Español · Biblia y Escrituras
Versión Estándar Americana
Parte 43
1:2 Y vino Hanani, uno de mis hermanos, él y algunos hombres de Judá; y preguntéles acerca de los Judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y acerca de Jerusalén.
1:3 Y me dijeron: El resto que queda de la cautividad en la provincia, está en gran aflicción y afrenta; también el muro de Jerusalén ha sido derribado, y sus puertas han sido quemadas al fuego.
1:4 Y aconteció que, oyendo estas palabras, me senté y lloré, y enlutéme algunos días; y ayunaba y oraba delante del Dios del cielo,
1:5 Y dijo: Te ruego, oh Jehová Dios del cielo, Dios grande y terrible, que guarda el pacto y la misericordia con los que le aman y guardan sus mandamientos;
1:6 Ahora tu oído esté atento, y tus ojos abiertos, para que oigas la oración de tu siervo, que yo ruego delante de ti en este tiempo, día y noche, por los hijos de Israel tus siervos, mientras confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos pecado contra ti. Sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.
1:7 Hemos hecho muy mal contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, ni los estatutos, ni las ordenanzas que mandaste a tu siervo Moisés.
1:8 Acuérdate, pues, de la palabra que mandaste á tu siervo Moisés, diciendo: Si prevaricareis, yo os esparciré por los pueblos;
1:9 Mas si os volvéis á mí, y guardareis mis mandamientos, y los cumpliereis, aunque vuestros desterrados estuviesen en el extremo de los cielos, de allí los juntaré, y los traeré al lugar que he escogido, para que mi nombre habite allí.
1:10 Estos son tus siervos y tu pueblo, a los cuales redimiste con tu gran poder y con tu mano fuerte
1:11 Señor, ahora, te ruego que tu oído esté atento a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, que se deleitan en temer tu nombre; y que prosperes, te ruego, tu siervo hoy, y le concedas misericordia ante los ojos de este hombre. Ahora yo era copero del rey.
2:1 Y aconteció que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, estando el vino delante de él, tomé el vino, y dílo al rey. Y no había estado triste delante de él.
2:2 Y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro, pues no estás enfermo? Esto no es más que dolor de corazón. Entonces tuve mucho miedo.
2:3 Y dije al rey: Viva el rey para siempre: ¿por qué no se entristecerá mi rostro, cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, esté desolada, y sus puertas sean consumidas por el fuego?
2:4 Entonces el rey me dijo: --¿Por qué pides? Así que oré al Dios del cielo
2:5 Y dije al rey: Si al rey le agrada, y si tu siervo ha hallado gracia en tus ojos, que me envíes a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la edifique.
2:6 Y el rey me dijo (la reina sentada junto a él también): ¿Hasta cuándo será tu viaje? ¿Y cuándo volverás? Y el rey quiso enviarme, y le puse tiempo.
2:7 Y dije al rey: Si al rey le place, que me den cartas a los gobernadores de la otra parte del río, para que me dejen pasar hasta que llegue a Judá;
2:8 Y carta á Asaph guarda del bosque del rey, para que me dé madera para hacer vigas para las puertas de la fortaleza que está á la casa, y para el muro de la ciudad, y para la casa en que entraré. Y el rey me concedió, conforme á la buena mano de mi Dios sobre mí.
2:9 Entonces llegué a los gobernadores de la otra parte del río, y les di las cartas del rey. Y el rey había enviado conmigo capitanes del ejército y jinetes.
2:10 Y oyendo esto Sanbalat Horonita, y Tobías siervo Ammonita, se entristeció mucho de ellos, porque había venido un hombre á buscar el bienestar de los hijos de Israel.
2:11 Y vine á Jerusalem, y estuve allí tres días.
2:12 Y me levanté de noche, y algunos pocos hombres conmigo; y no dije á nadie lo que mi Dios había puesto en mi corazón para hacer por Jerusalem; ni había conmigo bestia, sino la bestia sobre la cual cabalgué.
2:13 Y salí de noche por la puerta del valle, hacia el pozo del chacal y hacia la puerta del estiércol, y vi los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas se consumieron con fuego.
2:14 Y yo fui a la puerta de la fuente y al estanque del rey; pero no había lugar para que pasara la bestia que estaba debajo de mí.
2:15 Entonces subí de noche por el arroyo, y vi el muro; y volví atrás, y entré por la puerta del valle, y así volví.
2:16 Y los príncipes no sabían a dónde iba, ni lo que hacía; ni lo había dicho aún a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los nobles, ni a los príncipes, ni a los demás que hacían la obra.
2:17 Entonces les dije: Vosotros veis el mal caso en que estamos, como Jerusalén está desierta, y sus puertas quemadas al fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, para que ya no seamos más oprobios.
2:18 Y les conté de la mano de mi Dios que era buena sobre mí, como también de las palabras del rey que me había hablado. Y ellos dijeron: Levántate y edificate. Y ellos fortalecieron sus manos para bien.
2:19 Y oyendo lo que oyeron Sanbalat Horonita, y Tobías siervo, Ammonita, y Geshem árabe, se burlaron de nosotros, y nos menospreciaron, y dijeron: ¿Qué es esto que hacéis? ¿Os rebelaréis contra el rey?
