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Sello de La Voz de Amonestación La Voz de AmonestaciónEstudia. Discierne. Prepárate. Sé una voz.
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ES · LDS/SUD

Holy Scriptures - Inspired Version

Parte 30

8 Y el rey dijo á la mujer: Ve á tu casa, y yo te mandaré.

9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Rey señor mío, la iniquidad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre; y el rey y su trono sean inocentes.

10 Y el rey dijo: Cualquiera que te dijere algo, tráelo á mí, y no te tocará más.

11 Entonces ella dijo: Te ruego que te acuerdes de Jehová tu Dios, que no dejes que los vengadores de sangre destruyan más, para que no destruyan a mi hijo. Y él dijo: Vive Jehová, que no caerá un cabello de tu hijo á tierra.

12 Entonces la mujer dijo: --¡Te ruego que digas una palabra a mi señor el rey! Y él dijo: --Di

13 Y la mujer dijo: ¿Por qué pues has pensado tal cosa contra el pueblo de Dios? porque el rey habla esto como un hombre que es defectuoso, porque el rey no vuelve a traer a casa a su desterrado.

14 Porque es necesario que muramos, y seamos como agua derramada en la tierra, que no puede ser recogida de nuevo; ni Dios respeta a nadie; pero él piensa en medios,

que su desterrado no sea expulsado

de él.

15 Ahora pues, que he venido a hablar de esto a mi señor el rey, es porque el pueblo me ha hecho temer; y tu sierva dijo: Ahora hablaré al rey; puede que el rey cumpla la petición de su sierva.

16 Porque el rey oirá, para librar a su sierva de la mano del hombre que me destruiría a mí y a mi hijo juntos de la heredad de Dios.

17 Entonces tu sierva dijo: Ahora será cómoda la palabra de mi señor el rey; porque como ángel de Dios, así es mi señor el rey para discernir lo bueno y lo malo; por tanto Jehová tu Dios será contigo.

18 Entonces el rey respondió y dijo a la mujer: --No me escondas, te ruego, lo que te pediré. Y la mujer dijo: --Habla ahora mi señor el rey

19 Y el rey dijo: ¿No está contigo la mano de Joab en todo esto? Y la mujer respondió, y dijo: Vive tu alma, rey señor mío, que nadie se volverá á la diestra ni á la siniestra de lo que mi señor el rey ha dicho; porque tu siervo Joab me ha dicho, y ha puesto todas estas palabras en la boca de tu sierva.

20 Para hacer esto, tu siervo Joab hizo esto; y mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para saber todas las cosas que están en la tierra.

21 Y el rey dijo á Joab: He aquí ahora que yo he hecho esto: ve, pues, y haz volver al mozo Absalom.

22 Y Joab cayó en tierra sobre su rostro, y postrándose, dio gracias al rey; y dijo Joab: Hoy tu siervo sabe que he hallado gracia delante de tus ojos, oh rey señor mío, en cuanto el rey ha cumplido la petición de su siervo.

23 Entonces Joab se levantó y fue a Gesur, y llevó a Absalón a Jerusalén.

24 Y el rey dijo: Vuélvete á su casa, y no vea mi rostro. Y volvióse Absalom á su casa, y no vió el rostro del rey.

25 Pero en todo Israel no había quien fuera tan alabado como Absalón por su hermosura; desde la planta de su pie hasta la corona de su cabeza no había en él defecto.

26 Y cuando él se hizo una encuesta en la cabeza, (porque era al fin de cada año que lo hacía, porque el cabello se le agravó, por lo que lo hizo;) pesó el cabello de su cabeza a doscientos siclos según el peso del rey.

27 Y á Absalom nacieron tres hijos, y una hija, que se llamaba Tamar: era mujer de hermoso rostro.

CAPÍTULO 15

28 Y vivió Absalón dos años completos en Jerusalén, y no vio el rostro del rey.

29 Por eso Absalón mandó llamar a Joab para que lo enviara al rey, pero no quiso venir a él; y cuando volvió a enviarlo por segunda vez, no quiso venir.

30 Y dijo á sus siervos: Mira, el campo de Joab está cerca mío, y allí tiene cebada; ve, y prende fuego. Y los siervos de Absalom prendieron fuego al campo.

31 Entonces Joab se levantó y vino a Absalón a su casa, y le dijo: --¿Por qué han incendiado tus siervos mi campo

32 Y Absalom respondió á Joab: He aquí yo te envié, diciendo: Ven acá, y te enviaré al rey, para que digas: ¿Por qué he venido de Gesur? Me había sido bien estar allí todavía; por tanto, ahora déjame ver el rostro del rey; y si hubiere iniquidad en mí, que me mate.

33 Entonces Joab vino al rey, y díjole: y llamando á Absalom, vino al rey, é inclinóse sobre su rostro á tierra delante del rey; y el rey besó á Absalom.

Absalón roba los corazones de

Israel, Él hace un grande

conspiración -- David floeth de

Jerusalén, David y su

empresa subir monte Olivet

Llorando, maldijo el de Ahitofel

abogado.

1 Y aconteció después de esto, que Absalom le preparó carros y caballos, y cincuenta hombres para correr delante de él.

2 Y levantándose Absalom de mañana, se paró junto al camino de la puerta, y fué que cuando alguno que tenía pleito vino al rey para juicio, Absalom le llamó, y dijo: ¿De qué ciudad eres? Y él respondió: Tu siervo es de una de las tribus de Israel.

3 Y Absalom le dijo: Mira, tus asuntos son buenos y rectos; mas no hay quien te oiga por causa del rey.

4 Y dijo Absalom: ¡Oh, que yo fui hecho juez en la tierra, para que venga á mí todo hombre que tiene pleito o causa, y yo le haga justicia!

