Allí descansan los presos; no oyen la voz del opresor.

19 Allí están los pequeños y los grandes; y el siervo está libre de su señor.

20 Por lo cual es dada luz al que está en la miseria, y vida al que está amargado en el alma;

21 Que anhelan muerte, mas no viene; Y cavad para ella más que para tesoros escondidos;

22 ¿Los cuales se regocijan en gran manera, y se alegran, cuando pueden hallar la tumba?

23 ¿Por qué se da luz a un hombre cuyo camino está escondido, y en quien Dios ha cubierto?

24 Porque mi gemido viene antes que yo coma, Y mis rugidos son derramados como las aguas.

25 Porque lo que yo temía en gran manera ha venido sobre mí, y lo que yo temía ha venido a mí.

26 No estaba en seguridad, ni había descansado, ni estaba tranquilo; pero vino la angustia.

CAPÍTULO 4

Elifaz reprende a Job.

1 Entonces Elifaz, el Temanita, respondió y dijo:

2 Si te decimos que te comulguemos, ¿te afligirás? ¿Pero quién puede negarse a hablar?

3 He aquí que tú has instruido a muchos, y has fortalecido a las manos débiles.

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