2:20 Entonces yo les respondí, y les dije: El Dios del cielo, él nos prosperará; por tanto, nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos; mas vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memorial, en Jerusalén.
3:1 Entonces Eliasib sumo sacerdote se levantó con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las ovejas; la santificaron, y levantaron sus puertas; hasta la torre de Hammea la santificaron, hasta la torre de Hananel.
3:2 Y junto á él edificaron los varones de Jericó; y junto á ellos edificó Zacur hijo de Imri.
3:3 Y edificaron la puerta de los peces los hijos de Hassenaa; y pusieron sus vigas, y levantaron sus puertas, sus cerrojos, y sus barras.
3:4 Junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Accoz. Junto a ellos restauró Mesulam hijo de Berechías, hijo de Mesezabel. Junto a ellos restauró Sadoc hijo de Baana
3:5 Y junto á ellos restauraron los Tecoitas; mas sus nobles no pusieron sus cerviz á la obra de su señor.
3:6 La puerta antigua restauró a Joiada hijo de Pasea y a Mesullam hijo de Besodías. Pusieron sus vigas y levantaron sus puertas, sus cerrojos y sus cerrojos
3:7 Junto a ellos restauraron Melatías gabaonita, y Jadón meronothita, los hombres de Gabaón y de Mizpa, que estaban en el trono del gobernador, al otro lado del río.
3:8 Junto a él restauró Uziel hijo de Harhaías, orfebres. Junto a él restauró Hananías, uno de los perfumistas, y fortificaron a Jerusalén hasta el muro ancho
3:9 Junto a ellos restauró Refaías hijo de Hur, jefe de la mitad de la región de Jerusalén
3:10 Junto a ellos restauró Jedaías hijo de Harumaf, enfrente de su casa. Junto a él restauró Hatus hijo de Hasabneías
3:11 Malquías hijo de Harim, y Hassub hijo de Pahat-moab, restauraron otra parte, y la torre de los hornos.
3:12 Junto a él restauró Sallum hijo de Hallohes, príncipe de la mitad de la región de Jerusalén, él y sus hijas.
3:13 La puerta del valle restauró Hanún y los habitantes de Zanoa; la edificaron y levantaron sus puertas, sus cerrojos y sus barras, y mil codos del muro hasta la puerta del estiércol
3:14 La puerta del estiércol restauró a Malquías hijo de Recab, jefe de la región de Bet-hacquerem, y él la edificó, y levantó sus puertas, sus cerrojos y sus cerrojos.
3:15 Y restauró la puerta de la fuente, Salún hijo de Colhoze, príncipe de la región de Mizpa; y edificóla, y cubrióla, y levantó sus puertas, sus cerrojos, y sus cerrojos, y el muro del estanque de Sela junto al huerto del rey, hasta las gradas que bajaban de la ciudad de David.
3:16 Después de él restauró Nehemías hijo de Azbuc, príncipe de la mitad de la región de Bet-zur, hasta el lugar frente a los sepulcros de David, y hasta el estanque que se había hecho, y hasta la casa de los valientes.
3:17 Después de él restauraron los levitas, Rehum hijo de Bani. Junto a él restauró Hasabías, el jefe de la mitad de la región de Keila, para su distrito
3:18 Después de él restauraron sus hermanos, Bavvai hijo de Henadad, príncipe de la mitad de la región de Keila.
3:19 Y junto á él restauró Ezer hijo de Jesúa, príncipe de Mizpa, otra parte, delante de la subida á la armería, á la vuelta.
3:20 Después de él Baruc hijo de Zabai restauró otra parte, desde el giro [del muro] hasta la puerta de la casa de Eliasib, sumo sacerdote.
3:21 Después de él restauró Meremot hijo de Urías hijo de Hacoz otra parte, desde la puerta de la casa de Eliasib hasta el extremo de la casa de Eliasib.
3:22 Después de él restauraron los sacerdotes, los hombres de la llanura.
3:23 Después de ellos restauraron Benjamín y Hassub frente a su casa; después de ellos restauraron Azarías hijo de Maasías hijo de Ananías junto a su casa
3:24 Después de él restauró Binnui hijo de Henadad otra parte, desde la casa de Azarías hasta el giro [del muro] y hasta el rincón.
3:25 Palal hijo de Uzai, que está junto al patio de la guardia, y la torre que está delante de la casa alta del rey, después de ella Pedaías hijo de Paros, que está junto al patio de la guardia.
3:26 (Y los Nethineos habitaron en Ofel, hasta el lugar de enfrente de la puerta de las aguas hacia el oriente, y la torre que sobresale.)
3:27 Después de él restauraron los tecoítas otra parte, enfrente de la gran torre que sobresale, y hasta el muro de Ofel.
3:28 Sobre la puerta de los caballos repararon a los sacerdotes, cada uno enfrente de su casa.
3:29 Después de ellos restauró Sadoc hijo de Immer, frente a su casa; y después de él restauró Semaías hijo de Secanías, guarda de la puerta oriental.
3:30 Después de él restauraron Hananías hijo de Selemías, y Hanún sexto hijo de Zalaf, otra parte; después de él restauraron Mesulam hijo de Berequías, enfrente de su cámara.