5 Y aconteció que, cuando alguno se le acercó para rendirle reverencia, extendió la mano, y tomándole, le besó.

6 Así hizo Absalón a todo Israel que había venido al rey para juzgarlo. Absalón robó el corazón de los israelitas

7 Y aconteció que después de cuarenta años, Absalom dijo al rey: Te ruego que vayas y pagues mi voto que he hecho a Jehová en Hebrón.

8 Porque tu siervo hizo voto mientras yo estaba en Gesur, en Siria,

diciendo: Si el Señor me trajere

de nuevo a Jerusalén, entonces yo

servirá al Señor.

9 Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y se fue á Hebrón.

10 Y envió Absalom espías por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oyereis el sonido de la trompeta, diréis: Absalom reina en Hebrón.

11 Y salieron con Absalom doscientos hombres de Jerusalem, los cuales eran llamados; y fueron en su sencillez, y no sabían nada.

12 Y envió Absalom á buscar á Ahitofel Gilonita, consejero de David, de su ciudad, de Gilo, cuando ofrecía sacrificios. Y la conspiración fué fuerte; porque el pueblo crecía continuamente con Absalom.

13 Y vino un mensajero á David, diciendo: Los corazones de los de Israel están tras Absalom.

14 Y dijo David á todos sus siervos que estaban con él en Jerusalem: Levántate, y huyamos, porque no escaparemos más de Absalom: date prisa á partir, porque no nos alcance de repente, y nos traiga mal, y hiera la ciudad á filo de espada.

15 Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí tus siervos están listos para hacer todo lo que mi señor el rey ha de poner.

16 Y salió el rey, y toda su casa tras él. Y dejó el rey diez mujeres que eran concubinas, para guardar la casa.

17 Y salió el rey, y todo el pueblo tras él, y se quedó en un lugar lejano.

18 Y pasaron todos sus siervos junto á él; y todos los Ceretheos, y todos los Peletheos, y todos los Githeos, seiscientos hombres que venían tras él de Gath, pasaron delante del rey.

19 Entonces el rey dijo a Itai geteo: --¿Por qué también tú vas con nosotros? Vuelve a tu lugar y quédate con el rey, porque eres un extranjero y también un desterrado

20 Mientras que tú viniste ayer, ¿debería yo hacerte hoy subir y bajar con nosotros? Ya que voy a donde pueda, tú vuelves y vuelves a tus hermanos: misericordia y verdad sean contigo.

21 Y Ittai respondió al rey, y dijo: Vive Jehová, y vive mi señor el rey, que en qué lugar será mi señor el rey, sea en muerte ó en vida, allí también estará tu siervo.

22 Y David dijo á Ittai: Ve, y pasa. Y Ittai Getheo pasó, y todos sus hombres, y todos los niños que estaban con él.

23 Y toda la tierra lloró á gran voz, y todo el pueblo pasó; y el rey pasó también el torrente de Cedrón, y el rey pasó.

todo el pueblo pasó, hacia

el camino del desierto.

24 Y he aquí Sadoc, y todos los Levitas estaban con él, llevando el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca de Dios, y subió Abiatar, hasta que todo el pueblo hubo acabado de salir de la ciudad.

25 Y el rey dijo á Sadoc: Lleva el arca de Dios á la ciudad; si hallare gracia á los ojos de Jehová, él me hará volver, y me mostrará la arca y su habitación.

26 Pero si así dice, no me deleito en ti; he aquí yo, que me haga como le pareciere bien.

27 Y el rey dijo al sacerdote Sadoc: ¿No eres tú vidente? vuélvete en paz á la ciudad, y tus dos hijos contigo, Ahimaas tu hijo, y Jonathán hijo de Abiatar.

28 Mira, me quedaré en la llanura del desierto, hasta que venga una orden tuya para certificarme.

29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron a llevar el arca de Dios a Jerusalén, y se quedaron allí

30 Y subió David junto á la subida del monte de los Olivos, y lloró como subía, y cubrióse la cabeza, y fuése descalzo; y todo el pueblo que estaba con él, cubrió cada uno su cabeza, y subieron llorando como subían.

31 Y uno dio aviso á David, diciendo: Ahitofel está entre los conspiradores con Absalom. Y David respondió: Jehová, te ruego que conviertas el consejo de Ahitofel en locura.

32 Y aconteció que cuando David llegó á la cumbre del monte, donde adoraba á Dios, he aquí Husai Archito vino á recibirle con su túnica rota, y tierra sobre su cabeza.

33 A quien David dijo: Si tú pasas conmigo, serás para mí una carga.

34 Y si te vuelves á la ciudad, y dijeres á Absalom: Yo seré tu siervo, oh rey; como hasta ahora he sido siervo de tu padre, así también yo seré ahora siervo tuyo; pues tú me defraudarás el consejo de Ahitofel.

35 ¿No tienes allí contigo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Por eso, todo lo que oigas de la casa del rey, lo dirás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar

36 He aquí que tienen allí con ellos sus dos hijos, Ahimaas hijo de Sadoc, y el hijo de Jonathán Abiatar; y por ellos me enviaréis todo lo que oigais.

37 Y vino Husai amigo de David á la ciudad, y Absalom vino á Jerusalem.

CAPÍTULO 16

Simei maldice a David -- David

se abstiene de la venganza...

El consejo de Ahitofhel.

1 Y como David pasó un poco más allá de la cumbre del monte, he aquí que Siba siervo de Mefi-boset le salió al encuentro, y ensillaron un par de asnos, y sobre ellos doscientos panes, y cien sarmientos de pasas, y cien frutos de verano, y un odre de vino.

2 Y el rey dijo á Siba: ¿Qué quieres con esto? Y Siba respondió: Los asnos sean para que la casa del rey cabalgue; y el pan y el fruto de verano para que coman los criados; y el vino, para que beban los que están cansados en el desierto.

3 Y el rey dijo: ¿Y dónde está el hijo de tu señor? Y Siba respondió al rey: He aquí que él está en Jerusalem, porque él dijo: Hoy me restaurará la casa de Israel el reino de mi padre.

4 Entonces el rey dijo a Siba: --He aquí, todo lo que es tuyo es de Mefiboset. Y Siba dijo: --¡Te ruego humildemente que encuentre gracia en tus ojos, oh rey señor mío

5 Y cuando el rey David vino a Bajurím, he aquí de allí un varón de la familia de la casa de Saúl, que se llamaba Simei hijo de Gera; y salió, y maldijo aún cuando venía.

6 Y echó piedras á David y á todos los siervos del rey David: y todo el pueblo y todos los valientes estaban á su diestra y á su siniestra.

7 Y así dijo Simei cuando maldijo: Sal, sal, hombre sanguinario, y hombre de Belial:

8 Jehovah ha vuelto sobre ti toda la sangre de la casa de Saúl, en cuyo lugar has reinado, y Jehovah ha entregado el reino en manos de tu hijo Absalón. He aquí que estás en tu mal, porque eres un hombre sanguinario

9 Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: --¿Por qué maldecirá este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que pase y le quite la cabeza

10 Y el rey dijo: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Así maldiga, porque Jehová le ha dicho: Maldito David. ¿Quién entonces dirá: ¿Por qué has hecho esto?

11 Y David dijo á Abisai y á todos sus siervos: He aquí mi hijo, que salió de mis entrañas, procura mi vida: ¿cuánto más ahora lo hará este Benjamín? Déjalo, y maldícelo, porque Jehová le ha mandado.

12 Puede que Jehovah mire mi aflicción y me retribuya por su maldicion hoy

CAPÍTULO 17

13 Y yendo David y sus hombres por el camino, Simei iba delante de él por el lado del monte, y maldijo mientras iba, y le arrojó piedras, y echó polvo.

14 Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, vinieron cansados, y se refrescaron allí.

15 Y vino Absalom, y todo el pueblo de Israel, y Achitophel con él.

16 Y aconteció que cuando Husai Archite, amigo de David, vino a Absalón, Husai dijo a Absalón: --¡Dios salve al rey, Dios salve al rey

17 Y Absalom dijo á Husai: ¿Es ésta tu misericordia á tu amigo? ¿por qué no fuiste con tu amigo?

18 Y Husai dijo á Absalom: No; mas al cual Jehová, y este pueblo, y todos los varones de Israel, escogieren, yo seré suyo, y con él permaneceré.

19 Y otra vez, ¿a quién debo servir? ¿no debería servir en presencia de su hijo? Como he servido en presencia de tu padre, así estaré en tu presencia.

20 Entonces Absalón dijo a Ahitofel: --Den entre ustedes un consejo sobre lo que haremos

21 Y Ahitofel dijo á Absalom: Entra á las concubinas de tu padre, que dejó para guardar la casa; y todo Israel oirá que eres aborrecido de tu padre; y serán fuertes las manos de todos los que están contigo.

22 Y pusieron a Absalón una tienda sobre la cumbre de la casa; y entró Absalón a las concubinas de su padre, a la vista de todo Israel.

23 Y el consejo de Ahitofel, que él aconsejó en aquellos días, era como si un hombre hubiera preguntado por el oráculo de Dios; así fue todo el consejo de Ahitofel, tanto con David como con Absalón.

Ahitofel se ahorca...

Amasa fue nombrado capitán.

1 Y Ahitofel dijo á Absalom: Dejadme ahora escoger doce mil hombres, y yo me levantaré y seguiré á David esta noche:

2 Y yo vendré sobre él, estando cansado y débilmente, y le haré temer; y todo el pueblo que está con él huirá, y heriré solamente al rey;

3 Y haré volver a ti todo el pueblo; el hombre que tú buscas es como si todos se volvieran; así todo el pueblo estará en paz.

4 Y agradó bien la palabra a Absalón, y a todos los ancianos de Israel.

5 Entonces Absalón dijo: Llama también ahora a Husai Archito, y oigamos lo mismo que él dice.

6 Y cuando Husai vino a Absalón, Absalón le habló, diciendo: Ahitofel ha hablado

según esta manera; ¿haremos después

si no, habla tú.

7 Y Husai dijo á Absalom: El consejo que Ahitofel ha dado no es bueno en este tiempo.

8 Porque, dijo Husai, tú conoces a tu padre y a sus hombres, que son valientes, y que se les irrita en sus mentes, como un oso robado de sus cachorros en el campo; y tu padre es hombre de guerra, y no se hospedará con el pueblo.

9 He aquí que ahora está escondido en algún hoyo, ó en otro lugar: y sucederá que cuando algunos de ellos se derriben al principio, cualquiera que lo oyere dirá: Entre el pueblo que sigue á Absalom, hay matanza.

10 Y el valiente, cuyo corazón es como el corazón de león, se derretirá del todo; porque todo Israel sabe que tu padre es valiente, y que los que están con él son valientes.

11 Por tanto, yo aconsejo que todo Israel sea reunido a ti, desde Dan hasta Beerseba, como la arena que está junto al mar por multitud, y que vayas a la batalla en tu propia persona.

12 Así iremos sobre él en algún lugar donde sea hallado, y le alumbraremos como el rocío cae sobre la tierra; y de él y de todos los hombres que están con él no quedará ni uno.

13 Y si fuere metido en una ciudad, todo Israel traerá cuerdas a aquella ciudad, y la arrastraremos al río, hasta que no se halle allí piedra pequeña.