3:31 Después de él restauró Malquías uno de los orfebres, que estaba en la casa de los Nethineos y de los mercaderes, enfrente de la puerta de Hammifcad, y hasta la subida de la esquina.
3:32 Entre la subida del rincón y la puerta de las ovejas, restauraron los orfebres y los mercaderes.
4:1 Pero aconteció que, cuando Sanballat oyó que estábamos edificando el muro, se enojó, se enojó mucho y se burló de los judíos
4:2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos judíos débiles? ¿se fortalecerán? ¿sacrificarán? ¿terminarán en un día? ¿revivirán las piedras de los montones de basura, viendo que son quemadas?
4:3 Y estaba junto á él Tobías Ammonita, y dijo: Lo que ellos edifican, si subiere la zorra, derribará su muro de piedra.
4:4 Oye, oh Dios nuestro, que somos menospreciados; y vuelve sobre su cabeza su afrenta, y ríndelos como botín en tierra de cautiverio;
4:5 y no cubras su iniquidad, ni se borre su pecado delante de ti; porque te han provocado a ira delante de los edificadores.
4:6 Edificamos el muro, y todo el muro estaba unido hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tenía intención de trabajar.
4:7 Y aconteció que, como oyó Sanbalat, y Tobías, y los árabes, y los amonitas, y los asdoditas, que la reparación de los muros de Jerusalem iba adelante, y las brechas comenzaron á ser dejadas, se enojaron mucho;
4:8 Y conspiraron todos ellos para venir y pelear contra Jerusalén, y para causar confusión en ella.
4:9 Pero nosotros hicimos nuestra oración a nuestro Dios, y pusimos guardia contra ellos día y noche, a causa de ellos.
4:10 Y Judá dijo: La fortaleza de los que llevan cargas se ha decaído, y hay mucho deshecho; de modo que no podemos edificar el muro.
4:11 Y nuestros adversarios dijeron: No sabrán, ni verán, hasta que entremos en medio de ellos, y los matemos, y hagamos cesar la obra.
4:12 Y aconteció que cuando vinieron los judíos que habitaban junto a ellos, nos dijeron diez veces de todos los lugares: Es necesario que os volváis a nosotros.
4:13 Por tanto, puse en lo más bajo del espacio detrás de la pared, en lugares abiertos, puse allí al pueblo tras sus familias con sus espadas, sus lanzas y sus arcos.
4:14 Y miré, y me levanté, y dije á los príncipes, y á los príncipes, y al resto del pueblo: No os atemoriceis de ellos: acordaos de Jehová, grande y terrible, y pelead por vuestros hermanos, vuestros hijos, y vuestras hijas, vuestras mujeres, y vuestras casas.
4:15 Y aconteció que, como nuestros enemigos oyeron que nos era conocido, y Dios había hecho que su consejo no fuese cumplido, todos nosotros nos volvimos al muro, cada uno a su obra.
4:16 Y aconteció que desde aquel tiempo la mitad de mis siervos trabajaban en la obra, y la mitad de ellos tenían lanzas, escudos, arcos y escudos, y escudos de correo; y los príncipes estaban detrás de toda la casa de Judá.
4:17 Todos edificaron el muro y se acarrearon los que llevaban cargas; cada uno con una de sus manos hizo la obra, y con la otra tenía su arma;
4:18 Y los constructores, cada uno tenía su espada ceñida a su lado, y así edificada. Y el que tocaba la trompeta estaba conmigo.
4:19 Y dije á los nobles, y á los príncipes y al resto del pueblo: La obra es grande y grande, y estamos separados sobre la pared, unos de otros.
4:20 En cualquier lugar donde oigáis el sonido de la trompeta, recurriréis allí a nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros.
4:21 Así que trabajamos en la obra; y la mitad de ellos sostenían las lanzas desde el amanecer hasta que aparecieron las estrellas.
4:22 Así también dije al pueblo: Cada uno con su siervo, que se quede en Jerusalén, para que de noche nos guarden, y trabajen de día.
4:23 Ni yo, ni mis hermanos, ni mis siervos, ni los hombres de la guardia que me siguieron, ninguno de nosotros se quitó nuestras ropas, cada uno fue con su arma al agua.
5:1 Entonces se levantó un gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos los judíos.
5:2 Porque había quien decía: Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos; tomemos grano, y comamos y vivamos.
5:3 Y había algunos que decían: Nosotros hipotecamos nuestros campos, y nuestras viñas, y nuestras casas; y cojamos grano, por la escasez.
5:4 Y decían: Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey sobre nuestros campos y nuestras viñas.
5:5 Pero ahora nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos como sus hijos; y, he aquí, nosotros traemos a servidumbre a nuestros hijos y a nuestras hijas para que sean siervos, y algunas de nuestras hijas son puestas ya en servidumbre; ni está en nuestra mano ayudarla; porque otros tienen nuestros campos y nuestras viñas.
5:6 Y estaba muy enojado cuando oí su llanto y estas palabras.
5:7 Entonces concerté conmigo mismo, y contendí con los príncipes y los príncipes, y les dije: Usura exigís cada uno de su hermano. Y tuve contra ellos una gran asamblea.
5:8 Y yo les dije: Nosotros, según nuestra capacidad, hemos redimido a nuestros hermanos los judíos que fueron vendidos a las naciones; ¿y vosotros venderéis a vuestros hermanos, y nos serán vendidos? Entonces callaron, y nunca hallaron palabra.