14 Y Absalom y todos los hombres de Israel dijeron: Mejor es el consejo de Husai Archite que el consejo de Ahitofel; porque Jehová había determinado que se desbaratara el buen consejo de Ahitofel, para que Jehová hiciese mal sobre Absalom.

15 Entonces dijo Husai a Sadoc y a Abiatar los sacerdotes: Así y así aconsejó Ahitofel a Absalón y a los ancianos de Israel; y así y así he aconsejado.

16 Envía pues ahora presto, y di á David, diciendo: No os alojéis esta noche en los campos del desierto, sino pasad presto, para que no sea tragado el rey, y todo el pueblo que con él está.

17 Jonatán y Ahimaas se quedaron junto a En-rogel, porque no se les podía ver entrar en la ciudad; y fue una muchacha y les dio aviso, y fueron y dieron aviso al rey David.

18 Pero un muchacho los vio y dio aviso a Absalón, pero ambos se fueron pronto, y llegaron a la casa de un hombre en Bahurím, que tenía un pozo en su patio; adonde descendieron.

19 Y la mujer tomó y extendió una cubierta sobre la boca del pozo, y extendió sobre él grano molido; y no se sabía la cosa.

CAPÍTULO 18

20 Y cuando los criados de Absalom vinieron a la mujer a la casa, dijeron: ¿Dónde están Ahimaas y Jonatán? Y la mujer les dijo: Pasaron el arroyo de las aguas. Y como los buscaron y no los pudieron hallar, volvieron a Jerusalén.

21 Y aconteció que después que se fueron, subieron del pozo, y fueron y dieron aviso al rey David, y dijeron a David: Levántate, y pasa presto sobre las aguas; porque así ha aconsejado Ahitofel contra ti.

22 Entonces David se levantó, y todo el pueblo que con él estaba, y pasaron el Jordán; a la luz de la mañana no le faltaba ninguno de los que no había pasado el Jordán.

23 Y como Achitophel vio que su consejo no se seguía, ensilló su asno, y levantóse, y le fue á su casa, á su ciudad, y puso en orden su casa, y ahorcóse, y murió, y fué sepultado en el sepulcro de su padre.

24 Entonces David llegó a Mahanaim. Absalón pasó el Jordán con todos los hombres de Israel.

25 Y puso Absalom á Amasa por capitán de los ejércitos en lugar de Joab, el cual Amasa era hijo de un varón, que se llamaba Itra Israelita, y que había entrado á Abigail hija de Nahas, hermana de Sarvia madre de Joab.

26 Así Israel y Absalón acamparon en la tierra de Galaad.

27 Y aconteció que cuando David vino á Mahanaim, Sobi hijo de Nahas de Rabá, de los hijos de Ammón, y Maquir hijo de Amiel de Lo-debar, y Barzilai Galaadita de Rogelim,

28 Trajo camas, y tazones, y vasos de barro, y trigo, y cebada, y harina, y trigo seco, y habas, y lentejas, y legumbres secas,

29 Y miel, y mantequilla, y ovejas, y queso de vacas, para que coma David, y para el pueblo que con él estaba; porque decían: El pueblo tiene hambre, y está cansado, y sediento, en el desierto.

David da la orden de Absalón - Los israelitas mataron - Absalón es

David está de luto por los muertos

Absalón.

1 Y David contó el pueblo que estaba con él, y puso sobre ellos capitanes de millares, y capitanes de centenas.

2 Y envió David la tercera parte del pueblo bajo la mano de Joab, y la tercera parte bajo la mano de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la tercera parte bajo la mano de Ittai geteo. Y el rey dijo al pueblo: Yo también saldré contigo.

3 Pero el pueblo respondió: No saldrás; porque si huimos, no se preocuparán de nosotros; ni si la mitad de nosotros muere, se preocuparán de nosotros; mas ahora vales diez mil de nosotros; por tanto, ahora es mejor que nos socorres fuera de la ciudad.

4 Y el rey les dijo: Lo que mejor os parezca haré. Y el rey se paró junto á la puerta, y todo el pueblo salió por ciento y por millares.

5 Y mandó el rey á Joab, y á Abisai y á Ittai, diciendo: Haced bien por mí al mozo, á Absalom. Y todo el pueblo oyó cuando el rey dió orden á todos los capitanes acerca de Absalom.

6 Y salió el pueblo al campo contra Israel, y la batalla estaba en el bosque de Ephraim.

7 Y el pueblo de Israel fue muerto delante de los siervos de David, y hubo aquel día una gran matanza de veinte mil hombres.

8 Porque la batalla estaba esparcida sobre la faz de toda la tierra; y aquel día la leña devoraba más gente que la espada.

9 Y salió Absalom al encuentro de los siervos de David. Y subió Absalom sobre una mula, y la mula se metió debajo de las ramas gruesas de una gran encina, y su cabeza se apoderó de la encina, y fue tomado entre el cielo y la tierra; y la mula que estaba debajo de él se fue.

10 Y viólo un hombre, y dió aviso á Joab, y dijo: He aquí yo he visto á Absalom colgado en una encina.

11 Y Joab dijo al hombre que le había dado la nueva: Y he aquí tú lo has visto, ¿por qué no lo has herido allí en tierra? Y yo te habría dado diez siclos de plata, y un cinto.

12 Y aquel hombre dijo á Joab: Aunque yo recibiese mil siclos de plata en mi mano, no extendiera mi mano contra el hijo del rey; porque el rey te mandó á nosotros, y á Abisai y á Ittai, diciendo: Guardaos que ninguno toque al mozo Absalom.

13 De otra manera habría hecho mentira contra mi vida; porque no hay cosa oculta al rey, y tú mismo te hubieras puesto contra mí.

14 Entonces dijo Joab: No podré quedarme contigo así. Y tomó tres dardos en su mano, y los metió en el corazón de Absalón, estando aún vivo en medio de la encina.

15 Y diez jóvenes que llevaban las armas de Joab rodearon y golpearon a Absalón, y lo mataron.

16 Y Joab tocó la trompeta, y el pueblo volvió de perseguir á Israel; porque Joab retenía al pueblo.

17 Y tomaron á Absalom, y echándole en un gran hoyo en el bosque, pusieron sobre él un gran montón de piedras; y todo Israel huyó cada uno á su tienda.

18 Absalón en su vida había tomado y levantado para sí una columna, que está en el valle del rey; porque él dijo: No tengo hijo que guarde mi nombre en memoria; y llamó a la columna según su nombre; y se llama hasta hoy, el lugar de Absalón.

19 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: --¡Huya yo ahora y lleve el rey la noticia de que Jehovah le ha vengado de sus enemigos

20 Y Joab le dijo: No darás la noticia hoy, mas darás la noticia otro día; mas hoy no darás la noticia, porque el hijo del rey ha muerto.

21 Entonces Joab dijo a Cusi: --Ve a contar al rey lo que has visto. Y Cusi se inclinó ante Joab y corrió

22 Y Ahimaas hijo de Sadoc dijo otra vez á Joab: Y yo también, te ruego, que corras tras Cusi. Y Joab respondió: ¿Por qué, hijo mío, correrás, pues que no tienes noticia lista?

23 Y él dijo: Déjame correr. Y él le dijo: Corre. Entonces Ahimaas corrió por el camino de la llanura, y sobrevino a Cusi.

24 Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el atalaya subió al terrado que estaba sobre la puerta de la pared, y alzando sus ojos miró, y he aquí un hombre que corría solo.

25 Entonces el atalaya dio voces y dio aviso al rey. Y el rey dijo: Si está solo, hay nuevas en su boca. Y él llegó a la altura, y se acercó.

26 Y el centinela vio a otro hombre que corría; y el centinela llamó al portero, y dijo: He aquí otro hombre que corría solo. Y el rey dijo: También él trae nuevas.

27 Y el centinela dijo: Yo pienso que el correr del primero es como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y el rey dijo: Es un hombre bueno, y viene con buenas nuevas.

28 Entonces Ahimaas llamó, y dijo al rey: Bien está. Y cayó sobre su rostro en tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová tu Dios, que ha entregado á los hombres que alzaron su mano contra mi señor el rey.

29 Y el rey dijo: ¿Está el joven Absalón sano? Y Ahimaas respondió: Cuando Joab envió al siervo del rey, y a mí tu siervo, vi un gran alboroto, y no sabía qué era.

30 Y el rey le dijo: Apártate, y ponte aquí. Y él se apartó, y se detuvo.

CAPÍTULO 19

31 Y he aquí que vino Cusi, y dijo Cusi: Anota, señor rey mío; porque Jehová te ha vengado hoy de todos los que se levantaron contra ti.

32 Y el rey dijo á Cusi: ¿Está el mozo Absalom salvo? Y Cusi respondió: Los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra ti para hacerte daño, sean como aquel mozo.

33 Y el rey se conmovió mucho, y subió á la cámara de la puerta, y lloró: y yendo él, dijo así: ¡Oh hijo mío Absalom, hijo mío, hijo mío Absalom! ¿Ojalá yo hubiera muerto por ti, oh Absalom, hijo mío, hijo mío?

David deja de llorar - el

Israelitas desean que el rey vuelva...

Shimei está perdonado.

1 Y fué dicho á Joab: He aquí el rey llora y llora por Absalom.

2 Y la victoria de aquel día se convirtió en luto para todo el pueblo; porque el pueblo oyó decir aquel día cómo el rey se entristeció por su hijo.

3 Y el pueblo los atraía aquel día sigilosamente en la ciudad, como la gente avergonzada huía cuando huía en la batalla.

4 Pero el rey cubrió su rostro, y el rey clamó a gran voz: ¡Oh hijo mío Absalón, oh Absalón, hijo mío, hijo mío!

5 Y Joab entró en casa al rey, y dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, el cual hoy te ha salvado la vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas.

6 En cuanto a tus enemigos amas, y aborreces a tus amigos; porque hoy has declarado que no tienes consideración de príncipes ni de siervos; porque hoy he entendido que si Absalón hubiera vivido, y todos nosotros hubiéramos muerto hoy, te hubiera agradado.

7 Ahora pues, levántate, y sal, y habla con comodidad á tus siervos; porque juro por Jehová que si no sales, no te quedará uno esta noche; y esto te será peor que todo el mal que te ha sobrevenido desde tu juventud hasta ahora.

8 Entonces el rey se levantó y se sentó a la puerta. Y dieron aviso a todo el pueblo, diciendo: He aquí el rey se sienta a la puerta. Y todo el pueblo vino delante del rey, porque cada uno había huido a su tienda.

9 Y todo el pueblo estaba en contienda por todas las tribus de Israel, diciendo: El rey nos salvó de mano de nuestros enemigos, y él nos libró de mano de los Filisteos; y ahora ha huido de la tierra á Absalom.

10 Y Absalom, al cual ungimos sobre nosotros, está muerto en la batalla. ¿Por qué, pues, no hablais palabra de hacer volver al rey?

11 Y envió el rey David á Sadoc y á los sacerdotes Abiatar, diciendo: Habla á los ancianos de Judá, diciendo: ¿Por qué sois vosotros los postreros en traer al rey á su casa? vió que la palabra de todo Israel había venido al rey, á su casa.