5:9 Y dije: Lo que hacéis no es bueno; ¿no habéis de andar en el temor de nuestro Dios, por el oprobio de las naciones nuestros enemigos?
5:10 Y yo también, hermanos míos y siervos míos, les presto dinero y grano. Os ruego que dejéis esta usura.
5:11 Os ruego que les restaureis hoy sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas, la centésima parte del dinero, y del grano, y del vino nuevo, y del aceite, que exigáis de ellos.
5:12 Y dijeron: Nosotros los restauraremos, y no les pediremos nada; así haremos, como tú dices. Entonces llamé a los sacerdotes, y les juré que harían conforme a esta promesa.
5:13 Y sacudí mi regazo, y dije: Así sacuda Dios á cada uno de su casa y de su trabajo, que no hace esta promesa; así sea sacudido, y vaciado. Y toda la congregación dijo: Amén, y alabado sea Jehová. Y el pueblo hizo conforme á esta promesa.
5:14 Desde el tiempo que fui nombrado gobernador de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte hasta el año treinta y dos del rey Artajerjes, doce años, ni yo ni mis hermanos hemos comido el pan del gobernador.
5:15 Mas los primeros gobernadores que eran antes de mí eran de cargo al pueblo, y tomaban de ellos pan y vino, además de cuarenta siclos de plata; y aun sus siervos se enseñoreaban del pueblo; mas yo no lo hice así, por temor de Dios.
5:16 Y yo también continué en la obra de este muro, ni compramos tierra; y todos mis siervos fueron reunidos allí para la obra.
5:17 Y había a mi mesa ciento cincuenta varones de los Judíos y de los príncipes, además de los que venían a nosotros de entre las naciones que nos rodeaban.
5:18 Y lo que estaba preparado para un día era un buey y seis ovejas escogidas; también me preparaban aves, y cada diez días me guardaban de todo vino; y por todo esto no exigí el pan del gobernador, porque la servidumbre era pesada sobre este pueblo.
5:19 Acuérdate de mí, Dios mío, para bien, de todo lo que he hecho por este pueblo.
6:1 Y aconteció que cuando se informó a Sanbalat y a Tobías, y a Geshem el árabe, y a los demás enemigos, yo había edificado el muro, y no había ninguna brecha en él; (aunque hasta entonces no había puesto las puertas en las puertas;)
6:2 Sanbalat y Geshem me enviaron diciendo: --Venid, reunámonos en una de las aldeas de la llanura de Ono. Pero ellos pensaron hacerme daño
6:3 Y les envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, para que no pueda descender. ¿Por qué cesará la obra, mientras la dejo, y descenderé a vosotros
6:4 Y me enviaron cuatro veces según esta clase; y les respondí de la misma manera.
6:5 Entonces envió a mí Sanballat su siervo la quinta vez con una carta abierta en la mano,
6:6 donde estaba escrito: Se ha dicho entre las naciones, y Gasmu lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros; por lo cual edificas el muro; y tú quieres ser su rey, conforme a estas palabras.
6:7 Y también has puesto profetas para que prediquen de ti en Jerusalén, diciendo: Hay rey en Judá; y ahora se dará cuenta al rey conforme a estas palabras. Ven pues ahora, y tomemos consejo juntos.
6:8 Entonces envié a él, diciendo: No se hacen tales cosas como dices, sino que las finges de tu corazón.
6:9 Porque todos ellos nos habrían hecho temer, diciendo: Sus manos serán debilitadas de la obra, para que no se haga. Mas ahora, [Dios], fortalece mis manos.
6:10 Y fui á la casa de Semaías hijo de Delaías hijo de Mehetabel, el cual estaba preso, y dijo: Reunámonos en la casa de Dios, en el templo, y cerremos las puertas del templo; porque vendrán á matarte; y vendrán á matarte de noche.
6:11 Y dije: ¿Huye un hombre como yo? ¿y quién está allí, que siendo como yo, entraría en el templo para salvar su vida? No entraré.
6:12 Y yo discerní, y he aquí que Dios no le había enviado; mas él pronunció esta profecía contra mí; y Tobías y Sanballat le habían contratado.
6:13 Por esta causa fue contratado, para que yo tuviera miedo, y lo hiciera, y pecara, y para que ellos tuvieran causa de mal testimonio, para que me reprocharan.
6:14 Acuérdate, oh Dios mío, de Tobías y de Sanbalat conforme a estas sus obras, y también de la profetisa Noadías, y de los demás profetas, que me hubieran puesto en temor.
6:15 Y el muro fue acabado en el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días.
6:16 Y aconteció que, oyéndolo todos nuestros enemigos, temieron todas las gentes que estaban alrededor de nosotros, y fueron echadas muchas cosas delante de sus propios ojos; porque entendieron que esta obra era obra de nuestro Dios.
6:17 En aquellos días los nobles de Judá enviaron muchas cartas a Tobías, y las cartas de Tobías vinieron a ellos.
6:18 Porque muchos en Judá le juraron, porque era yerno de Secanías hijo de Ara; y su hijo Johanán había tomado por mujer a la hija de Mesulam hijo de Berechías.