12 Vosotros sois mis hermanos, mis huesos y mi carne; ¿por qué, pues, sois vosotros los últimos en hacer volver al rey?

13 Y decid a Amasa: ¿No eres tú de mis huesos y de mi carne? Así me haga Dios, y aun más, si no eres capitán del ejército delante de mí continuamente en la sala de Joab.

14 Y inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el corazón de un hombre; y enviaron esta palabra al rey: Vuelve tú y todos tus siervos.

15 Volvióse el rey, y vino al Jordán. Y Judá vino á Gilgal, para recibir al rey, para hacer pasar al rey el Jordán.

16 Y Simei hijo de Gera, de Benjamín, que era de Bahurim, descendió apresuradamente con los varones de Judá para recibir al rey David.

17 Y con él estaban mil hombres de Benjamín, y Siba siervo de la casa de Saúl, y sus quince hijos y sus veinte siervos; y pasaron el Jordán delante del rey.

18 Y pasó una barca para llevar la casa del rey, y para hacer lo que él pensaba. Y cayó Simei hijo de Gera delante del rey, cuando él había pasado el Jordán.

19 Y dijo al rey: No me insulte mi señor iniquidad, ni te acuerdes de lo que tu siervo hizo perversamente el día que mi señor el rey salió de Jerusalén, para que el rey se lo tome en su corazón.

20 Porque tu siervo sabe que he pecado; por tanto, he aquí que he venido el primero de toda la casa de José hoy para descender a recibir a mi señor el rey.

21 Pero Abisai hijo de Sarvia respondió y dijo: --¿No morirá Simei por esto, porque maldijo al ungido del Señor

22 Y David dijo: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia, que hoy me enemistaréis? ¿se morirá hoy en Israel alguno? ¿no sé yo que hoy soy rey sobre Israel?

23 Y la gente dijo á Simei: No morirás. Y el rey le juró.

24 Y descendió Mefi-boset hijo de Saúl á recibir al rey, y no había vestido sus pies, ni cortado su barba, ni lavado

sus ropas, desde el día que el rey

se fue hasta el día que vino

otra vez en paz.

25 Y aconteció que cuando vino á Jerusalem á recibir al rey, el rey le dijo: ¿Por qué no has venido conmigo, Mefi-boset?

26 Y él respondió: Rey señor mío, mi siervo me engañó; porque tu siervo dijo: Ensillaré un asno, y subiré sobre él, y me iré al rey; porque tu siervo es cojo.

27 Y ha calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios; haz pues lo que es bueno en tus ojos.

28 Porque toda la casa de mi padre no eran más que muertos delante de mi señor el rey; y pusiste tú tu siervo entre los que comieron á tu mesa: ¿qué derecho pues tengo aún de clamar al rey?

29 Y el rey le dijo: ¿Por qué hablas más de tus asuntos? Yo he dicho: Tú y Siba repartid la tierra.

30 Y Mefi-boset dijo al rey: Sí, tome todo, porque mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.

31 Y descendió Barzilai Galaadita de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para llevarlo á pasar el Jordán.

32 Barzilai era un hombre muy anciano, de ochenta años, y había proveído al rey de sustento mientras estaba acostado en Mahanaim, porque era un hombre muy grande.

33 Y el rey dijo á Barzillai: Pasa conmigo, y yo te daré de comer conmigo en Jerusalem.

34 Y Barzillai dijo al rey: ¿Hasta cuándo tengo yo que vivir, para subir con el rey á Jerusalem?

35 Yo tengo hoy ochenta años, ¿y puedo discernir entre el bien y el mal? ¿Prueba tu siervo lo que yo como o lo que yo bebo? ¿oigo más la voz de los cantores y de las cantoras? ¿Por qué, pues, tu siervo será aún carga para mi señor el rey

36 Tu siervo pasará un poco más allá del Jordán con el rey. ¿Y por qué me lo retribuirá el rey con tal recompensa

37 Te ruego que vuelvas a tu siervo, para que yo muera en mi ciudad, y sea sepultado junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Pero he aquí tu siervo Chimham, pase con mi señor el rey, y haga con él lo que te parezca bien

38 Y el rey respondió: Quimham pasará conmigo, y yo haré con él lo que te pareciere bien; y todo lo que me pidieres, yo haré contigo.

CAPÍTULO 20

39 Y todo el pueblo pasó el Jordán. Y cuando el rey pasó, el rey besó a Barzilai, y lo bendijo, y volvió a su lugar.

40 Entonces el rey se fue a Gilgal, y Chimham se fue con él; y todo el pueblo de Judá conducía al rey, y también la mitad del pueblo de Israel.

41 Y he aquí todos los varones de Israel vinieron al rey, y dijeron al rey: ¿Por qué te han hurtado nuestros hermanos los varones de Judá, y han traído al rey y á su casa, y á todos los varones de David con él, del Jordán?

42 Y todos los varones de Judá respondieron á los varones de Israel: Porque el rey es cercano de nosotros: ¿por qué pues os enojáis por esto? ¿hemos comido á costa del rey, ó nos ha dado algún presente?

43 Y los hombres de Israel respondieron á los varones de Judá, y dijeron: Tenemos diez partes en el rey, y también tenemos más derechos en David que vosotros: ¿por qué pues nos menospreciasteis, para que no se nos diese por primera vez el consejo de traer de vuelta á nuestro rey? Y las palabras de los hombres de Judá fueron más feroces que las palabras de los hombres de Israel.

Sedición de Seba -- Amasa murió -- A

La mujer sabia salva la ciudad.

1 Y aconteció que estaba allí un hombre de Belial, que se llamaba Seba hijo de Bicri, de Benjamín, el cual tocó la trompeta, y dijo: No tenemos parte en David, ni heredad en el hijo de Isaí; cada uno a su tienda, oh Israel.