6:19 Y hablaron delante de mí de sus buenas obras, y le informaron mis palabras. Y Tobías envió cartas para asustarme.
7:1 Y aconteció que cuando el muro fue edificado, y yo había levantado las puertas, y estaban puestos los porteros, los cantores y los levitas,
7:2 que yo di a mi hermano Hanani, y a Hananías, gobernador de la fortaleza, que mandasen sobre Jerusalén; porque él era hombre fiel, y temía a Dios por encima de muchos.
7:3 Y yo les dije: No se abran las puertas de Jerusalén hasta que se caliente el sol; y estando ellos en guardia, cierren las puertas, y cerradlas; y poned guardia a los moradores de Jerusalén, cada uno en su guardia, y cada uno delante de su casa.
7:4 Y la ciudad era ancha y grande; mas el pueblo era en ella poco, y las casas no eran edificadas.
7:5 Y mi Dios puso en mi corazón para reunir a los nobles, y a los príncipes, y al pueblo, para que fuesen contados por genealogía. Y he encontrado el libro de la genealogía de los que habían subido al principio, y he encontrado escrito en él:
7:6 Estos son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad de los que habían sido trasportados, los cuales Nabucodonosor rey de Babilonia había llevado, y los que se volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad;
7:7 que vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani, Mardoqueo, Bilsan, Misperet, Bigvai, Nehum, Baana. El número de los hombres del pueblo de Israel
7:8 Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos.
7:9 Los hijos de Sefatías, trescientos setenta y dos;
7:10 Los hijos de Ara, seiscientos cincuenta y dos.
7:11 Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa y Joab, dos mil ochocientos dieciocho.
7:12 Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
7:13 Los hijos de Zattu, ochocientos cuarenta y cinco;
7:14 Los hijos de Zacai, setecientos sesenta.
7:15 Los hijos de Binnui, seiscientos cuarenta y ocho;
7:16 Los hijos de Bebai, seiscientos veintiocho.
7:17 Los hijos de Azgad, dos mil trescientos veintidós.
7:18 Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y siete.
7:19 Los hijos de Bigvai, dos mil sesenta y siete.
7:20 Los hijos de Adín, seiscientos cincuenta y cinco;
7:21 Los hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho.
7:22 Los hijos de Hasum, trescientos veintiocho.
7:23 Los hijos de Bezai, trescientos veinticuatro.
7:24 Los hijos de Hariph, ciento doce.
7:25 Los hijos de Gabaón, noventa y cinco.
7:26 Los hombres de Belén y Netofa, ciento ochenta y ocho.
7:27 Los hombres de Anatot, ciento veintiocho.
7:28 Los hombres de Bet-azmavet, cuarenta y dos
7:29 Los hombres de Quiriat-jearim, Quefira y Beerot, setecientos cuarenta y tres.
7:30 Los hombres de Rama y de Geba, seiscientos veintiuno.
7:31 Los hombres de Micmas, ciento veintidós.
7:32 Los hombres de Bet-el y Hai, ciento veintitrés.
7:33 Los hombres del otro Nebo, cincuenta y dos.
7:34 Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro.
7:35 Los hijos de Harim, trescientos veinte.
7:36 Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco;
7:37 Los hijos de Lod, Hadid, y Ono, setecientos veintiuno.
7:38 Los hijos de Senaa, tres mil novecientos treinta.
7:39 Los sacerdotes: Los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa, novecientos setenta y tres.
7:40 Los hijos de Immer, mil cincuenta y dos.
7:41 Los hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete.
7:42 Los hijos de Harim, mil diecisiete.
7:43 Los levitas: los hijos de Jesúa, de Cadmiel, de los hijos de Odeva, setenta y cuatro
7:44 Los cantores: los hijos de Asaf, ciento cuarenta y ocho.
7:45 Los porteros: los hijos de Sallum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai, ciento treinta y ocho.
7:46 Los Nethineos: los hijos de Siha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot,
7:47 los hijos de Queros, los hijos de Sia, los hijos de Padón,
7:48 los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Salmai,
7:49 los hijos de Hanán, los hijos de Gidel, los hijos de Gahar
7:50 los hijos de Reaías, los hijos de Rezín, los hijos de Necoda
7:51 los hijos de Gazam, los hijos de Uza, los hijos de Pasea.
7:52 Los hijos de Besai, los hijos de Meunim, los hijos de Nefusim
7:53 los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur
7:54 los hijos de Bazlit, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa,
7:55 los hijos de Barco, los hijos de Sísara, los hijos de Tema,
7:56 los hijos de Nezías, los hijos de Hatifa.
7:57 Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Sopheret, los hijos de Perida
7:58 los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel
7:59 Los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret-hazzebaim, los hijos de Amón
7:60 Todos los Nethineos, y los hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y dos.
7:61 Estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Addón e Immer; pero no pudieron mostrar las casas de sus padres, ni su descendencia, si eran de Israel.
7:62 Los hijos de Delaías, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos
7:63 Y de los sacerdotes: los hijos de Hobaías, los hijos de Haccoz, los hijos de Barzilai, que tomaron mujer de las hijas de Barzilai Galaadita, y fueron llamados de su nombre.
7:64 Estos buscaban su registro [entre] los que fueron contados por genealogía, pero no fue encontrado; por lo tanto fueron considerados contaminados y puestos del sacerdocio.