2 Y subieron todos de Israel de después de David, y siguieron á Seba hijo de Bichri; mas los varones de Judá parieron á su rey, desde el Jordán hasta Jerusalem.

3 Y David vino á su casa en Jerusalem, y tomó el rey las diez mujeres que había dejado para guardar la casa, y pusiéronlas en la cárcel, y apacentaronlas, mas no entraron á ellas. Y fueron encerradas hasta el día de su muerte, viviendo en viudez.

4 Entonces el rey dijo a Amasa: --Reúneme a los hombres de Judá en tres días, y sé tú aquí presente

5 Y fue Amasa á reunir á los varones de Judá; mas él se detuvo más que el tiempo que le había puesto.

6 Y David dijo á Abisai: Ahora nos hará Seba hijo de Bichri más mal que Absalom: toma á los siervos de tu señor, y síguele, para que no le alcance ciudades fortificadas, y escape de nosotros.

7 Y salieron tras él los hombres de Joab, y los Cereteos, y Peletheos, y todos los valientes; y salieron de Jerusalem, para seguir á Seba hijo de Bichri.

8 Y estando ellos en la gran piedra que estaba en Gabaón, Amasa iba delante de ellos. Y la ropa de Joab que había vestido, le estaba ceñida, y sobre ella un cinto con espada sujetado sobre sus lomos en su vaina; y saliendo, se le cayó.

9 Y Joab dijo á Amasa: ¿Estás sano, hermano mío? Y tomó Joab á Amasa de la barba con la mano derecha para besarle.

10 Mas Amasa no hizo caso de la espada que estaba en mano de Joab; y él lo hirió con ella en la quinta costilla, y derramó sus entrañas en tierra, y no volvió á herirle; y murió. Y Joab y Abisai su hermano siguieron á Seba hijo de Bichri.

11 Y uno de los hombres de Joab se puso junto a él, y dijo: El que favorece a Joab, y el que es de David, déjenlo ir tras Joab.

12 Y Amasa se revolcó en sangre en medio del camino. Y viendo aquel hombre que todo el pueblo se detenía, sacó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él un paño, viendo que todo el que venía junto a él se detenía.

13 Cuando fue sacado del camino, todo el pueblo siguió a Joab, para perseguir a Seba hijo de Bicri.

14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel, y Bet-maaca, y todos los bereítas; y se juntaron, y también fueron tras él.

15 Y vinieron, y sitiaron á Abel de Beth-maachâ, y echaron un banco contra la ciudad, y estaba en la trinchera; y todo el pueblo que estaba con Joab azotó el muro, para derribarlo.

16 Entonces clamó una mujer sabia de la ciudad: Oye, oye; dile ahora a Joab: Acércate acá, para que yo hable contigo.

17 Y cuando se acercó a ella, la mujer dijo: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: Yo soy. Y ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Yo oigo.

18 Entonces ella habló, diciendo: Antes suelen hablar, diciendo: De cierto pedirán consejo a Abel; y así terminaron el asunto.

19 Yo soy de los pacíficos y fieles en Israel; tú procuras destruir una ciudad y una madre en Israel. ¿Por qué has de tragar la heredad de Jehovah

20 Y Joab respondió, y dijo: Lejos esté de mí, que yo trague o destruya.

CAPÍTULO 21

21 No es así: mas un hombre del monte de Ephraim, llamado Sabá hijo de Bichri, ha levantado su mano contra el rey, contra David; líbralo solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí que su cabeza te será arrojada sobre el muro.

22 Y la mujer fué á todo el pueblo con su sabiduría: y cortaron la cabeza de Seba hijo de Bichri, y echaron fuera á Joab. Y él tocó la trompeta, y se retiraron de la ciudad cada uno á su tienda. Y Joab volvióse á Jerusalem al rey.

23 Joab era el jefe de todo el ejército de Israel, y Benaía hijo de Joiada el jefe de los Cereteos y de los Peleteos

24 Y Adoram estaba sobre el tributo; y Josafat hijo de Ahilud era el registrador.

25 Seva era escriba, y Sadoc y Abiatar eran sacerdotes

26 Y también Ira el Jairita era príncipe principal de David.

Tres años de hambre -- David

entierra los huesos de Saúl y

Jonathan.

1 Y hubo hambre en los días de David tres años, año tras año; y David consultó á Jehová. Y Jehová respondió: Es por Saúl y por su casa de sangre, porque mató á los Gabaonitas.

2 Y llamando el rey á los Gabaonitas, les dijo: (y los Gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del resto de los Amorrheos; y los hijos de Israel les habían jurado; y Saúl procuraba matarlos en su celo á los hijos de Israel y á Judá.)

3 Entonces David dijo á los Gabaonitas: ¿Qué haré por vosotros? ¿y con qué haré expiación, para que bendigáis la heredad de Jehová?

4 Y los gabaonitas le dijeron: No tendremos plata, ni oro de Saúl, ni de su casa; ni matarás nosotros á ningún hombre en Israel. Y él respondió: Lo que dijereis, eso haré por vosotros.

5 Y ellos respondieron al rey: El hombre que nos consumió, y que concibió contra nosotros, para que fuésemos destruidos de los que quedaban en todos los términos de Israel.

6 Que nos sean entregados siete varones de sus hijos, y los colgaremos a Jehová en Gabaa de Saúl, a quien Jehová escogió. Y el rey dijo: Yo los daré.

7 Pero el rey perdonó a Mefiboset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, por el juramento que el Señor había hecho entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl.