7:65 Y el gobernador les dijo que no comiesen de las cosas más santas, hasta que se levantara un sacerdote con Urim y Tumim.
7:66 Toda la congregación fue cuarenta y dos mil trescientos sesenta.
7:67 Y sus siervos y sus siervas, de los cuales siete mil trescientos treinta y siete eran; y tenían doscientos cuarenta y cinco cantores y cantoras.
7:68 Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco;
7:69 Sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco; sus asnos, seis mil setecientos veinte.
7:70 Y algunos de los jefes de las casas paternas dieron para la obra. Y el gobernador dio al tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones, quinientos treinta vestidos de sacerdotes.
7:71 Y algunos de los jefes de familias entregaron en el tesoro de la obra veinte mil dracmas de oro, y dos mil y doscientos libras de plata.
7:72 Y lo que el resto del pueblo dio fue veinte mil dracmas de oro, y dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestidos de sacerdotes.
7:73 Y habitaron en sus ciudades los sacerdotes, y los Levitas, y los porteros, y los cantores, y algunos del pueblo, y los Nethineos, y todo Israel. Y como vino el mes séptimo, estaban los hijos de Israel en sus ciudades.
8:1 Y juntándose todo el pueblo como un solo hombre en el ancho lugar que estaba delante de la puerta de las aguas, hablaron á Esdras escriba para que trajera el libro de la ley de Moisés, que Jehová había mandado á Israel.
8:2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, hombres y mujeres, y todo lo que podía oír con entendimiento, el primer día del mes séptimo.
8:3 Y leyó en él delante del ancho lugar que estaba delante de la puerta del agua desde la mañana hasta el mediodía, delante de los hombres y las mujeres, y de los entendidos; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.
8:4 Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para tal fin; y junto a él estaban Matithías, Sema, Anaías, Urías, Hilcías, Maasías, a su derecha; y a su izquierda Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hashbaddana, Zacarías, Mesullam.
8:5 Y Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, porque él era sobre todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo se levantó.
8:6 Y bendijo Esdras á Jehová, el Dios grande. Y todo el pueblo respondió: Amén, Amén, con alzar sus manos: y ellos inclinaron sus cabezas, y adoraron á Jehová en tierra con sus rostros.
8:7 Y Jesúa, y Bani, y Serebías, y Jamín, y Acub, y Shabthai, y Hodías, y Maasías, y Kelita, y Azarías, y Jozabad, y Hanán, y Pelaías, y los Levitas, hicieron entender la ley al pueblo; y el pueblo se puso en su lugar.
8:8 Y leían claramente en el libro, en la ley de Dios; y daban el sentido, de modo que entendieran la lectura.
8:9 Y Nehemías, el gobernador, y Esdras el sacerdote escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Hoy es santo á Jehová vuestro Dios; no lloréis ni lloréis; porque todo el pueblo lloró, oyendo las palabras de la ley.
8:10 Entonces les dijo: Id, comed la grasa, y bebed la dulzura, y enviad porciones al que nada está preparado; porque hoy es santo para nuestro Señor; ni os entristezcáis; porque el gozo de Jehová es vuestra fortaleza.
8:11 Y los levitas calmaron a todo el pueblo, diciendo: Callad, porque el día es santo; y no os entristezcáis.
8:12 Y todo el pueblo se fue á comer, y á beber, y á enviar porciones, y á alegrarse grandemente, porque habían entendido las palabras que les habían sido anunciadas.
8:13 Y el segundo día se reunieron los jefes de familias de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas, al escriba Esdras, para que prestasen atención a las palabras de la ley.
8:14 Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por Moisés, que los hijos de Israel habitasen en cabañas en la fiesta del mes séptimo;
8:15 y que se hagan públicos y se proclamen en todas sus ciudades y en Jerusalén, diciendo: Salid al monte, y traigan ramas de olivo, y ramas de oliva silvestre, y ramas de mirto, y ramas de palma, y ramas de árboles gruesos, para hacer cabañas, como está escrito.
8:16 Y salió el pueblo, y trajéronlos, y se hicieron cabañas, cada uno sobre el terrado de su casa, y en sus atrios, y en los atrios de la casa de Dios, y en el ancho lugar de la puerta de las aguas, y en el ancho lugar de la puerta de Ephraim.
8:17 Y toda la congregación de los que habían vuelto de la cautividad hizo cabañas, y habitó en las cabañas; porque desde los días de Jesúa hijo de Nun hasta aquel día no lo habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo gran alegría.
8:18 Y leyó en el libro de la ley de Dios, cada día, desde el primer día hasta el último. Y celebraron la fiesta por siete días; y al octavo día había una asamblea solemne, conforme á la ordenanza.
9:1 Y á los veinticuatro días de este mes los hijos de Israel se juntaron con ayuno, y con cilicio, y tierra sobre ellos.
9:2 Y la simiente de Israel se apartó de todos los extranjeros, y se puso de pie y confesó sus pecados, y las iniquidades de sus padres.
9:3 Y ellos se levantaron en su lugar, y leyeron en el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día; y [otra] cuarta parte confesaron, y adoraron á Jehová su Dios.
9:4 Entonces se levantaron sobre las escaleras de los levitas, Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Bunni, Serebías, Bani y Quenani, y clamaron a gran voz a Jehová su Dios.
9:5 Entonces los levitas, Jesúa, y Cadmiel, Bani, Hasabneías, Serebías, Hodías, Sebanías, dijeron: Levántate y bendice a Jehová tu Dios desde el siglo hasta el siglo; y bendito sea tu glorioso nombre, el cual es exaltado sobre toda bendición y alabanza.
9:6 Tú eres Jehovah, tú solo; tú has hecho el cielo, el cielo de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todas las cosas que están sobre ella, los mares y todo lo que hay en ellos, y los guardas a todos; y el ejército de los cielos te adora
9:7 Tú eres Jehová Dios, que escogiste á Abram, y lo sacaste de Ur de los Caldeos, y le diste el nombre de Abraham,
9:8 Y halló fiel su corazón delante de ti, é hizo pacto con él para dar la tierra del Cananeo, del Hetheo, del Amorrheo, y del Pherezeo, y del Jebuseo, y del Girgaseo, para darla á su simiente, y cumpliste tus palabras, porque eres justo.
9:9 Y viste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste su clamor junto al mar Bermejo,
9:10 y mostraste señales y prodigios sobre Faraón, y sobre todos sus siervos, y sobre todo el pueblo de su tierra; porque sabías que se habían portado con soberbia contra ellos, y te habías puesto nombre como hoy.
9:11 Y dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio del mar sobre tierra seca; y echaste en las profundidades á sus perseguidores, como piedra en las aguas fuertes.
9:12 Y en una columna de nube los guiaste de día, y en una columna de fuego de noche, para alumbrarlos en el camino por donde habían de ir.
9:13 Descendiste también sobre el monte Sinaí, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste derechos y leyes verdaderas, y buenos estatutos y mandamientos,
9:14 y les hiciste conocer tu santo sábado, y les mandaste mandamientos, estatutos y ley, por medio de tu siervo Moisés
9:15 Y les diste pan del cielo por su hambre, y les sacaste agua de la peña por su sed, y les mandaste que entraran para poseer la tierra que les habías jurado dar.
9:16 Mas ellos y nuestros padres se ensoberbecían y endurecían su cerviz, y no obedecían tus mandamientos,
9:17 y no quiso obedecer, ni se acordó de tus maravillas que hiciste entre ellos, sino endureció su cuello, y en su rebelión nombró un capitán para volver a su servidumbre. Pero tú eres un Dios dispuesto a perdonar, misericordioso y misericordioso, lento para la ira, y abundante en misericordia, y no los abandonó.
9:18 Y cuando les hicieron un becerro de fundición, y dijeron: Este es tu Dios que te sacó de Egipto, y te hizo grandes provocaciones;
9:19 Mas tú, en tus muchas misericordias, no los abandonaste en el desierto; no se apartó de ellos de día la columna de nube, para guiarlos en el camino; ni la columna de fuego de noche, para alumbrarles, y el camino por donde habían de ir.
9:20 Y diste tu buen Espíritu para instruirlos, y no les ocultaste tu maná de la boca, y les diste agua para su sed.
9:21 Y los sustentaste en el desierto cuarenta años, y nada les faltó; sus vestidos no se envejecían, ni sus pies se hinchaban.
9:22 Les diste también reinos y pueblos que asignaste según sus porciones, y poseyeron la tierra de Sehón, la tierra del rey de Hesbón, y la tierra de Og rey de Basán.
9:23 Y multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en la tierra de la cual dijiste á sus padres, que entraran á poseerla.
9:24 Y entraron los niños, y poseyeron la tierra, y tú sojuzgaste delante de ellos á los moradores de la tierra, los Cananeos, y los entregaste en sus manos, con sus reyes, y con los pueblos de la tierra, para que hiciesen con ellos como quisieran.
9:25 Tomaron ciudades fortificadas y tierra grosurada, y poseyeron casas llenas de todo bien, cisternas labradas, viñas, olivares y árboles frutales en abundancia; y comieron, y se hartaron, y engordaron, y se deleitaron en tu gran bondad.
9:26 Mas ellos fueron rebeldes, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron á tus profetas que daban testimonio contra ellos, para volverlos á ti, y obraron grandes provocaciones.
9:27 Por tanto, los entregaste en mano de sus adversarios, que los afligieron; y en el tiempo de su angustia, cuando clamaron a ti, lo oíste desde el cielo; y conforme a tus muchas misericordias les diste salvadores que los salvaron de mano de sus adversarios.
9:28 Pero después de haber descansado, volvieron a hacer lo malo delante de ti; por eso los dejaste en manos de sus enemigos, de modo que se enseñorearon de ellos. Pero cuando volvieron y clamaron a ti, lo oíste desde el cielo; y muchas veces los libraste conforme a tus misericordias,
9:29 Y les testificaste, para que los volvieras á tu ley. Mas ellos se altivo, y no obedecieron á tus mandamientos, sino que pecaron contra tus derechos, los cuales, si alguno lo hiciere, vivirá en ellos, y apartaron el hombro, y endurecieron su cerviz, y no quisieron oír.