8 Pero el rey tomó a los dos hijos de Rizpa, hija de Aías, que

Ella dio a luz a Saúl, Armoni y

Mefiboset, y los cinco hijos de

Mical, hija de Saúl, que

crió para Adriel, hijo de

Barzilai el meholatita;

9 Y los entregó en manos de los gabaonitas, y los colgaron en el monte delante de Jehová; y cayeron todos juntos, y fueron muertos en los días de la siega, en los primeros días, en el principio de la siega de cebada.

10 Y tomó Rizpa hija de Aía cilicio, y púsolo sobre la peña, desde el principio de la siega hasta que cayó agua sobre ellos del cielo, y no dejó reposar sobre ellos ni las aves del cielo de día, ni las bestias del campo de noche.

11 Y fué dicho á David lo que había hecho Rizpa hija de Achîas, concubina de Saúl.

12 Y fué David, y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonathán su hijo de los hombres de Jabes de Galaad, que los habían robado de la plaza de Beth-san, donde los habían colgado los Filisteos, cuando los Filisteos mataron á Saúl en Gilboa.

13 Y sacó de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y juntaron los huesos de los ahorcados.

14 Y sepultaron los huesos de Saúl y de Jonathán su hijo en la tierra de Benjamín en Sela, en el sepulcro de Cis su padre; y cumplieron todo lo que el rey había mandado. Y después de esto Dios fue suplicado por la tierra.

15 Y los Filisteos volvieron á pelear con Israel; y descendió David, y sus siervos con él, y pelearon contra los Filisteos: y David se desmayó.

16 Y Isbi-benob, que era de los hijos del gigante, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, cinto de una espada nueva, pensó que había matado á David.

17 Mas Abisai hijo de Sarvia lo sucultó, é hirió al Filisteo, y matólo. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: No saldrás más con nosotros á la batalla, para que no apagues la luz de Israel.

18 Después de esto aconteció que hubo otra batalla contra los filisteos en Gob. Entonces Sibecai husatita mató a Saf, que era de los hijos del gigante

19 Y hubo otra batalla en Gob con los filisteos, donde Elhanán hijo de Jaare-oregim, de Belén, mató al hermano de Goliat el giteo, el bastón de cuya lanza era como un rayo de tejedor.

20 Y había aún una batalla en Gath, donde había un hombre de gran estatura, que tenía en cada mano seis

CAPÍTULO 22

dedos, y en cada pie seis dedos de los pies,

de veinticuatro en número, y

también nació del gigante.

21 Y cuando desafió á Israel, matólo Jonathán hijo de Simea hermano de David.

22 Estos cuatro nacieron del gigante en Gat, y cayeron por mano de David y de sus siervos.

Un salmo de acción de gracias.

1 Y habló David á Jehová las palabras de este cántico el día que Jehová le libró de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl.

2 Y él dijo: Jehová es mi roca, y mi fortaleza, y mi libertador;

3 Dios de mi roca; en él confiaré; él es mi escudo, y el cuerno de mi salvación, mi torre alta, y mi refugio, mi salvador; tú me salvas de la violencia.

4 Invocaré a Jehovah, digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos

5 Cuando las olas de la muerte me rodearon, los diluvios de hombres impíos me asustaron;

6 Me rodearon las penas del infierno; Me impidieron los lazos de la muerte

7 En mi angustia invoqué á Jehová, y clamé á mi Dios: y oyó mi voz desde su templo, y mi clamor entró en sus oídos.

8 Entonces la tierra se estremeció y tembló; los cimientos del cielo se movían y se estremecían, porque estaba enojado.

9 Y subió humo de su nariz, y fuego de su boca devoraba: brasas se encendían por ella.

10 También inclinó los cielos, y descendió; y había tinieblas debajo de sus pies.

11 Y cabalgó sobre un querubín, y voló; y fué visto sobre las alas del viento.

12 Hizo también pabellones de tinieblas alrededor de él, aguas oscuras y nubes espesas de los cielos.

13 A través del resplandor que tenía ante sí, se encendieron carbones de fuego.

14 El Señor tronó desde el cielo, y El Altísimo pronunció su voz.

15 Y envió saetas, y las esparció; relámpagos, y los desbarató.

16 Y aparecieron los canales del mar, y se descubrieron los cimientos del mundo, al reprender al SEÑOR, al soplar el aliento de su nariz.

17 Me envió desde arriba, me tomó, me sacó de muchas aguas.

18 Me libró de mi fuerte enemigo, y de los que me aborrecían, porque eran demasiado fuertes para mí.

19 Me impidieron en el día de mi calamidad; Mas Jehová fue mi reposo.

20 Me sacó también a un lugar grande; me libró, porque se agradó de mí.

21 Jehovah me recompensó conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me recompensó

22 Porque yo he guardado los caminos de Jehová, Y no me he apartado impíamente de mi Dios.

23 Porque todos sus derechos estaban delante de mí; y en cuanto a sus estatutos, no me aparté de ellos.

24 Yo también fui recto delante de él, y me guardé de mi iniquidad.

25 Por tanto, Jehová me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a mi limpieza en su vista.

26 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, y con el recto te mostrarás recto.

27 Con los puros te mostrarás puro; y con los perversos te mostrarás desagradable.

28 Y salvarás al pueblo afligido; mas tus ojos sobre los altivos, para que los derribes.

29 Porque tú eres mi lámpara, oh Jehová; Y Jehová alumbrará mis tinieblas.

30 Porque por ti he pasado por una tropa; por mi Dios he saltado sobre una pared.

31 En cuanto a Dios, su camino es perfecto; la palabra de Jehovah es probada; es un escudo para todos los que confían en él

32 Porque ¿quién es Dios, sino Jehová? ¿Y quién es piedra, sino nuestro Dios?

33 Dios es mi fuerza y mi poder, Y él hace perfecto mi camino.

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