9:30 Con todo, muchos años has tenido con ellos, y por medio de tus profetas has testificado contra ellos por tu Espíritu. Pero no han querido escucharlos. Por eso los has entregado en manos de los pueblos de la tierra
9:31 Pero en tus múltiples misericordias no los has acabado, ni los has abandonado, porque eres un Dios misericordioso y misericordioso.
9:32 Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y terrible, que guardas el pacto y la misericordia, no parezcan poco delante de ti todos los dolores de parto que han venido sobre nosotros, sobre nuestros reyes, sobre nuestros príncipes, sobre nuestros sacerdotes, sobre nuestros profetas, sobre nuestros padres, y sobre todo tu pueblo, desde el tiempo de los reyes de Asiria hasta hoy.
9:33 Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque tú has obrado en verdad, pero nosotros hemos hecho lo malo
9:34 Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no han guardado tu ley, ni han obedecido tus mandamientos y tus testimonios con que les testificaste
9:35 Porque no te han servido en su reino, ni en tu gran bondad que les diste, ni en la tierra grande y grosura que diste delante de ellos, ni se han apartado de sus malas obras.
9:36 He aquí que hoy somos siervos, y la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien, he aquí que somos siervos en ella.
9:37 Y da mucho aumento a los reyes que tú has puesto sobre nosotros por nuestros pecados; y ellos tienen poder sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, a su voluntad, y nosotros estamos en gran angustia.
9:38 Y por todo esto hacemos un pacto firme, y lo escribimos; y nuestros príncipes, nuestros levitas, y nuestros sacerdotes, selladlo.
10:1 Los que sellaron fueron: Nehemías, gobernador, hijo de Hacalías, y Sedequías
10:2 Seraías, Azarías, Jeremías,
10:3 Pasur, Amarías, Malquías,
10:4 Hatus, Sebanías, Malluc,
10:5 Harim, Meremot, Abdías,
10:6 Daniel, Ginnethon, Baruch,
10:7 Mesullam, Abías, Mijamin,
10:8 Maazías, Bilgai, Semaías; estos eran los sacerdotes.
10:9 Y los levitas: Jesúa hijo de Azanias, Binnui de los hijos de Henadad, Cadmiel;
10:10 y sus hermanos, Sebanías, Hodías, Kelita, Pelaías, Hanán
10:11 Mica, Rehob, Hashabías,
10:12 Zacur, Serebías, Sebanías
10:13 Hodiah, Bani, Beninu.
10:14 Los jefes del pueblo: Parosh, Pahath-moab, Elam, Zattu, Bani,
10:15 Bunni, Azgad, Bebai,
10:16 Adonías, Bigvai, Adin,
10:17 Ater, Ezequías, Azzur,
10:18 Hodías, Hashúm, Bezai,
10:19 Hariph, Anatot, Nobai,
10:20 Magpiash, Mesullam, Hezir,
10:21 Mesezabel, Sadoc, Jaddua,
10:22 Pelatiah, Hanán, Anaías,
10:23 Oseas, Hananías, Hassub,
10:24 Hallohesh, Pilha, Shobek,
10:25 Rehum, Hashabná, Maasías,
10:26 Y Ahías, Hanán, Anan,
10:27 Malluch, Harim, Baanah.
10:28 Y el resto del pueblo, los sacerdotes, los Levitas, los porteros, los cantores, los Nethineos, y todos los que se habían apartado de los pueblos de la tierra, a la ley de Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, todos los que tenían conocimiento y entendimiento;
10:29 Y se pusieron en consejo con sus hermanos, sus nobles, y entraron en maldición y en juramento, para andar en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y para guardar y cumplir todos los mandamientos de Jehová nuestro Señor, y sus ordenanzas y sus estatutos;
10:30 y que no entreguemos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni tomemos sus hijas para nuestros hijos;
10:31 Y si los pueblos de la tierra trajeren mercaderías o cualquier grano en el día de reposo para vender, que no los compraríamos en sábado, ni en día de santidad; y que renunciaríamos al séptimo año, y a la condonación de toda deuda.
10:32 También nos hicimos ordenanzas para que cada año nos concediéramos la tercera parte de un siclo para el servicio de la casa de nuestro Dios
10:33 para los panes de la proposición, para el presente continuo, y para el holocausto continuo, para los sábados, para las lunas nuevas, para las fiestas solemnes, para las cosas santas, y para las ofrendas por el pecado para hacer expiación por Israel, y por toda la obra de la casa de nuestro Dios.
10:34 Y echamos suertes, sacerdotes, levitas, y pueblo, para la ofrenda de leña, para traerla á la casa de nuestro Dios, conforme á las casas de nuestros padres, según los tiempos que se han puesto, año tras año, para quemar sobre el altar de Jehová nuestro Dios, como está escrito en la ley;
10:35 Y para traer las primicias de nuestra tierra, y las primicias de todo fruto de toda clase de árboles, año tras año, á la casa de Jehová;
10:36 Y el primogénito de nuestros hijos, y de nuestros ganados, como está escrito en la ley, y los primogénitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas, para traer á la casa de nuestro Dios, á los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios;
10:37 Y que trajiéramos las primicias de nuestra masa, y nuestras ofrendas, y el fruto de toda clase de árboles, el vino nuevo y el aceite, a los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios; y los diezmos de nuestra tierra á los Levitas; porque ellos, Levitas, toman los diezmos en todas las ciudades de nuestra labranza.